Carta de recibo de dote y arras 

Emisora: Onda Madrid
Programa: Hoy en Madrid
Fecha: 20 de octubre de 2016

ENTREVISTA A NIEVES SOBRINO EN ONDA MADRID

'Hoy en Madrid', 20 de octubre de 2016.

Mayor dote, mejores candidatos
'Documentos en la onda' nos presente esta carta de recibo de dote y arras otorgada por Francisco de Frutos a favor de Juana de Prado (1614), que forma parte del Fondo Villares – Toro. La dote era el conjunto de bienes o dinero que la mujer aportaba al matrimonio y era un elemento importantísimo a la hora de encontrar marido, ya que, si la dote era relevante, se convertía en un acicate para los candidatos a futuros esposos. Por el contrario, si la dote era escasa o no había, existían mayores dificultades para concertar una boda.

La carta de recibo de dote y arras era un documento público hecho ante un escribano (antecedente de los actuales notarios) en el que la novia o su familia declaraba los bienes que aportaba al matrimonio y el futuro marido reconocía haberlos recibido y se comprometía a conservarlos. Se trata, por tanto, de un documento fundamental para conocer el nivel de vida material e intelectual de la sociedad de siglos pasados y permite evidenciar las diferencias que existían entre las dotes según el estrato social al que perteneciera la novia.

portada carta dote 629

Vea el documento completo

38.000 reales de la novia y 1.000 ducados del novio
El documento detalla los bienes dotales que Juana de Prado aporta a su matrimonio con Francisco de Frutos, entre ellos: 1 cama de madera dorada con su cobertor y sobremesa; 1 bufetillo de estrado de ébano y marfil; 2 relicarios de ébano guarnecidos en plata; 12 platos trincheros de plata y 2 platos medianos; 1 jarro de plata con guarniciones de plata; 1 ollita de plata con su tapa; 1 arracada de oro con piedras azules por valor de 4 ducados (son aros que se usaban a modo de pendientes); 1 abanico de plata con una cadena de oro; 66 botones de oro esmaltados de negro; 50 sábanas de Holanda nuevas; 12 almohadas de Holanda y 12 acericos nuevos (almohadilla pequeña que se usa para clavar agujas y alfileres); 13 tablas de manteles de gusanillo y alemaniscos; 72 servilletas de gusanillo y alemaniscos; 8 camisas de mujer de diferentes tejidos; cuatro abantales (delantales) de Holanda; 6 gorgorillas; 9 toallas de Holanda y de lienzo casero; vestidos, basquinas y jubones de mujer de diferentes tejidos y colores; medias y ligas; 2 pares de chapines (zapatos) con birillas (hebillas) de plata; 1 alombra (alfombra); y 2 cofres, uno viejo y otro nuevo traído de Flandes.

El total de los bienes dotales suma 19.073 reales, a lo que hay que añadir 19.530 reales en dinero metálico, por lo que el futuro esposo recibe un total de 38.603 reales. A ello, hay que sumar 1.000 ducados que Francisco de Frutos entrega a su futura esposa “por la honra” de la misma en concepto de arras proternupciales.

El documento concluye con el compromiso del futuro marido de conservar tanto la dote como las arras dentro de sus bienes, sin venderlos ni enajenarlos, de manera que si el matrimonio se disolviese o separase de acuerdo con el derecho, se restituirían a la futura esposa.

carta de recibo de dote 629

Detalle de algunos de los bienes que aportaba la dote de la novia.

 

La dote

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'The Village Bride o The Marriage' (La novia de pueblo o el matrimonio, momento en el que el padre da a su yerno la dote de tu hija). Jean – Baptiste Greuze. 1761.

La dote es el patrimonio que la futura esposa o su familia entregan al novio, siendo en muchos casos proporcional al estatus social del futuro esposo. Su significado, según diferentes culturas, bien sería el de contribuir a la manutención de la propia novia o contribuir a las cargas matrimoniales. En todo caso, la dote se otorga al hombre quien la administra durante la duración del matrimonio y de producirse el repudio, la separación o el divorcio tendría que devolverla.

