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Comunidad de Madrid
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EL FESTIVAL

XXIX FESTIVAL INTERNACIONAL DE ARTE SACRO DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Del 7 de marzo al 13 de abril de 2019

Presentamos una nueva edición del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid que cierra un intenso ciclo de cuatro años en el que hemos sido testigos de su completa y profunda transformación hasta convertirlo en uno de los festivales más interesantes y diferentes de todos los que se realizan en el panorama musical actual. Nos sigue guiando una incansable curiosidad y una permanente búsqueda de la belleza y la autenticidad en la música. Y esta edición sigue consolidando la singular personalidad de este ciclo marcada por una atractiva programación de conciertos que presenta un amplio espectro sonoro que no deja fuera ningún estilo musical. Un programa único y original en el que se exploran de nuevo los distintos lenguajes con los que la música se adentra en los límites de lo espiritual y lo transcendente, en esa esfera de lo sagrado que amplía lo estrictamente religioso.


Nos gusta seguir imaginando el Festival como un territorio fantástico representado por una cartografía simbólica que permite entender mejor el relato construido con la programación que se presenta cada año. De este modo, las coordenadas del mapa de esta edición estarían delimitadas por una primera cota en la que nos encontramos a Federico García Lorca, “con las palabras se dicen cosas humanas; con la música se expresa eso que nadie conoce ni lo puede definir, pero que en todos existe en mayor o menor fuerza. La música es el arte por naturaleza. Podría decirse que es el campo eterno de las ideas… Para poder hablar de ella, se necesita una gran preparación espiritual y, sobre todo, estar unido íntimamente a sus secretos”. No sabemos si el poeta conocía la obra de Ludwig Wittgenstein, seguramente sí, pero al leerle es difícil no acordarse de uno de los aforismos de su Tractatus, “lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico”.


Y como si de una brújula se tratara, el antropólogo francés Gilbert Durand apuntaría a la siguiente anotación en ese mapa, “lo imaginario representa (...) el conjunto de imágenes mentales y visuales, organizadas entre ellas por la narración mítica, por la cual un individuo, una sociedad, de hecho la humanidad entera, organiza y expresa simbólicamente sus valores existenciales y su interpretación del mundo frente a los desafíos impuestos por el tiempo y la muerte”.


Y con el poeta estadounidense Walt Whitman acabaríamos por delimitar ese terreno mágico del Festival:


Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan, Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
“Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos”


Atravesando este singular territorio durante cinco semanas, entre el 7 de marzo y el 13 de abril, el Festival ofrecerá un total de 60 conciertos, la mayoría de ellos inéditos, pues en esta edición se presentan hasta 40 estrenos (30 estrenos absolutos, 3 estrenos en España y 7 estrenos en tiempos modernos). Es decir, los estrenos representan dos tercios de la programación ofrecida este año al público, lo que habla claramente del firme interés del Festival por renovar el repertorio que se presenta cada año y apostar por la nueva creación.


En este sentido, cabe destacar un nuevo dato: de esos 60 conciertos que configuran la programación de este año, 38 son encargos propios del Festival, propuestas que desde hace meses han sido elaboradas de la mano con los diferentes músicos participantes y que reflejan el excelente momento que vive la creación musical en España y esa curiosidad de la que hablábamos antes a la hora de diseñar el Festival.


Muchos de estos estrenos y encargos tienen que ver con efemérides que se celebran este año y que están conectadas conceptualmente con la identidad del Festival. Por ejemplo, el bicentenario del nacimiento del poeta Walt Whitman da lugar a un concierto diseñado por el pianista Alejandro Pelayo en el que participan los actores Irene Escolar y Juan Diego Botto. Dos figuras claves de la escena de jazz, el pianista Moisés P. Sánchez y el contrabajista Pablo M. Caminero presentan una nueva composición con motivo de los 50 años de la llegada a la Luna. Del centenario del nacimiento de Chavela Vargas surge Xavela Lux Aeterna, un espectáculo que ofrecerá el artista norteamericano Dorian Wood. Otro músico inclasificable y genial es recordado este año por el Festival con dos especiales conciertos, el cantante y compositor británico Nick Drake, de quien se cumplen 50 años de la publicación de su primer disco, Five Leaves Left, un trabajo conectado de una manera casi mística con la música tradicional inglesa. Y cerraremos el Festival con otro encargo reseñable, el estreno de la obra que ha compuesto Jorge Grundman sobre “Si esto es un hombre” con motivo del centenario del nacimiento del escritor italiano Primo Levi.


Es difícil resumir, porque son muchas las novedades del Festival este año, pero no podemos dejar de destacar el concierto en el que Rocío Márquez presentará su nuevo trabajo, a punto ya de ser publicado. O el regreso de Maria Rodés al Festival con Lilith, un proyecto en el que se adentra en el territorio simbólico de las brujas. O los dos encargos que nos permitirán disfrutar del trabajo interpretativo y compositivo de otros dos grandes del jazz, Ernesto Aurignac y Daahoud Salim, poco habituales en el circuito madrileño. Y ningún amante de la buena música debería perderse tampoco los estrenos de Jorge Pardo y Guillermo McGill o la presentación en España de dos propuestas internacionales absolutamente singulares, los estadounidenses Dálava y el canadiense Jeremy Dutcher, ganador del Polaris Music Prize en 2018.


