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ENSEMBLE SANCTI JACOBI

ENSEMBLE SANCTI JACOBI


LA MÚSICA QUE EL GRECO ESCUCHÓ
Sobre la obra

Intérpretes

Ensemble Sancti Jacobi: Gabriel Díaz, contratenor Emiliano Cano, tenor Santiago Martínez, tenor Miguel Ángel Viñé, barítono



Programa

I acto Prólogo

 

 

Intonarium Toletanum
(1515)

Pange lingua more hispano

II acto Venecia

 

 

Adrian Willaert
(c. 1490-1562)

Mirabile mysterium

Andrea Gabrieli
(c. 1510-1586)

Veni Sponsa Christi
Maria Magdalene

III acto Roma

 

 

Costanzo Festa
(c. 1485-1545)

Sub tuum praesidium

Orlando di Lasso
(c. 1532-1594)

Adoramus te, Christe

Giovanni Pierluigi da Palestrina
(c. 1525-1594)

Sicut cervus

IV acto Toledo

 

 

Cristóbal de Morales
(c. 1500-1553)

Aleph. Quomodo sedet

Andrés de Torrente
(c. 1510-1580)

Concinat plebs fidelium

Alonso de Tejeda
(c. 1540-1628)

Iesu corona virginum

Ginés de Boluda
(c. 1550-1592)

Asperges me

Alonso Lobo
(c. 1555-1617)

Vivo ego, dicit Dominus

V acto Epílogo

 

 

Francisco Guerrero
(c. 1528-1599)

Dulcissima Maria

Tomás Luis de Victoria
(c. 1548-1611)

Quam pulchri sunt





Notas al programa


El pintor Domenikos Theotokópoulos, más conocido por su apelativo español de “El Greco”, es considerado por muchos especialistas como uno de los más grandes pintores de la historia. Nacido en 1541 en Candía, en la isla griega de Creta, en el seno de una familia de clase acomodada, recibió enseñanza en el estilo de pintura bizantina, que da una gran importancia a la expresión religiosa y mística.

Aunque en aquella época la isla era un floreciente enclave económico y comercial, con un ambiente artístico importante, El Greco contando con veintiséis años de edad, decidió abandonarla para marchar a Venecia, buscando enriquecer su formación de la mano de los pintores italianos. Estudió con Tiziano y Tintoretto, considerados unos de los más grandes pintores de la época, y rápidamente asimilaría los conceptos del color, el movimiento y la luz, que resultarán tan característicos en las obras del cretense. Posteriormente, viviría en Roma y de la mano de los maestros Miguel Ángel, Rafael y Parmigiano estudiaría el manierismo.

Durante su estancia en Italia es seguro que El Greco se inspiraría en las pinturas de los templos y salas que visitaría, así como también de la música que escucharía resonar en sus amplias paredes. Música que en su gran mayoría tendría su origen en las inspiradas plumas de los más grandes maestros músicos de las grandes escuelas de polifonía: Willaert, Gabrieli, Festa, Lasso, Palestrina...

Las obras del polifonista Adrian Willaert, que fue maestro de capilla en San Marcos en Venecia desde 1527 hasta su muerte y que era requerido por casi todos los compositores de la época para estudiar con él, se escuchaban por doquier en Italia. Andrea Gabrieli sería uno de sus alumnos aventajados y en 1566 sería elegido para el puesto de organista de San Marcos, uno de los más prestigiosos puestos musicales en el norte de Italia, puesto que conservó hasta el final de su vida. Fue a su vez amigo de Orlando di Lasso, quien ejercería como maestro de capilla en San Juan de Letrán en Roma, puesto en el que le sucedería, en 1555, Palestrina.

La música de suaves armonías, transparentes contrapuntos y elevada espiritualidad de las escuelas de polifonía italiana inspirarían a la exaltación y a la contemplación espiritual, características que trasladaría magistralmente El Greco a sus pinturas.

