Teatro Real Coliseo Carlos III
Comunidad de Madrid

Teatro Real Coliseo de Carlos III

      Teatro Real Coliseo de Carlos III
Teatro Real Coliseo de Carlos III. El teatro.
Vista general del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

EL REAL COLISEO DE CARLOS III

La historia del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial comienza cuando un rey, Felipe II, en el que coincidían las coronas de los reinos de medio mundo, concibe la idea de la construcción de un monasterio. El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, catalogado hoy como Patrimonio de la Humanidad, fue el centro político del imperio del monarca y el eje vertebrador de un municipio que alberga un patrimonio histórico y artístico único e irrepetible por su valor y majestuosidad.

El pueblo que más tarde surgiría a su sombra lo creó y ordenó otro monarca, el rey Carlos III, tercer hijo varón de Felipe V e Isabel de Farnesio. El nuevo Rey trae una experiencia muy feliz como rey de Nápoles, donde ha conseguido transformar, trabajando con eficacia, un país cuya situación era precaria después de dominaciones diversas. Llega a España con ánimo valiente, dispuesto a emprender grandes reformas sociales, urbanas, económicas y artísticas. Estas actuaciones fueron bautizadas por los historiadores como Despotismo Ilustrado.
Carlos III

El rey Carlos III, rodeado de un gran equipo de colaboradores y ministros, emprende una auténtica revolución desde arriba. La arquitectura es uno de los frentes que aborda la corte y son muchos los arquitectos que inician una verdadera transformación de los nuevos espacios, entre ellos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva, posiblemente la figura más representativa y a la que debemos tanto la ordenación urbana como insignes edificaciones en San Lorenzo de El Escorial, como las Casas de Oficios y las Casitas de Arriba y Abajo, y en la capital del Reino, el Museo del Prado, el Observatorio Astronómico o el Jardín Botánico, entre otros.

La corte ilustrada se propone dotar a los Reales Sitios de espacios destinados exclusivamente a la representación de espectáculos, sabedores de la importancia que en la época se destina al ocio y al entretenimiento, y así nacen en el siglo XVIII los teatros de la corte. Jaime Marquet, arquitecto francés auspiciado por el Duque de Alba, proyecta los teatros de Aranjuez, El Pardo y San Lorenzo de El Escorial. En los tres adopta un modelo estandarizado, que parte de los planteamientos que responden a la concepción clásica utilizada por el teatro italiano.

La construcción del Real Coliseo se resuelve en un año y a partir de entonces albergará a la Corte y a sus ilustres invitados, especialmente en los sublimes periodos otoñales de San Lorenzo de El Escorial, estación escogida por el monarca para sus estancias temporales. Se crean entonces las Compañías de los Reales Sitios, encargadas de girar un repertorio que recorría los citados teatros de corte. Se oficializan pautas para el buen funcionamiento de los teatros e instrucciones para el decoro que incluían normas para la vestimenta de actores, público, e incluso trataban sobre la dicción de intérpretes o la dignidad de las representaciones.

Serán muchas las compañías de actores, cantantes y músicos que intervengan en esta primera etapa del Coliseo y muchos los personajes ilustres que ocuparán sus palcos principales, desde la nobleza, la alta burguesía o el clero hasta la servidumbre y la tropa, que contemplarán las funciones desde el patio.

El devenir del teatro transcurre desde momentos de gloria a otros menos gloriosos, en los que el recinto escénico sirve de acuartelamiento a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, con el consiguiente deterioro y abandono posterior.

Años más tarde será el Ayuntamiento del Real Sitio quien se ocupe de su uso, subastando después el recinto para su explotación comercial. En 1855, el Estado, mediante la Ley de Desamortización capitaneada por el ministro de Hacienda Pascual Madoz, enajena el Teatro vendiéndolo poco después por 28.000 pesetas. Su actividad desde entonces será menor y las actuaciones artísticas esporádicas.

Ya en el siglo XX, el Real Coliseo renace y comenzará un periodo radiante en el que el Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente y un nutrido grupo de dramaturgos y escritores como los hermanos Álvarez Quintero, Arniches o Muñoz Seca, entre otros, devolverán al espacio su brillo y verdadero sentido, estrenando y representando sus obras.

La Guerra Civil española obliga a detener la actividad, pero una vez superada, el Teatro vuelve a abrir sus puertas, pero esta vez conoce, como tantos otros teatros, la llegada del cinematógrafo. Abandona su función principal y pasa a llamarse Teatro Lope de Vega. El Teatro se va desmoronando…

En la década de los setenta, será la iniciativa privada, después de un absoluto deterioro del espacio, la que adquiera la propiedad del edificio y detenga su demolición. La Sociedad de Fomento y Reconstrucción del Real Coliseo de Carlos III será quien emprenda su primera gran reforma.

La propiedad gestionará en un primer momento la explotación del Coliseo, pero pronto pasará a manos del Organismo Autónomo de Teatros Nacionales y Festivales de España, quien a su vez, en 1985, una vez definidas las transferencias autonómicas, cederá la gestión y mantenimiento económico a la Comunidad de Madrid.

Desde la reapertura del Coliseo en 1979, bajo la presidencia de su Majestad la Reina Doña Sofía, han sido cientos los cantantes, actores, músicos, bailarines, orquestas y directores que han pasado por su escenario.

No obstante, el Teatro tiene que cerrar de nuevo sus puertas en 2006 para afrontar nuevas obras de acondicionamiento que mejoren la seguridad y el funcionamiento general.