En algunas culturas, la dote forma parte de un intercambio de riquezas entre las familias contrayentes acompañada de un cierto pago del novio o su familia a la familia de la novia, denominado excrex. Este pago es relativamente frecuente en algunas culturas africanas, mientras que la dote sería más propia de Asia del Sur y algunas sociedades europeas. En países como India, Pakistán, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka es la novia la que tiene que pagar una dote a la familia del novio.

A pesar de que en estos países asiáticos se prohibiera expresamente la dote a mediados del s. XX (en la India fue ilegalizada en 1961), esta práctica sigue siendo bastante común y en ocasiones ha suscitado problemas cuando no se pueden satisfacer las exigencias del marido, lo que acarrea maltrato o incluso uxoricidios u otros tipos de asesinatos.

En algunas regiones de Europa, se ha conservado la tradición del ajuar, que antiguamente consistía en el conjunto de enseres, muebles y ropas aportados por la familia de la novia y que hoy también puede hacerse extensible a la familia del novio.

En otras culturas, como en los pueblos germánicos del Medievo, aparece un fenómeno marital denominado Morgengabe, que consistiría en un pago del novio a la familia de la novia. El mahr es un fenómeno parecido al Morgengabe germánico pero en la cultura islámica que se menciona en el Corán en el versículo 4:4, donde el novio le paga a la novia un cierto monto de dinero, joyas o bienes inmuebles.

El funcionamiento interno del Colegio de la Paz 

Emisora: Onda Madrid
Programa: Hoy en Madrid
Fecha: 29 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A NIEVES SOBRINO EN ONDA MADRID

'Hoy en Madrid', 29 de septiembre de 2016.

 

Velando por el bienestar de las niñas
En esta ocasión Documentos en la Onda nos presenta dos curiosos documentos que reflejan cómo era el funcionamiento interno de una institución tan importante a nivel benéfico y asistencial como fue el Colegio de la Paz. En particular, estos documentos nos muestran la implicación directa y el interés que tenían sus responsables en que el trato recibido por las niñas a su cuidado, por las familias que las acogieran, fuera el mejor posible.

contrata calzado 300 Carta CuraNavalcarnero portada 300

Los dos documentos seleccionados. A la izquierda, contrata entre el colegio y el zapatero y, a la derecha, carta del párroco de Navalcarnro a la Junta de Damas del Colegio de la Paz.

Calzado de calidad bajo estrictas condiciones
El primero de los documentos seleccionados muestra la contrata que se establece entre el colegio y el zapatero, Venancio Jiménez, para el suministro de calzado a las niñas, el cual, según se lee en el escrito, se habría de realizar bajo una serie de estrictas condiciones. La primera señala que por cada par de zapatos que se compraran iguales a las muestras que el zapatero presentara al colegio se le pagarían ocho reales de vellón, tanto si eran grandes como pequeños. En este sentido, el documento refleja la inquietud de las integrantes de la Junta, ya que les parecía que ese precio era muy bajo teniendo en cuenta la buena calidad de las muestras que había presentado, por lo que se acordó hacer un seguimiento profundo de los zapatos que se fueran recibiendo para corroborar que la calidad seguía siendo la misma a la de las muestras.

Foro 629

Contrato entre el Colegio de la Paz y el zapatero, Venancio Jiménez.

Otra de las condiciones es que los zapatos habrían de pagarse en el acto con dinero en metálico. En caso de no poder hacerse así, el colegio entregaría al zapatero un recibo con el importe que se le debía, que debería ser satisfecho, como máximo, el último día del trimestre en que se incluyera el mes en el que se habían comprado.

Además de esto, el zapatero estaría obligado a tener en su establecimiento cuatro pares de zapatos de diversos tamaños, los cuales serían revisados por el personal del colegio para comprobar que sus características eran las mismas a las de los zapatos de muestra presentados al colegio. En cuanto al diseño de los zapatos, se acuerda que los de las niñas pequeñas debían ser abotinados, tener 4 pulgadas de alto de talón y no pasar de de 8 pulgadas de largo.

También el colegio se imponía algunas obligaciones con respecto a su relación con el zapatero, como la de avisarle con suficiente antelación de la cantidad de pares de zapatos que iban a necesitarse para que pudiera realizarlos y entregarlos “con desahogo”.