Sin embargo, en 1576 razones no del todo claras le hicieron tomar la decisión de marchar a España, donde Felipe II buscaba pintores para decorar el monasterio de El Escorial. Hay quien dice que El Greco no encajaba con la sensualidad y la influencia mitológica de las obras del taller de Tiziano e igualmente le ocurrió en Roma con la obra de Miguel Ángel, poblada de figuras atléticas, a menudo escasamente vestidas y con rostros de expresiones alucinadas. Se cuenta que hasta tal punto era su disconformidad con el estilo del maestro que llegaría incluso a proponer raspar las pinturas de Miguel Ángel para poder pintar, él mismo, un Juicio Final digno. Estaba claro que en Roma eran preferidos los artistas cuya concepción de la pintura estaba basada en dibujos más bien fríos, un estilo muy alejado de la concepción pictórica del Greco, basada en el color y a la que el artista no estaba dispuesto a renunciar.

El primer destino español escogido por El Greco fue Madrid, pero al año siguiente de su llegada a España se afincaría definitivamente en Toledo. La primera noticia que se tiene del pintor en Toledo data del 2 de julio de 1577, fecha en la que recibió ciertos pagos a cuenta de la ejecución de El Expolio, aunque debió de llegar a la ciudad algún tiempo antes. A partir de ese momento residió en Toledo hasta su muerte, acaecida en 1614.

Toledo era un lugar emblemático en cuanto a música se refiere. Tal y como se puede leer en el folio 75 del Manuscrito 415, conservado en la British Library, era la catedral “más ilustre, la más rica, la más espléndida, la que tiene mejor personal laboral y la que lo tiene más completo, de cuantas existen en los dominios españoles. De hecho, salvo San Pedro de Roma, no hay catedral en toda la cristiandad que la supere”. Allí ejercerían su magisterio maestros músicos tan afamados como Cristóbal de Morales, Andrés de Torrentes, Ginés de Boluda y Alonso Lobo.

Para darnos cuenta de la verdadera importancia que tenía la catedral de Toledo en cuanto a música se refiere basta pensar que a pesar de que el rito hispano fue suprimido oficialmente por Roma en el año 1089, Toledo obtuvo el permiso para seguir cantando el viejo rito. El Cardenal Cisneros, mientras fue arzobispo de Toledo (1463-1517), pretendió revivir el antiguo rito “visigótico”; para ello fundó la capilla mozárabe en la catedral toledana y publicó una serie de libros litúrgicos entre los que se encuentran el Misal mozárabe en 1500, el Intonarium toletanum (Alcalá de Henares, 1515), el Manuale sacramentorum y el Passionarium toletanum (Alcalá de Henares, 1516). Pero los cinco siglos que separaban estas ediciones del rito original le impidieron llevar a cabo una fidedigna restauración. De hecho, el Intonarium toletanum consiste en una compilación de las melodías que se usaron durante ese tiempo en la Catedral de Toledo. Muchas de ellas sí pertenecían a la liturgia “mozárabe”, pero otras procedían de tradiciones muy diversas. Independientemente de su origen, alcanzarían un nuevo auge gracias a la influencia que Cisneros ejerció, hasta el punto de que todos los polifonistas del siglo XVI que trabajaron la mayor parte de su vida en territorio español, recurrieron a ellas.

Una de las características más destacables del Intonarium toletanum reside en que las composiciones silábicas o casi silábicas aparecen escritas en notación mensural, e incluso en los himnos con ritmo ternario se vislumbra una intención modal. Se puede apreciar este hecho en el conocido himno y tantas veces utilizado como cantus firmus por los polifonistas españoles, Pange lingua more hispano, o en el himno a Santa Leocadia, Iesu corona virginum. Éste último correspondiente a las Primeras Vísperas del Común de las Vírgenes en Pascua, según un Breviarium de 1602. Como puede verse en un Memorial de 1604, la única fiesta importante de una virgen en Pascua observada en Toledo con polifonía era el Traslado de Santa Leocadia, patrona de la ciudad. La fiesta del Traslado de Santa Leocadia data de 1587; los restos de su cuerpo se restituyeron a Toledo el 25 de abril de aquél año. En el cortejo procesional que acompañó la traslación de los restos de Santa Leocadia, Felipe II fue uno de los portadores de la litera en la que iba el cuerpo de la joven mártir y Ginés de Boluda encabezó la lista de cantores y músicos que tomaron parte en las ceremonias.

