Un invento español que mejoraba el submarino

Emisora: Onda Madrid
Programa: Dos hasta las dos
Fecha: 19 de septiembre de 2018

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ENTREVISTA A NIEVES SOBRINO EN ONDA MADRID

'Dos hasta las dos', 19 de septiembre de 2018.

El generador de aire de Adrián Álvarez

'Documentos en la onda' presenta el expediente, fechado entre los años 30 y 40 del siglo XX, de un invento español que pudo haber tenido gran éxito pero que, por razones desconocidas, no prosperó. Se trata de un generador de aire para submarinos, creado y patentado por el palentino Adrián Álvarez Ruiz, que fue Jefe de Talleres de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA).

Parece que, además de ser un ávido lector de Julio Verne, Adrián era un hombre ingenioso y muy mañoso. Esas cualidades le llevaron a crear un aparato que permitía generar aire dentro de un espacio hermético y sumergido por tiempo indefinido. Utilizando agua, consiguió inventar un sistema que creaba oxígeno al tiempo que expulsaba el dióxido de carbono que se produce al respirar. La cantidad de aire que se producía era proporcional a la capacidad del espacio en el que estaban las personas.

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El Fondo fotográfico Martín Santos Yubero cuenta con imágenes como esta, tomada en el lago de la Casa de Campo durante la realización de las segundas pruebas con este invento, el 30 de octubre de 1932.

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Diferentes planos realizados por el inventor.

Los documentos que se conservan en el Archivo Regional reflejan que se realizaron varias pruebas de este invento. Las primeras, de las que no hay constancia documental, se realizaron en Madrid en 1932. Las segundas se llevaron a cabo el 30 de octubre de 1932 en el lago de la Casa de Campo de Madrid y fueron anunciadas por el periódico 'Ahora' en un artículo en el que se comentan los beneficios del invento y se detalla que el tanque que se iba a utilizar había sido construido por dos compañías ferroviarias.

Las pruebas propiamente dichas se describen en un "acta de presencia" de las mismas que firmaron el Concejal Delegado de Vías y Obras y dos técnicos municipales. En este acta, se detalla que las tres personas mencionadas formaban una comisión nombrada por el Alcalde de Madrid para que emitieran un dictamen sobre el invento. El documento explica que el inventor permaneció más de cinco horas sumergido en el lago en un tanque hermético sin más aire que el creado por su aparato. Durante todo el tiempo que duró la prueba, Adrián lanzó a la superficie mensajes guardados en bolsitas de celuloide, también inventadas por él, a modo de prueba de vida en los que enviaba saludos a las autoridades. El acta también explica que al salir, una vez finalizada la prueba, Adrián estaba bien de salud y no mostraba señales de fatiga. A la vista de los resultados, la comisión reconoció que el invento era digno de elogio y merecedor de protección económica oficial y recomendó que se realizaran pruebas de investigación más completas en centros oficiales. Por deseo expreso del inventor, el acta no detalla las características técnicas del invento, ya que Adrián quería guardar el secreto técnico del mismo hasta el momento que él considerase más conveniente.

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Noticia aparecida en el periódico 'Ahora' donde se comentan los beneficios del invento.

Las terceras pruebas se realizaron en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, en enero de 1933. En el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, se conserva una factura por importe de 24 pesetas en concepto de recogida y transporte del invento a la Ciudad Condal y un recorte de periódico donde se anuncia esta prueba y se comenta la realizada meses antes en la Casa de Campo de Madrid.

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Factura en concepto de recogida y transporte del invento a Barcelona y recorte de periódico donde se anuncia esta prueba y se comenta la realizada en la Casa de Campo de Madrid.

Las últimas pruebas se llevaron a cabo en Cartagena, en marzo y abril de 1935. El expediente contiene el pasaporte que expidió el Contralmirante Jefe de la Jurisdicción Gubernativa de Madrid para realizar el viaje Madrid – Cartagena – Madrid por ferrocarril para realizar experimentos prácticos con el fin de determinar si el invento era o no aplicable a los submarinos. También, se conservan diversos documentos del Registro de la Propiedad Industrial y de la Delegación de Industria que prueban que el invento fue patentado en varias ocasiones, algo que también se recoge en un apunte manuscrito que el propio Adrián hizo en un dibujo de su invento que no tiene fecha. Gracias a ello, sabemos que la patente principal se hizo en agosto de 1931 y que en 1933 se añadieron varias patentes de adición por mejoras en la patente principal. Además, permiten conocer que el invento se patentó en Francia en mayo de 1934 y en Inglaterra en junio de 1934. En este último caso, se conserva en el expediente una carta original redactada en inglés en la que la Oficina de Patentes de Londres informa a Adrián del registro de su invento.

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Carta original en la que la Oficina de Patentes de Londres informa a Adrián del registro de su invento.

Las patentes extranjeras reflejan que el invento tuvo repercusión internacional. No se puede olvidar la época en la que estamos, a pocos años de comenzar la Segunda Guerra Mundial, en la que los submarinos desempeñaron un importante papel. De hecho, el expediente también incluye una hoja de una revista alemana fechada en enero de 1933 en la que se habla del invento y contiene un apunte firmado por el inventor en el que se explica que el texto y las fotos se corresponden a las pruebas de 1932.

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Se desconoce que pudo pasar a partir de ese momento, pero la realidad es que el invento no se materializó. Lo último que contiene el expediente son dos documentos fechados en 1947 y 1949 en los que, a solicitud del inventor, el Ayuntamiento de Madrid le informa que el tanque sumergible utilizado en las pruebas no se encontraba en el fondo del lago de la Casa de Campo. De hecho, tras la Guerra Civil, el lago quedó seco y se pudo ver que no había nada en él.