La inquietud del párroco
El segundo documento lo firman el párroco de Navalcarnero, y su teniente (ayudante) y en él explican a la Junta de Damas qué no siempre las niñas que son sacadas del colegio por vecinas de la villa son cuidadas y atendidas como merecen, “defectos” que son reconvenidos por parte de estas autoridades eclesiásticas. El párroco expone a la Junta algunos de los motivos por los que esto sucede: la falta de medios económicos; el poco cuidado que tienen para criar y educar a sus propios hijos; el hecho de que sacan a las niñas porque otras amigas o vecinas lo han hecho; o el escaso interés y disposición que tienen en mantenerlas y educarlas como deben.

foto 4 300 El párroco propone a la Junta una idea para tratar de evitar que se entreguen niñas a personas que, de antemano, se sabe que no las van a cuidar y educar de forma adecuada. La idea consiste en entregar una papeleta a las vecinas de la villa de Navalcarnero que quieran sacar una niña en la que, en caso de que no sean las personas más idóneas, se ponga por parte de las autoridades las siglas “N.C.”, que significa “No Conviene”, de forma que el colegio quede advertido y no entregue niñas a las portadoras de dichas papeletas. El párroco entiende que, aunque esto pueda suponer un disgusto para las vecinas, a la larga será beneficioso para las niñas, que podrán permanecer en el colegio o entregadas a personas que sí deseen acogerlas como merecen.
Firma del párroco de Navalcarnero y de su ayudante en la carta que dirigen al rector del Colegio de la Paz.  

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Extracto de la carta en el que se explica el uso de las siglas N.C. "No conviene" para  advertir al colegio de que no entregue nñas a los portadores de las mismas.

El Colegio de la Paz
El Colegio de la Paz fue creado por la Duquesa de Feria en el siglo XVII y estuvo, desde sus inicios, vinculado a la Inclusa de Madrid, ya que recibía a las niñas recogidas en esta última cuando cumplían seis años. Su objetivo era darles una enseñanza básica, prepararlas para ser buenas amas de casa, proporcionarles una dote para sus futuros matrimonios y formarlas para poder desempeñar un oficio fuera de casa o del colegio en caso de que no contrajeran matrimonio. El bienestar de las niñas siempre fue una preocupación de los responsables del colegio, así como por las señoras que integraban la Junta de Damas de Honor y Mérito, encargadas del mismo desde 1799.

colegio de la paz 1910

 Colegio de la Paz y la Inclusa en el año 1910

En la calle de Embajadores, junto a la travesía de Cabestreros y la calle de Sombrerete se encontraba situado el Colegio de Nuestra Señora de la Paz y la Inclusa para acoger niños desamparados. El colegio fue fundado por deseo de doña Ana Fernández de Córdoba y Figueroa, duquesa de Feria en 1679. En el testamento, encargaba a su marido que llevara a cabo la construcción del mencionado colegio. El viudo, compró una casa de la calle de Embajadores destinándolo a acoger a las niñas procedentes de la Inclusa que una vez criadas no tenían donde ir. El colegio, permaneció varios años en ruina hasta que fue derribado en los años setenta del siglo XX. En el solar se construyeron varios edificios de viviendas y un parque inaugurado en 1973.

El origen de la Inclusa nos lleva hasta el año 1572 cuando la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias, radicada en el convento de la Victoria situado en la Puerta del Sol, asumió la tarea de recoger a los niños abandonados. Posteriormente, en el año 1579 la cofradía adquirió un inmueble entre las calles de Carmen y Preciados para albergar a estos niños expósitos. En 1801 el estado del edificio de la ocupaba la Inclusa en la calle Carmen, estaba en una situación de ruina y los niños fueron trasladados a la calle del Soldado, actual Barbieri y posteriormente a la calle de la Libertad, ya en 1807, la Inclusa se instaló definitivamente en la calle Embajadores, junto al Colegio de La Paz.