Para llegar a ejercer como maestro de capilla en Toledo había que superar una exigente oposición, habiendo de demostrar los aspirantes un alto nivel en la materia, una buena dosis de experiencia y una fama reconocida. Las pruebas eran muy ambiciosas: los opositores debían componer obras a tres, cuatro y cinco voces a partir de una melodía de canto llano que se les proporcionaba; también tenían que demostrar sus habilidades escribiendo un fabordón, creando un motete por medio de una serie de palabras que se les facilitaban, y componiendo un Asperges para doble coro. Una vez conseguida la plaza, lo habitual era que el maestro permaneciese de forma definitiva en Toledo, pues era la mejor Catedral a la que podía aspirar y la que mayor prestigio reportaba.

Unas de las obligaciones del maestro de capilla eran la búsqueda, audición, examen, educación, aprendizaje musical, alojamiento y manutención de los niños cantores o seises, tal y como se desprende de la carta constitucional, otorgada por Silíceo el 9 de mayo de 1557, que prescribía taxativamente en su punto sexto:

«... mandamos que aya otro maestro que enseñe a los dichos clerizones a cantar canto llano y canto de órgano y contrapunto, del qual assi mismo se aya informaçión cómo es xpi.ano viejo, conforme al Statuto, Saçerdote y de buena fama y nombre y bastante docto en la facultad de Música, el qual enseñe a los dichos clerizones a cantar todos los días de fiestas y domingos una hora antes de comer, y otra después de hauer comido, y otra después de completas, y los otros días lectivos les dé cada día una lectión después de auer çenado».

Otras de las responsabilidades del maestro eran la búsqueda y dirección de los cantores y ministriles de la capilla, además de la elección, el control, la creación y dirección del repertorio musical, así como su ejecución, la corrección de libros musicales y la compra de otros nuevos, juntamente con la elección de los cantores, organistas e instrumentos. También debía componer villancicos para Navidad y Epifanía, así como misas, salmos, himnos, motetes y obras musicales para las grandes solemnidades litúrgicas y acontecimientos extraordinarios en la Catedral.

Entre los maestros de capilla y autores más destacados y que han dejado un mayor número de composiciones en los cantorales de Toledo se encuentran: Jerónimo y Santos de Aliseda, Miguel de Ambiela, Pedro de Ardanaz, Ginés de Boluda, Alonso de Tejeda, Jaime Casellas, Rodrigo de Ceballos, Pedro de Escobar, Bartolomé de Escobedo, Costanzo Festa, Francisco Guerrero, Josquin des Prez, Alonso Lobo, Cristóbal de Morales, Jean Mouton, Juan Navarro, Francisco de Peñalosa, Bernardino de Ribera, Jorge de Santa María, Francisco de la Torre, Andrés de Torrentes, Felipe Verdelot, Tomás Luis de Victoria y Sebastián de Vivanco.

El maestro que sirvió durante más tiempo en Toledo fue Andrés de Torrentes, que ejerció su magisterio en la catedral primada en tres períodos distintos: el primero desde 1539 a 1545, en que cogió el puesto Cristóbal de Morales; en una segunda ocasión sustituyendo a éste último desde 1547 hasta 1553 y en un último período desde 1570 hasta su muerte, en 1580. Torrentes dejó un importante corpus de composiciones polifónicas y recogió en los libros de coro de la catedral de Toledo muchos cánticos pertenecientes al ciclo anual de himnos para su uso en las primeras Vísperas de las fiestas toledanas más importantes, continuando el trabajo iniciado por Morales.