En cuanto a la programación más clásica, que supone la mitad de los conciertos previstos, el Festival volverá a reunir a grandes talentos españoles jóvenes o ya consagrados, con especial peso de la música barroca, una exitosa línea de trabajo que ha sido reconocida el año pasado al serle otorgado el Premio GEMA en la categoría de mejor festival de 2017. A los fantásticos clavecinistas Ignacio Prego o Diego Ares se suman las voces, entre otras, de María Espada y Alicia Amo junto a promesas como Lucía Cahiuela y Aurora Peña. Estarán también algunas de las mejores formaciones del momento como Concerto 1700, L’Apothéose, Nereydas, La Grande Chapelle, La Tempestad o Forma Antiqva, que recuperan la obra de varias compositoras, como María Luisa de Borbón y Barbara Strozzi, de quien se cumplen 400 años de su nacimiento.


El Festival se une también al Año Lorca, programación que la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes ha organizado para conmemorar el centenario de la llegada de Federico García Lorca a Madrid, con el diseño del ciclo Juego y Teoría del Duende, que toma el nombre de la conferencia pronunciada por el poeta en 1933 en la Sociedad de Amigos del Arte de Buenos Aires. Serán diez conciertos originales en los que podremos disfrutar por primera vez de la suma de Paco Ibáñez y Soleá Morente; del nuevo proyecto de Rosa Torres-Pardo junto a la cantante María Toledo; de la propuesta del Trío Arbós y el cantaor Rafael de Utrera; de la especial mezcla entre España y Cuba con María Berasarte y Pepe Rivero Trío; y de una de las promesas más auténticas del flamenco actual, María José Llergo.


Mantenemos la fructífera colaboración con Patrimonio Nacional, con los conciertos realizados en la Capilla del Palacio Real y en el Real Monasterio de la Encarnación, y con el Congreso de los Diputados, e incorporamos este año una nueva sala al Festival, el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, que se suma a los Teatros del Canal, el Teatro de la Abadía, la Sala Cuarta Pared, el Real Coliseo Carlos III, el Centro Cultural Paco Rabal y el CCHSN de La Cabrera, así como a cinco de las iglesias más bellas de Madrid: San Jerónimo el Real, Santa Bárbara, San Miguel, San Millán y San Cayetano y San Antonio de los Alemanes.


Contaremos también este año por primera vez con una campaña escolar que realizaremos con la colaboración de la Sala Cuarta Pared. Los cinco conciertos que se celebrarán en esta sala tendrán ensayos abiertos matinales con la participación de estudiantes de Secundaria, una fórmula que probamos parcialmente el año pasado y que fue un completo éxito.


Y una última novedad en esta edición que tiene un carácter completamente extraordinario, ya que será la primera vez que se va a realizar un ciclo de conciertos en el Museo Nacional del Prado en 12 de sus salas y en diálogo directo con los cuadros allí expuestos. Se ha realizado una verdadera labor de comisariado para diseñar estas 12 intervenciones musicales que se han encargado a diferentes artistas. Se realizarán durante cuatro sábados, tres conciertos cada noche a partir de las 22:00h, a puerta cerrada y para un aforo reducido, por lo que la experiencia será completamente mágica e irrepetible en este año que se celebra el Bicentenario de este museo, al que agradecemos profundamente su colaboración.


Acabamos de nuevo con las palabras de Lorca en su conferencia Juego y teoría del duende, “para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un trópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que se apoya en el dolor humano que no tiene consuelo, que hace que Goya, maestro en los grises, en los platas y en los rosas de la mejor pintura inglesa, pinte con las rodillas y los puños con horribles negros de betún; o que desnuda a Mosén Cinto Verdaguer con el frío de los Pirineos, o lleva a Jorge Manrique a esperar a la muerte en el páramo de Ocaña, o viste con un traje verde de saltimbanqui el cuerpo delicado de Rimbaud, o pone ojos de pez muerto al conde Lautréamont en la madrugada del boulevard. Los grandes artistas del sur de España, gitanos o flamencos, ya canten, ya bailen, ya toquen, saben que no es posible ninguna emoción sin la llegada del duende. Ellos engañan a la gente y pueden dar sensación de duende sin haberlo, como os engañan todos los días autores o pintores o modistas literarios sin duende; pero basta fijarse un poco, y no dejarse llevar por la indiferencia, para descubrir la trampa y hacerle huir con su burdo artificio”.

Sin querer corregir a Lorca, háganse con ese mapa simbólico que proponíamos antes y déjense atrapar por el duende de los conciertos programados en el festival, que la sangre les arda como un trópico de vidrios, no encontrarán mejor remedio contra la indiferencia y el artificio tan habituales en este tiempo que nos ha tocado vivir.