En el Siglo XVIII, la Inclusa recogía una media anual de 1500 niños, aumentando durante el XIX hasta los 1800. Los niños llegaban a la institución por diversas vías, algunos abandonados en las calles e iglesias, depositados en los tornos que existían en la misma Inclusa, en la iglesia de San Ginés y en el Puente de Segovia, otros niños procedían del Hospital de los Desamparados, donde se atendían los partos clandestinos y finalmente, niños entregados por los padres incapaces de mantenerlos. En principio, la institución se financiaba de donativos. A partir del Siglo XVII, teatros como el Príncipe (actual Teatro Español), el teatro de la Cruz y posteriormente, la plaza de toros de Madrid aportaban donativos en función de los ingresos de taquilla a la institución. La corona aportaba una renta de 10.000 ducados, lo que permitía a los reyes ejercer su patronazgo y nombrar a los administradores.

Hasta el año 1794 los niños de la Inclusa no podían acceder al ejercicio de oficios civiles, pero en este año, Carlos IV dictó una cédula mediante la que se les consideraba “integrantes de la clase social de hombres buenos del estado llano general, sin diferencia con los demás vasallos de esta clase”. Como dato anecdótico, decir que en la Inclusa fue entregado Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro con la siguiente nota: "Nació el primero de diciembre de 1868 a las seis de la mañana, el que está sin bautizar y rogamos se le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Pepa, soltera, natural de Peñafiel, provincia de Valladolid”.

Cartillas de doctrina cristiana

Emisora: Onda Madrid
Programa: Hoy en Madrid
Fecha: 15 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A NIEVES SOBRINO EN ONDA MADRID

'Hoy en Madrid', 15 de septiembre de 2016.

Instrumento de educación y adoctrinamiento desde el siglo XVI
Documentos en la onda nos trae dos pequeñas encuadernaciones fechadas en 1757 y 1796. Se trata de las Cartillas de doctrina cristina con privilegio real en la Santa Iglesia de Valladolid, pertenecientes al Fondo Diputación Provincial de Madrid, custodiado en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Estas cartillas eran pequeños libritos donde se resumían los puntos más importantes de la doctrina cristiana que se utilizaron desde mediados del siglo XVI para enseñar a leer a los niños. Así, los párrocos o los sacristanes de las iglesias enseñaban a leer, escribir y multiplicar al tiempo que impartían a los niños las primeras nociones básicas de la doctrina cristiana. Las cartillas tuvieron una enorme difusión en los siglos XVII y XVIII gracias a la imprenta.

La denominación que aparece en la portada de estos pequeños documentos “Cartilla y doctrina christiana impresa con privilegio real en la Santa Iglesia de Valladolid” se debe a que, entre 1583 y principios del siglo XIX, la ciudad de Valladolid disfrutó del privilegio para imprimir y vender estas cartillas en exclusividad, dedicando los beneficios obtenidos a sufragar los gastos de construcción de su catedral. Seguido del título, comenzaba el texto. En las ediciones que se hicieron años más tarde se incluyó un grabado después del título, con la leyenda 'Jesús y María' y, a un lado, el jarrón símbolo de pureza y, al otro, una escena de ángeles. A continuación, se estampaba la firma de autenticidad de la edición. Por último, podía leerse todo un párrafo sobre la concesión de indulgencias para todo aquel que aprendiese las letras en esa cartilla y sobre las amenazas dispensadas a los que no respetasen el privilegio de edición de la catedral: "[…] contra los que la compraren y vendieren, y contra los que enseñaren a leer en otra que no sea la de la Santa Iglesia de Valladolid".

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A la izquierda, la versión de 1757 y, la de 1796, a la derecha (HAGA CLIC EN CADA IMAGEN PARA VER CADA UNO DE LOS DOCUMENTOS ÍNTEGRAMENTE).

El texto de las cartillas comienzan con el dibujo de una cruz ensanchada seguidas de las letras del abecedario y las cinco vocales. A continuación, se incluye una advocación a Jesús, María y José y se indica el año de la cartilla. Seguidamente, se enseña la formación de las sílabas a través de varias series:
- “Ba be bi bo bu. Ca ce ci co cu. Cha che chi cho chu…” hasta completar el abecedario.
- “Ban ben bin bon bun. Can cen cin con cun …” hasta completar el abecedario.
- “Bla ble bli blo blu. Cla cle cli clo clu…” hasta completar el abecedario.
- Finalmente, “Bra bre bri bro bru…” hasta completar el abecedario.