Hacia 1576, coincidiendo con el tercer cargo de Torrentes, la liturgia tridentina empezó realmente a aplicarse. Durante algunos años ya habían circulado por España ejemplares impresos de la nueva liturgia promulgada en 1570 por el Papa Pío V, la primera que sería destinada a tener una función universal dentro de la Iglesia católica y reflejara las reformas del concilio de Trento. Felipe II, acérrimo partidario de las reformas litúrgicas tridentinas, fomentó la rápida adopción de la nueva liturgia dentro de su reino, y particularmente en la sede primada de Toledo. Durante las décadas precedentes, las autoridades de la catedral toledana quisieron tener un nivel musical que correspondiera a su rango y se esforzaron en buscar a los mejores cantores y músicos de toda España, a la vez que adquirieron repertorios más moderno e idóneos, para lo cual, muchas veces cambiaron y censuraron textos que estaban destinados a quedar en desuso.

El himno Concinat plebs fidelium, para las primeras Vísperas del día de Santa Clara (12 de agosto), está basado en el canto llano toledano para himnos de vísperas en las fiestas de las santas vírgenes, Iesu corona virginum. La obra fue compuesta posiblemente para Toledo y utilizada presumiblemente por primera vez allí en la fiesta de Santa Clara el 12 de agosto de 1552. Aunque en el encabezamiento de la obra no figura el nombre de su autor, muy probablemente fuera compuesta por el maestro de capilla por aquél entonces, Andrés de Torrentes. Los Processionarii de 1563 recogen la fiesta como principal con una procesión de tres estaciones y el Memorial de 1604 estipula que sea celebrada con “Toda solemnidad”.

La catedral toledana a principios de septiembre de 1580 carecía de maestro de capilla por la muerte de Andrés de Torrentes, de manera que el cabildo ordenó publicar edictos y en noviembre ya se estaban realizando ejercicios de oposición. Ginés de Boluda, que había sido maestro de capilla en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Cuenca, sería finalmente el elegido para sustituir a Andrés de Torrentes, puesto que ocuparía hasta marzo de 1581.

De Ginés de Boluda nos habla el poeta y músico Vicente Espinel en La Casa de la Memoria con las siguientes palabras:



“Estava el gran Çavallos, cuyas obras
Dieron tal resplendor en toda España,
Junto a Rodrigo Ordoñez, cuyas obras
Bastan á enrriquezer la gente estraña:
Tu (Voluda) que en nuevo estilo cobras
Fama que eternamente te acompaña,
Junto al divino Galvez, cuya gala
No es sujeto del suelo quien la iguala”.


Una de las labores que con mayor ahínco realizaría Boluda como maestro en Toledo fue la de renovar y engrosar el archivo musical toledano; de ello dan prueba los siete libros que se adquirieron gracias a sus servicios y recomendaciones, entre los que se encuentran el Libro de motetes de Guerrero, impreso en 1570, el Missarum libri duo de Victoria, de 1585, “estampado en papel de marca mayor el qual libro es muy bueno y muy provechoso para el servicio desta santa iglesia y vale doscientos reales y por la verdad di ésta firmada en Toledo […]”, los motetes de Victoria editados en 1585 y en 1592, dos libros de Guerrero para los que, al igual que sucedió con los motetes de Victoria, se encargó personalmente de transferir el dinero de su costo.

Entre las composiciones que se conservan de Boluda, la mayoría pertenecen al oficio de Vísperas, algo que no nos debe resultar extraño si consideramos que en el último tercio del siglo XVI se compuso en España una cantidad inusual de música polifónica para esta hora canónica, mayor incluso que la creada en Francia o Italia. La explicación de este hecho se halla seguramente en la necesidad que tenía España de adaptarse al Breviarium Romanum que Pío V publicó en 1568, resultado de los edictos del Concilio de Trento, libro que se basaba en cánticos italianos que diferían del repertorio sacro español usado hasta entonces.

Una de las obras más ampliamente difundidas de Ginés de Boluda es su Asperges me, antífona para la bendición del agua en la Procesión después de Tercia, antes de la principal misa del domingo, según un Missale de 1570. Como ya se ha comentado, a los aspirantes a maestros de capilla solía pedírseles que compusieran un Asperges alternatim, y es muy probable que, aunque no fuera nuevo, pues seguramente compusiera la obra cuando estuvo en Cuenca, fuera esta la pieza que presentó Boluda antes de su nombramiento en Toledo en diciembre de 1580.

