Clásicos en verano

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CAMERATA HISPÁNICA

CAMERATA HISPÁNICA


IMPRESIONES DE ESPAÑA
Sobre la obra

Intérpretes

Camerata Hispánica:
Roberto Mendoza, José Carlos Martín, José Manuel Jiménez y Daniel Jiménez, violines
Carlos López, viola
Amparo Mas, violoncello,
José Antonio García Alamá, contrabajo
Igor Nedeljkovic, guitarra flamenca



Programa

I acto

 

 

Luigi Boccherini
(1743-1805)

Quinteto en Do Mayor, G. 324. "La Musica Notturna delle Strade di Madrid"
− Le campane di l'Ave Maria
− Il tamburo dei Soldati
− Minuetto dei Ciechi
− Il Rosario (Largo assai, Allegro)
− Passacalle
− Il Tamburo
− Ritirata

Joaquim Malats
(1872-1912)

Serenata Española (Impresiones de España, nº 2)

Pablo Sarasate
(1844-1908)

Playera (Danzas Españolas, Op. 23, nº 5) *

Luigi Boccherini
(1743-1805)

Fandango (Quinteto en Re Mayor, G. 448)

Isaac Albéniz
(1860-1909)

Sevilla (Suite Española) *

Ernesto Lecuona
(1895-1953)

Malagueña, Gitanerías *

Igor Nedeljkovic
(1972)

Compás de San Francisco (siguirilla)
Crines

* Adaptaciones de José Manuel JIménez





Notas al programa


Durante los dos siglos que se conocen de arte flamenco, han sido varias las generaciones de músicos que han bebido de sus fuentes la inspiración y los elementos básicos para algunas de sus páginas más logradas. También han tomado del singular instrumento que le acompaña, la guitarra, su técnica, punteos o arpegios, transportándolos al clavecín o al piano, o incluso convirtiendo a toda una orquesta en un gigantesco instrumento de seis cuerdas.

Bastantes compositores fueron receptivos a la sugestión y al encanto de este arte, por extraña o exótica que fuera su patria, o por lejana que su sensibilidad estuviera de la manera que tiene el pueblo andaluz de hacer y vivir la música: rusos, franceses e italianos dejaron que sus obras se impregnaran de la esencia y el ritmo del fandango, la soleá o la petenera.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, la Península Ibérica fue visitada por artistas y compositores procedentes de los lugares más diversos, convirtiéndose en lugar de peregrinación habitual de grandes músicos: Boccherini, singular exponente de la música clásica del sur de Europa, se estableció en España a expensas de la nobleza de la Villa y Corte, desde donde recogió la esencia de los cantos y bailes más españoles; Stravinsky, ya en pleno siglo XX, fue huésped de Andalucía; Glinka, que vivió tres años en España, respiró el aroma de los cantes flamencos en la ciudad de Granada, incorporándolos después a sus creaciones; Ravel, hombre de la frontera hispano-francesa, seducido por las danzas españolas y su variedad rítmica, llegó también a Granada en el año 1920 y, acogido por Falla, vivió en su propia casa; Chabrier, viajero por la península en 1883, absorbió de nuestros cantos populares la sustancia de la que más tarde se nutriría la Rapsodia Española. Otros creadores que no tomaron contacto directo con el cante flamenco, ni estuvieron jamás en España, sintieron igualmente la fuerza de su atracción. Debussy presenció el espectáculo de los bailaores españoles que pasaron por París y sus actuaciones le inspiraron en la composición del preludio La Puerta del Vino; así mismo, una tarjeta postal que Falla le envía desde Granada reavivó su interés por Andalucía: la Soirée en Granada y el poema Iberia recogen el espíritu de lo español hasta tal punto que, como Federico García Lorca dijo del músico francés en su discurso sobre La importancia histórica del primitivo cante andaluz: "sin tomar un solo compás del folklore español, hace sentir a España hasta en sus menores detalles".

No sólo fueron extranjeros turistas en nuestro suelo los seducidos por la originalidad de las danzas y de los ritmos andaluces, sino que también una mayoría de músicos españoles a lo largo del siglo XIX llevaron también al pentagrama, de una forma u otra, compases, estructuras y fórmulas melódicas que se pueden detectar como heredadas del cante flamenco.