Cartilla dibujos oraciones

A la izquierda, página dedicada a enseñar la formación de las sílabas. A la derecha, los textos de 'El presignarse' y de 'El Padre Nuestro', que aparecen separados por guiones en cada sílaba al objeto de facilitar la enseñanza de la lectura a los niños más pequeños. 

A continuación, se explica lo más esencial de la doctrina cristiana: el persignarse, el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo y la Salve. Como eran textos para aprender a leer, todas las palabras de estas oraciones están separadas por guiones que dividen las sílabas, lo que facilitaba a los niños su lectura.

Cartilla 1754 tablas

 

Se enumeran a continuación los mandamientos, los sacramentos, el Yo Pecador, las obras de misericordia, los pecados capitales, los enemigos del alma (mundo, demonio y carne), las potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad), los sentidos corporales, las virtudes teologales, las virtudes cardinales y, finalmente y en latín, la Orden para ayudar a misa.

La cartilla concluye con las tablas de multiplicar, que utilizan la fórmula “2 – veces 2 – 4, 2 – veces 3 – 6…”. Cada tabla empieza por su mismo número, es decir, la tabla del 2 empieza por “2 – veces 2 – 4”, la tabla del 3 empieza por “3 – veces 3 – 9”, la tabla del 8 empieza por “8 – veces 8 – 64”. 

La primera de las cartillas que conserva el ARCM tiene una portada en la que aparece escrito “MARÍA GARCÍA. Narices de papagayo” y una contraportada con cuatro dibujos infantiles: dos representan a un hombre y una mujer y otros dos a dos cabezas, una de ellas de un hombre fumando en pipa. La segunda de las cartillas tiene un pequeño texto escrito a mano que está incompleto que dice así: “Querido Perico, he visto tu carta pero no sé lo que…”.

                              Tabla de multiplicar

Cartilla dibujos portada Cartilla dibujos contraportada

Portada y contraportada de la versión de 1796.

Historia de las cartillas en Valladolid
Desde la Edad Media, la Iglesia Católica se había ocupado de la formación cultural y educadora de los fieles. Al llegar el siglo XVI, la enseñanza en España estaba preferentemente a cargo de los párrocos y monjes y era una enseñanza muy relacionada con una catequesis. En la llamada escuela – catequesis de las iglesias, el propio párroco o el sacristán departían la doctrina cristiana al mismo tiempo que enseñaban a leer, escribir y contar. Esta enseñanza primaria se tenía por muy importante, hasta el punto que los obispos se ocuparon de que prevaleciera y mejorase, insistiendo en ello en los sínodos de Toledo:

"… que cada cura tenga consigo otra persona de saber y honesta que sepa, pueda y quiera enseñar a leer, escribir y contar a cualquier persona y especialmente a los hijos de los parroquianos […] la doctrina cristiana."

Desde finales del siglo XV, proliferaron en toda Castilla las escuelas – catequesis. Se conserva documentación abundante en que se explica al maestro el modo y los pasos que debe dar para esta enseñanza:

"Lo primero es enseñar la señal de la cruz e los 10 mandamientos en romance […] lo segundo, oraciones dominicales: ave maría, pater nostre, credo, salve regina […] lo tercero, el a.b.c., conocer las letras así vocales como consonantes, e juntas, e por sílabas deletrear […] ba, be, bi, bo, bu."

Sobre estas cartillas, la ciudad de Valladolid obtuvo un privilegio especial otorgado por el rey Felipe II a petición del Cabildo de la catedral y su venta llegó a ser un verdadero monopolio con el fin de sacar los ingresos necesarios para ayuda de las interminables obras de acabado de la catedral. Felipe II escuchó la petición y extendió una Real Cédula el 20 de septiembre de 1583 concediendo el privilegio, inicialmente por 3 años, que más tarde prorrogaría y que después prorrogarían los Reyes sucesores hasta llegar a Carlos II,I que el 7 de septiembre de 1779 concedió la última prórroga por 40 años a pesar de que el Cabildo le había pedido perpetuidad:

"Si V.A. no se digna a perpetuar el privilegio, poco a poco se irá arruinando el edificio."