Como queda reflejado en el Memorial de 1604, el Asperges se cantaba con polifonía en la catedral primada los domingos después de Epifanía y los domingos después de Pentecostés. Durante el Adviento y desde Septuagésima hasta el Domingo de Pasión se cantaba sólo en canto llano, y en los Domingos de Pascua se sustituía por Vidi aquam. Incluso antes de la adopción del Missale de 1570 en Toledo, la antífona se repetía en su totalidad tras el Gloria Patri. Boluda, sin embargo, escribe una cadencia perfecta antes del “Lavabis”, abriendo así la posibilidad de repetir únicamente la segunda mitad de la antífona, una práctica observada quizás en Cuenca.

Dicha obra aparecerá encabezando un libro de misas de Alonso Lobo en Toledo, copiado a finales del siglo XVIII, y por eso se le atribuiría erróneamente a éste último. No obstante, el manuscrito que copia el Asperges atribuyéndolo a Boluda es de muy principios del siglo XVII y no ofrece dudas sobre su autoría.
Aunque la catedral toledana era la más rica en España no se caracterizó precisamente por retribuir generosamente a sus compositores; a pesar de ello, su prestigio hacía que a ella acudieran músicos de todas partes de España. En el caso de Boluda, fue una irregularidad administrativa la que le obligó a cobrar un sueldo menor, pues aunque la ración nº 35 era la asignada para el maestro de capilla, éste realmente percibía la nº 44, de tenor, más reducida.

Boluda abandonó la música y decidió renunciar al puesto de maestro que desempeñaba en la catedral de Toledo tras trece años a su servicio, para dedicarse de pleno a la religión. Le sustituiría como maestro de capilla Alonso Lobo, hasta entonces ayudante de Guerrero, en Sevilla.

Cuando a principios de 1600 Juan Risco abandonó el magisterio en la catedral de Granada para irse a la de Jaén, el cabildo llamó a diferentes maestros de capilla ofreciéndoles el puesto vacante; uno de ellos fue Ginés de Boluda, quien le contestó por carta al cabildo agradeciéndole “la merced que se le ha ofrecido de la capellanía de magisterio y cómo no puede venir porque no piensa ya seguir el dicho oficio”. Finalmente, el 12 de marzo de 1602 se nombraría a Alonso de Tejeda, de origen zamorano y que ejerció de maestro de capilla en Salamanca desde 1593 a 1601, pero nunca llegaría a ejercer como maestro en Granada. Alonso de Tejeda ejercería su magisterio, además, en lugares tan dispares como Ciudad Rodrigo, León, Burgos o Zamora, donde tomó posesión de su cargo el 28 de febrero de 1623 y lo desempeñaría hasta su muerte, acaecida el 7 de febrero de 1628. Fue durante no menos de cincuenta y ocho años maestro de capilla en las catedrales españolas y su gran movilidad le permitió conocer el ambiente musical en la época cumbre de la polifonía española.

Sin embrago, de entre todos los cargos que regentó, es claramente el de la capilla musical de Toledo, a partir de 1604, el más importante, al tratarse de una de las metas de todos los músicos españoles de la época, lo que muestra su alto nivel en la música y su profunda experiencia, que ya se le valoró cuando fue elegido para dirigir la capilla musical de la catedral de León: “por haber mostrado más suficiencia y tener más experiencia, persona y autoridad para regir el facistol”.

A pesar de tratarse de un polifonista de gran altura y su producción ser amplia, únicamente se conservan tres libros de motetes, encuadernados en un solo tomo, que se guardan en la catedral de Zamora y ninguna de sus obras fue impresa en vida.