Los compositores españoles no fueron insensibles al influjo del flamenco y de la música andaluza. Una mayoría nació en el sur de España, como Ocón, Falla y Turina, y su música estuvo impregnada por ese Sur en donde escucharon las primeras canciones de cuna. Los que no, como Pedrell, Albéniz o Granados, en su búsqueda de una identidad musical, hallaron en lo jondo y en lo andaluz un tejido nuevo, cargado de una fuerza de expansión específicamente nacional.

El compositor y violoncellista Luigi Rodolfo Boccherini, nacido en la ciudad de Lucca (Italia) en 1743 y muerto en Madrid en 1805, fue una de las más destacadas figuras del floreciente clasicismo musical europeo, por más que su nombre no haya sido suficientemente valorado hasta bien entrado el siglo XX. Baste señalar que, a pesar de conocerse al gran Franz Joseph Haydn como el padre del cuarteto de cuerda, Boccherini fue de los primeros en repartir la trascendencia en términos de igualdad entre los cuatro instrumentos en sus composiciones, como innovador fue en el lenguaje del quinteto de cuerda o del quinteto con piano. La mayor parte de su abundante producción está dedicada a la música de cámara y fue a partir de su traslado a España en 1768, bajo la protección del Infante Don Luis Antonio de Borbón y Farnesio, cuando compuso sus obras más importantes, principalmente en Madrid y Arenas de San Pedro. De los doce quintetos con guitarra que adaptara el autor de otros tantos quintetos con piano propios, sólo ocho han sobrevivido, que sepamos, y de ellos los conocidos como G. 324 y 448 son quizá los más populares.

El Quinteto para cuerdas en Do Mayor, G. 324, "La Musica Notturna delle Strade di Madrid" es una obra, cuya traducción del título al castellano corresponde a Serenata de las Calles de Madrid y está originalmente escrita para quinteto de cuerdas (con dos violoncellos, según la fórmula habitual del compositor).

Tratándose de una rara obra de tipo programático, consigue recrear lo que los habitantes podían escuchar en las noches madrileñas del siglo XVIII: Ave Maria, en la cual los instrumentos imitan el toque de campanas de la iglesia; Minueto de los Mendigos Ciegos, el cual debe ser interpretado con cierta rudeza, según las indicaciones del propio autor; El Rosario, sección lenta con un tempo no riguroso; Pasacalle, el cual recrea el vulgar canto de los manolos por las calles en horas intempestivas; La Ritirata, o retreta de los soldados llamados a recogerse en el cuartel por la noche. La reciente popularidad de esta obra se debe en gran medida al uso que de ella se ha hecho como banda sonora para películas o series televisivas, o en eventos como la Ceremonia de Inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992.

La conocida página Fandango forma parte del Quinteto para guitarra y cuerdas en Re Mayor, G. 448, dividido en tres movimientos (Pastoral, Allegro maestoso, Grave assai – Fandango). Como las demás obras para esta formación, fue encargada por el Marqués de Benavente, esposo de la Duquesa de Osuna, a la sazón protectora del compositor. No trata aquí Boccherini a la guitarra como instrumento solista, sino más bien como una parte más cuyo aporte tímbrico y armónico contribuye a enriquecer la sonoridad del conjunto. Siendo él mismo un consumado violoncellista, el autor provee a su instrumento de una serie de intervenciones en las que destaca principalmente en su registro medio – alto. En el popular Fandango, que viene precedido por una introducción lenta, el compositor italo-español adapta uno de los ritmos bailables más característicos del folklore español, basado en la repetición de un mismo esquema armónico sobre una base rítmica en ostinato en compás de 3 por 4, con alternancia de coplas y variaciones instrumentales.

Isaac Albéniz (1860-1909), de espaldas a su origen catalán, asimiló como nadie el espíritu y el color flamenco de la música del sur y lo trasladó a sus obras. Hizo bandera de ésta desde el Schola Cantorum de París; incorporó a su producción musical determinadas armonías y escalas musicales propias de los cantos andaluces, coloreándola con un matiz inconfundible. Adoptó cláusulas y acordes tomados de la consabida escala andaluza; de éstos, el más notable, que repetirá en bastantes obras, es una sucesión descendente que en el tono menor se escalona de la tónica a la dominante, para llegar a un acorde de quinto grado en el que la sensible se halla alterada.