El funcionamiento interno del Colegio de la Paz 

Emisora: Onda Madrid
Programa: Hoy en Madrid
Fecha: 29 de septiembre de 2016

ENTREVISTA A NIEVES SOBRINO EN ONDA MADRID

'Hoy en Madrid', 29 de septiembre de 2016.

 

Velando por el bienestar de las niñas
En esta ocasión Documentos en la Onda nos presenta dos curiosos documentos que reflejan cómo era el funcionamiento interno de una institución tan importante a nivel benéfico y asistencial como fue el Colegio de la Paz. En particular, estos documentos nos muestran la implicación directa y el interés que tenían sus responsables en que el trato recibido por las niñas a su cuidado, por las familias que las acogieran, fuera el mejor posible.

contrata calzado 300 Carta CuraNavalcarnero portada 300

Los dos documentos seleccionados. A la izquierda, contrata entre el colegio y el zapatero y, a la derecha, carta del párroco de Navalcarnro a la Junta de Damas del Colegio de la Paz.

Calzado de calidad bajo estrictas condiciones
El primero de los documentos seleccionados muestra la contrata que se establece entre el colegio y el zapatero Venancio Jiménez para el suministro de calzado a las niñas, el cual, según se lee en el escrito, se habría de realizar bajo una serie de estrictas condiciones. La primera establece que por cada par de zapatos que se compraran iguales a las muestras que el zapatero presentara al colegio se le pagarían 8 reales de vellón, tanto si eran grandes como pequeños. En este sentido, el documento refleja la inquietud de las integrantes de la Junta, ya que les parecía que ese precio era muy bajo teniendo en cuenta la buena calidad de las muestras que había presentado, por lo que se acordó hacer un seguimiento profundo de los zapatos que se fueran recibiendo para corroborar que la calidad seguía siendo la misma a la de las muestras.

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Contrato entre el Colegio de la Paz y el zapatero, Venancio Jiménez.

Otra de las condiciones es que los zapatos habrían de pagarse en el acto con dinero en metálico. En caso de no poder hacerse así, el colegio entregaría al zapatero un recibo con el importe que se le debía, que debería ser satisfecho, como máximo, el último día del trimestre en que se incluyera el mes en el que se habían comprado.

Además de esto, el zapatero estaría obligado a tener en su establecimiento 4 pares de zapatos de diversos tamaños, los cuales serían revisados por el personal del colegio para comprobar que sus características eran las mismas a las de los zapatos de muestra presentados al colegio. En cuanto al diseño de los zapatos, se acuerda que los de las niñas pequeñas debían ser abotinados, tener 4 pulgadas de alto de talón y no pasar de de 8 pulgadas de largo.

También el colegio se imponía algunas obligaciones con respecto a su relación con el zapatero, como la de avisarle con suficiente antelación de la cantidad de pares de zapatos que iban a necesitarse para que pudiera realizarlos y entregarlos “con desahogo”.

La inquietud del párroco
El segundo documento lo firman el párroco de Navalcarnero, y su teniente (ayudante) y en él explican a la Junta de Damas qué no siempre las niñas que son sacadas del colegio por vecinas de la villa son cuidadas y atendidas como merecen, “defectos” que son reconvenidos por parte de estas autoridades eclesiásticas. El párroco expone a la Junta algunos de los motivos por los que esto sucede: la falta de medios económicos; el poco cuidado que tienen para criar y educar a sus propios hijos; el hecho de que sacan a las niñas porque otras amigas o vecinas lo han hecho; o el escaso interés y disposición que tienen en mantenerlas y educarlas como deben.

foto 4 300 El párroco propone a la Junta una idea para tratar de evitar que se entreguen niñas a personas que, de antemano, se sabe que no las van a cuidar y educar de forma adecuada. La idea consiste en entregar una papeleta a las vecinas de la villa de Navalcarnero que quieran sacar una niña en la que, en caso de que no sean las personas más idóneas, se ponga por parte de las autoridades las siglas “N.C.”, que significa “No Conviene”, de forma que el colegio quede advertido y no entregue niñas a las portadoras de dichas papeletas. El párroco entiende que, aunque esto pueda suponer un disgusto para las vecinas, a la larga será beneficioso para las niñas, que podrán permanecer en el colegio o entregadas a personas que sí deseen acogerlas como merecen.
Firma del párroco de Navalcarnero y de su ayudante en la carta que dirigen al rector del Colegio de la Paz.  