Tras la renuncia de Ginés de Boluda a continuar con su magisterio en Toledo, sería el maestro Alonso Lobo quién ocuparía el cargo. Lobo nació en torno a 1555 en Osuna (Sevilla) y ha sido muchas veces confundido con el portugués Duarte Lobo, que por aquéllos tiempos alcanzó la inusual edad de 103 años. Es muy posible que recibiera su formación como seise de la catedral hispalense de la mano de Francisco Guerrero, insigne maestro de dicha catedral por aquél entonces. Alonso Lobo ejercería como ayudante de Francisco Guerrero en la catedral sevillana en torno al año 1588, y cuando éste último hizo su viaje a Jerusalén, Lobo le supliría e hizo comprar cinco libros de motetes y canciones de su maestro.

Alonso Lobo fue elegido maestro de capilla en Toledo el miércoles 22 de septiembre de 1593, tomando posesión de dicho cargo el 3 de diciembre del mismo año. Permanecería allí hasta 1604, cuando volvió a Sevilla para ocupar nuevamente el puesto de maestro en la catedral, magisterio que ejercería hasta su muerte, acaecida el 5 de abril de 1617.

Lobo fue amigo de Tomás Luis de Victoria, quien actuó en ocasiones como intermediario entre músico e impresores, y quien le consideraba a su propia altura. Hilarión Eslava, en su Lira Sacro Hispana, dice respecto de Lobo, en el volumen que dedica a los compositores del siglo XVII:

“Don Alfonso Lobo nació hacia los años 1555. Fue nombrado maestro de capilla de la Sta. Iglesia Primada de Toledo el día 18 de Setiembre de 1601. Fue el Maestro más autorizado de su tiempo. Publicó un libro de Motetes […]. Varias de sus “Misas” se hallan en la Real Capilla de S. M., en el Monasterio del Escorial y en otras varias iglesias de España; pero donde existe un gran número de ellas es en la Catedral de Toledo. Lope de Vega elogia a Lobo como uno de los compositores más acreditados de aquella época.”

En el siglo XVI la polifonía religiosa alcanzó en España un alto grado de perfección artística y, a pesar de la influencia del arte flamenco, los polifonistas españoles supieron crear un estilo propio en el que se refleja con rasgos vigorosos el fervor religioso de la España de aquellos tiempos; siendo los más grandes representantes de la Escuela Española Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria, quienes llevarían la música a las más altas cotas de perfección en el Siglo de Oro.

Cristóbal de Morales, que fue maestro de capilla en la catedral de Toledo desde 1545 hasta 1547, cuyos famosos Magnificat conocieron nada menos que dieciséis impresiones en tan solo setenta y siete años, y de quien Ludovico Zacconi en su tratado Prattica di Musica, publicado en 1592 en Venecia, dijo que “se cantaban en cientos de iglesias”.

La música de Morales sería tan apreciada que en un “Memorial del estilo que se ha de guardar en esta santa Yglesia de Toledo”, fechado en 1604 y conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, se puede leer: “en Feria V la primera lamentación a canto de órgano, es la de Morales”. Las Lamentaciones que compondría Morales seguirían el cantus lamentationum típico de la liturgia toledana, y que nada tenía que ver con la melodía que se usaba en Roma.

Morales era tan respetado y su música tan valorada en España y en el extranjero que, ya muerto el compositor, los editores italianos Gardano y Rampazetto llegarían a publicar en 1564 Lamentationi di Morales a quatro, a cinque et a sei voci, una colección única con sus impresionantes lamentaciones, que resultaría ser una farsa, pues la música que publicaron no era toda suya, pero seguramente se la atribuyeron para garantizar las ventas.

El otro gran polifonista español del Siglo de Oro, del que ya hemos hablado, es Francisco Guerrero, quien pudo haber estado en Toledo hacia 1545 como discípulo de Morales, tal y como se desprende de su crónica Viaje a Jerusalém, en la que dice: “desseando yo siempre mejorarme, me valí de la doctrina del grande y excelente Maestro Christoval de Morales, el qual me encaminó en la compostura de la música”.