Joaquim Gerónim Josep Malats i Miarons, pianista y compositor barcelonés (1872 1912) se formó principalmente en París, donde estudió con maestros de la importancia de Charles de Bériot y Benjamin Godard, en un momento en que el gusto por lo español impregnaba los ambientes musicales parisinos. Es aquí donde compone la mayoría de sus obras, algunas de las cuales hacen gala del pintoresquismo musical imperante a finales del siglo XIX. En su faceta pianística fue un destacado intérprete que ofreció conciertos por buena parte de Europa, llegando a estrenar algunas de las piezas de la Suite Iberia, de Albéniz, compositor para quien Malats era el pianista favorito, según correspondencia de la época. La conocida como Serenata Española es una pequeña y deliciosa obra que formaba parte de un proyecto inicial titulado Impresiones de España, que comprendía cuatro piezas para piano (Danza, Serenata, La Siesta y Final), de las cuales se editaron las dos primeras en 1896. De la segunda, quizá la más popular, existen diversas adaptaciones para guitarra (la más conocida debida a Francisco Tárrega), sexteto con piano o conjunto orquestal.

Digno de resaltar también es el violinista Pablo Sarasate (1844-1898). No sólo fue un genial instrumentista, sino que sus composiciones contribuyeron a enriquecer la literatura para violín, con obras que arrancan de la música popular española. Las que se relacionan con los estilos y bailes andaluces son: Romanza Andaluza, (estrenada en Viena en 1883, junto con la Jota Navarra), Aires Españoles, Serenata Andaluza, (dedicada a su propia hermana Francisca Sarasate de Mena), y Viva Sevilla. Dentro de los estilos propiamente flamencos encontramos Vito y Habanera, (dedicadas a su amigo el violinista húngaro Leopold Auer), Playera, Zapateado, Bolero y Peteneras.

Buena muestra del interés que suscita el arte flamenco más allá de nuestras fronteras es Igor Nedeljkovich, músico de origen serbio, cuya formación con la guitarra flamenca comenzó en su país, en los conservatorios de Vallevo y Belgrado. Tras su traslado a España, recibe las enseñanzas de los maestros Ricardo Amador en Madrid, y Eduardo Rodríguez y Paco Serrano en el Conservatorio Superior Rafael Orozco, de Córdoba, en el cual alcanza la titulación de Profesor Superior de Guitarra Flamenca en la primera promoción de esta especialidad, de la cual es profesor en la actualidad en el Conservatorio Profesional Arturo Soria, de Madrid.

Compás de San Francisco (siguirilla) es una pieza que toma su nombre de un espacio de la ciudad de Córdoba situado entre la puerta de entrada al recinto de la Iglesia de San Francisco y la propia iglesia. Durante la Semana Santa este lugar presenta dos rostros muy diferentes: uno de día, con las imágenes y santos muy cargados de flores acompañados por las grandes bandas de metales y otro, por la noche, con los pasos austeros y silenciosos. Una saeta bien cantada, allí suena de otra manera.

Crines es una composición creada originalmente para un espectáculo ecuestre con baile. Consta de cuatro partes, de las cuales la primera y la tercera son lentas (preludio) para la colocación del caballo, y la segunda y la cuarta están pensadas a mitad de camino entre una jota aragonesa y la bulería.



CAMERATA HISPÁNICA


La Camerata Hispánica se forma en torno a un grupo de profesores de larga trayectoria profesional interesados en explorar las posibilidades tímbricas y expresivas de un conjunto reducido de cuerda. Trabaja un amplio repertorio de la música escrita para esta formación, aunque dedica especial atención a la música española, tanto en grupo de cuerda sola como enriqueciéndose con diversos instrumentos, entre ellos la guitarra como máximo exponente del carácter español.

Este interés no se ciñe exclusivamente a la música llamada “culta”, sino que busca explorar otras posibilidades igualmente atractivas como el flamenco; de este modo logra fusionar sonoridades distintas, pero totalmente complementarias, en un resultado sonoro de lo más interesante en el panorama musical español.



Información de entradas
SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS
Patio de Armas del Castillo de la Coracera
19 de julio - 22:00 horas
Entrada: 3 €
wai-aa
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