Foto 3 629

Extracto de la carta en el que se explica el uso de las siglas N.C. "No conviene" para  advertir al colegio de que no entregue nñas a los portadores de las mismas.

El Colegio de la Paz
El Colegio de la Paz fue creado por la Duquesa de Feria en el siglo XVII y estuvo, desde sus inicios, vinculado a la Inclusa de Madrid, ya que recibía a las niñas recogidas en esta última cuando cumplían seis años. Su objetivo era darles una enseñanza básica, prepararlas para ser buenas amas de casa, proporcionarles una dote para sus futuros matrimonios y formarlas para poder desempeñar un oficio fuera de casa o del colegio en caso de que no contrajeran matrimonio. El bienestar de las niñas siempre fue una preocupación de los responsables del colegio, así como por las señoras que integraban la Junta de Damas de Honor y Mérito, encargadas del mismo desde 1799.

colegio de la paz 1910

 Colegio de la Paz y la Inclusa en el año 1910

En la calle de Embajadores, junto a la travesía de Cabestreros y la calle de Sombrerete se encontraba situado el Colegio de Nuestra Señora de la Paz y la Inclusa para acoger niños desamparados. El colegio fue fundado por deseo de doña Ana Fernández de Córdoba y Figueroa, duquesa de Feria en 1679. En el testamento, encargaba a su marido que llevara a cabo la construcción del mencionado colegio. El viudo, compró una casa de la calle de Embajadores destinándolo a acoger a las niñas procedentes de la Inclusa que una vez criadas no tenían donde ir. El colegio, permaneció varios años en ruina hasta que fue derribado en los años setenta del siglo XX. En el solar se construyeron varios edificios de viviendas y un parque inaugurado en 1973.

El origen de la Inclusa nos lleva hasta el año 1572 cuando la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias, radicada en el convento de la Victoria situado en la Puerta del Sol, asumió la tarea de recoger a los niños abandonados. Posteriormente, en el año 1579 la cofradía adquirió un inmueble entre las calles de Carmen y Preciados para albergar a estos niños expósitos. En 1801 el estado del edificio de la ocupaba la Inclusa en la calle Carmen, estaba en una situación de ruina y los niños fueron trasladados a la calle del Soldado, actual Barbieri y posteriormente a la calle de la Libertad, ya en 1807, la Inclusa se instaló definitivamente en la calle Embajadores, junto al Colegio de La Paz.

En el Siglo XVIII, la Inclusa recogía una media anual de 1500 niños, aumentando durante el XIX hasta los 1800. Los niños llegaban a la institución por diversas vías, algunos abandonados en las calles e iglesias, depositados en los tornos que existían en la misma Inclusa, en la iglesia de San Ginés y en el Puente de Segovia, otros niños procedían del Hospital de los Desamparados, donde se atendían los partos clandestinos y finalmente, niños entregados por los padres incapaces de mantenerlos. En principio, la institución se financiaba de donativos. A partir del Siglo XVII, teatros como el Príncipe (actual Teatro Español), el teatro de la Cruz y posteriormente, la plaza de toros de Madrid aportaban donativos en función de los ingresos de taquilla a la institución. La corona aportaba una renta de 10.000 ducados, lo que permitía a los reyes ejercer su patronazgo y nombrar a los administradores.

Hasta el año 1794 los niños de la Inclusa no podían acceder al ejercicio de oficios civiles, pero en este año, Carlos IV dictó una cédula mediante la que se les consideraba “integrantes de la clase social de hombres buenos del estado llano general, sin diferencia con los demás vasallos de esta clase”. Como dato anecdótico, decir que en la Inclusa fue entregado Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro con la siguiente nota: "Nació el primero de diciembre de 1868 a las seis de la mañana, el que está sin bautizar y rogamos se le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Pepa, soltera, natural de Peñafiel, provincia de Valladolid”.