La producción de Guerrero fue muy pronto apreciada. Ya en su época el estudioso italiano Pietro Cerone lo estimó como una figura comparable con el gran Orlando di Lasso y literatos como Góngora, Lope de Vega y Vicente Espinel elogiaron sus composiciones. Como ejemplo podemos leer en el Canto IV del poema La Casa de la Memoria, de Vicente Espinel, los siguientes versos:


“Fue Francisco Guerrero, en cuya suma
De artificio y gallardo contrapunto
Con los despojos de la eterna pluma,
Y el general supuesto todo junto,
No se sabe que en cuanto al tiempo suma
Ningún otro llegase al mismo punto,
Que si en la ciencia es más que todo diestro,
Es tan gran cantor como maestro.”

Francisco Guerrero perteneció a la renombrada Escuela Sevillana. La catedral de Sevilla, abierta al culto en 1478, fue uno de los templos más suntuosos de la cristiandad. En la segunda mitad del siglo XVI Sevilla alcanzó el apogeo de su prosperidad: el esplendor de su culto catedralicio, el numeroso clero y la opulencia de su silla concordaban con el brillo de sus artes y letras. La renta o el valor de la mitra de Sevilla disputaba a Santiago el segundo puesto, después de la inmensamente rica de Toledo.

Entre los maestros que ejercieron magisterio en Sevilla encontramos algunos de los polifonistas de mayor renombre en la época, como Pedro Escobar, Alonso de Alba, Francisco de Peñalosa, Pedro Fernández de Castilleja, Cristóbal de Morales, los hermanos Pedro y Francisco Guerrero, Juan Vásquez, Alonso Lobo y Ambrosio Cotes, entre otros.

Juan Vázquez, conocedor de su música y residente en Sevilla, publicó en la carta dedicatoria del libro editado en 1560 Recopilación de Sonetos y Villancicos, refiriéndose a Morales y a Guerrero:

“Los músicos en nuestro tiempo ponen en los templos la música grave y triste, para que a más nos provoque a devoción y levante el espíritu a la contemplación de su criador, componiendo della lo que en los divinos oficios y alabanzas se canta […] En lo cual, nuestra España tanto se a de pocos años acá ilustrado criando poco tiempo á un Cristóbal de Morales, luz de la música; y agora, en el nuestro, algunos excelentes hombres en ella; uno de los cuales nuestra Sevilla tiene y goza, que es Francisco Guerrero, que tanto lo secreto de la música a penetrado y los afectos de la letra en ella tan al vivo mostrado”.

Y qué se puede decir del inigualable Tomás Luis de Victoria, posiblemente el más grande compositor español de todos los tiempos y uno de los más relevantes en su época. El estilo de Victoria fue completamente innovador, anunciando en muchas ocasiones el inminente estilo Barroco. Su música se ha comparado en numerosas ocasiones con la pintura del Greco, pues la elevada espiritualidad y el dramatismo que se escucha en las composiciones del abulense sugieren un paralelismo con el tratamiento que hace El Greco en sus lienzos, llenos de dramatismo y misticismo que se desprende en los colores y las luces que emplea, así como en sus características figuras alargadas, que parecen elevarse hacia el Cielo.

Victoria, cuando quiso volver a España de su estancia en Roma, le confió al propio Francisco Guerrero, por aquel entonces ya maestro con ración entera de la catedral de Sevilla desde 1574, tras la muerte de Pedro Fernández de Castilleja, un libro con música y las debidas diligencias para la obtención de una prebenda que le asegurase la práctica de su ministerio al servicio de alguna iglesia catedral. Guerrero escribió al cabildo de Palencia, tal y como se puede deducir de una reunión capitular, ocurrida el 9 de febrero de 1581 y que reza: “Recibióse una carta de Guerrero, maestro de capilla de Sevilla, por la que dava noticia de un Thomás L. de Victoria en Roma, muy ábil por poder ocupar el magisterio que esta santa Yglesia sustiene. Acordaron se le responda con mucho agradecimiento esa voluntad y se le diga lo que el cabildo a hecho.”