En diciembre de 2010, el Real Coliseo de Carlos III renace, renovado, con el objetivo de llevar a cabo la función para la que fue construido en 1770, la de hacer posible la ilusión y la emoción del teatro.


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Vista general del interior del Teatro.

 

LA ARQUITECTURA DEL TEATRO

El Real Coliseo de Carlos III es el más antiguo de todos los teatros cubiertos que se conservan en España y a la vez, el único teatro de corte que aún se mantiene en uso. Proyectado por el arquitecto francés Jaime Marquet e inaugurado en 1771, sigue los modelos de los teatros barrocos de la segunda mitad del XVIII, sobre todo los franceses y los napolitanos.

El volumen y la traza del teatro responden a la voluntad barroca de integrarse en el contexto urbano y participar de la escena exterior que une y relaciona las distintas partes de la ciudad. El Coliseo se define mediante una volumetría simple y rotunda que encaja en la trama urbana y además organiza las calles y plazas de conexión del pueblo con el Monasterio.

Sección del Teatro

La configuración del Teatro sigue las pautas de un nuevo modelo que se empieza a definir en la época y que emplea la nueva tipología de contenedor y curva óptica al servicio de un esquema simple y funcional. Este esquema tuvo gran desarrollo a lo largo de los siglos XVIII y XIX, y se caracteriza por la definición de estructuras con gruesos muros exteriores como único soporte estructural de la gran cubierta a dos aguas, y un espacio interior diáfano que permite situar la sala con la estructura ligera de palcos y el escenario. Los accesos, vestíbulos y escaleras se organizan en planta de forma extremadamente sencilla, siguiendo la lógica de su función pero sin renunciar a la creación de espacios bellos y armoniosos. Se llega a definir un modelo que se repitió como esquema típico en gran número de teatros posteriores.

Interesa destacar el gran interés que encierra como edificación en sí, es decir, como estructura original que milagrosamente nos ha llegado casi intacta.


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Cubierta de madera.

LAS REFORMAS DEL REAL COLISEO

Tras las distintas fases de reformas emprendidas casi desde el principio de su construcción, el edificio ha sufrido importantes cambios; la cubierta y la ligera estructura de los palcos son los elementos originales menos transformados. Entre las intervenciones más destacables se encuentran las realizadas por Juan de Villanueva, que además se encargó de la organización de gran parte de la traza urbana que conectó el Monasterio con el pueblo de San Lorenzo. Se realizan obras de reparaciones diversas, aperturas de nuevas puertas de acceso, nuevos palcos de proscenio, etc. Durante la Guerra de la Independencia el Teatro fue convertido en acuartelamiento tanto de tropas francesas como aliadas, y cayó posteriormente en una etapa de abandono. En 1870 se demuele el pórtico de acceso que atravesaba la calle del Coliseo y que lo unía con las Casas de Oficios. Finalmente, hacia 1943 se produce la importante pérdida del techo del Teatro, desmontado a gajos y trasladado fuera de España (hoy se desconoce su paradero), además de una adaptación de la sala para lograr mayor capacidad con posibilidad de uso como cinematógrafo.

Después de una nueva época de deterioro progresivo que ya afectaba a importantes elementos estructurales, el Real Coliseo estuvo a punto de desaparecer víctima del mal uso y el desinterés. Cerró sus puertas en 1967, y cuando ya parecía inevitable su pérdida, se inició una nueva y larga etapa de lucha por su recuperación que afortunadamente salvó el edificio.

Las obras de restauración definitivas comienzan en 1974 y recuperan la totalidad del edifico tal y como hoy lo conocemos. Se consolidó la estructura de cubierta con la instalación de importantes refuerzos metálicos en las cerchas originales. Interiormente se excavó el patio de butacas para ubicar el nuevo espacio del café o Parnasillo. Se reformó totalmente la estructura del escenario y se recuperó el foso de orquesta, ubicando los camerinos y cuartos de instalaciones en dos nuevas plantas bajo el nivel de la escena. Se reconstruyeron totalmente los forjados de los vestíbulos y se edificó un nuevo pórtico en fachada como recuerdo del paso perdido que conectaba el Coliseo con las Casas de Oficios.

Aunque estructuralmente la obra fue muy importante y se añadieron nuevos espacios al esquema original, el resultado fue una recuperación equilibrada y armoniosa que recoge perfectamente el espíritu y la dignidad del Coliseo primitivo. Los criterios de intervención adoptados consiguieron la integración de las partes originales restauradas con los nuevos elementos, recreando soluciones formalmente compatibles, al servicio de una imagen global única.

Patio de butacas.

El acierto de esta fase obliga a tomarla como referente para las obras que comienzan en 2006, de forma que se asume la configuración del momento como original aunque muchas partes sean el resultado de reformas posteriores. El objeto inicial de las obras de acondicionamiento realizadas era la actualización total de instalaciones, con objeto de aumentar la seguridad y mejorar el funcionamiento general del Teatro.

El criterio seguido ha sido el respeto máximo al espacio original, de manera que se ha intentado hacer una instalación casi imperceptible en las zonas más históricas. En cuanto a las principales obras acometidas en esta fase destacan las intervenciones en la estructura de madera (protección y restauración), la renovación de las instalaciones (protección contra incendios, climatización e instalación eléctrica) y la renovación de paramentos. Finalmente, como complemento de la intervención se han incorporado nuevos suelos de madera en palcos, patio de butacas y deambulatorios de la primera planta. Además se ha renovado la totalidad de los camerinos y restos de dependencias de servicio.


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