No debió de tomarse ninguna resolución a juzgar por una carta que escribió el propio Victoria desde Roma anunciando el obsequio de otro libro:

“Creo a dos años que envié al Mº Guerrero un libro de misas para que en mi nombre le presentase á V. S. para servicio de su sancta Iglesia, supe que hiço lo que yo le pedí por md. y que V. S. me hiço favor de rescibirle, y aunque desto tuve gran contento e tenido alguna pena por no me aver hecho V. S. merced en corresponderme si se avia servido de mi pequeño ingenio. Envío al presente á V. S. un libro de vísperas, que yo á mi costa e hecho imprimir aquí en Roma, creo agradará á V. S. la impresión, porque aunque haya muchos cantores en esa sancta iglesia, es bastante punto para todos. Contiene salmos, himnos de todas las festividades del año y dieciséis Magníficats de todos los tonos y quatro salves á cinco y á ocho, suplico á V. S. resciba mi buena voluntad, que esta terné pronto para todo lo que tocare al servicio V. S. en esta corte. Guarde ntro. Sr. las muy ilustres personas de V. S. muchos años. De Roma, 14 de Henero de 1582, besa las muy illustres manos de V. S. su capellán. Thome Luís de Victoria.”

Tomás Luis de Victoria fue un polifonista genial y muy escrupuloso a la hora de componer, revisando una y otra vez sus composiciones. Ya desde sus comienzos destacó en el arte del contrapunto y la composición, pues sus primeros motetes, publicados en Venecia en 1572, se cuentan entre sus obras más apreciadas. De hecho, a pesar de que publicó varias variantes para algunos de los motetes tratando de mejorarlos, él mismo volvió siempre a las primeras versiones de 1572, considerándolas como las más perfectas.

Su cuerpo está enterrado en el monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, donde sirvió durante los últimos años de su vida como organista de la emperatriz María de Austria, quien vivía en dicho monasterio. Su muerte ha quedado inscrita en el segundo Libro de Difuntos de la Parroquia de San Ginés de Madrid con las siguientes palabras:

“Tomé de Victoria clérigo organista de las Descalzas en la calle del Arenal en sus mismas casas murió oy sábado 27 de agosto de 1611; enterróse en las Descalzas, recibió los Santos Sacramentos administróselos el Doctor Ronquillo, hizo testamento ante el Juan del Castillo, escribano, testamentarios el licenciado Mirueña, que bibe en las dichas en la calle del Arenal y don Juan de Triviño, que vive en las dichas casas”.

Bartolomé Cairaso de Figueroa, autor de la obra en verso titulada Templo militante, flos sanctorum y triumphos de sus vistudes, publicado en Lisboa en 1613, incluye un poema en el que la música humana sube al cielo a cantar las glorias de San León, y en el que cita a nuestros compositores españoles en estos términos:



“Y del tiempo moderno
Aquel Hispano terno
De Morales, Guerrero y de Victoria
Que parece en el vuelo
Que aprendieron música en el Cielo”.

Música celestial que resonó en las paredes de todos los templos en España y más allá. Música que debió de inspirar el pincel de muchos artistas, entre ellos al Greco, gran amante de la música. El Greco se consideraba a sí mismo un genio y se comportó como tal, pero al mismo tiempo demostró tener una gran sensibilidad, apreciar la amistad y amar la música, la literatura y la buena vida. Debido a que nació en una familia acomodada, y probablemente también por su conocimiento de las costumbres venecianas, gustó de vivir con cierto lujo y refinamiento, como lo demuestra el hecho de que contratara músicos para que tocasen mientras comía o disfrutaba de la compañía de sus amigos.



ENSEMBLE SANCTI JACOBI


El Ensemble Sancti Jacobi es un conjunto de voces graves formado por cantantes profesionales que se dedica, sobre todo, al repertorio vocal sacro, desde el canto gregoriano hasta el Renacimiento. Este grupo realiza un trabajo metódico y exhaustivo con el objeto de llevar el espíritu original de este bellísimo repertorio para voces de hombres a todos los públicos; ofreciendo, como recomendaba San Bernardo de Claraval, una música que “mientras agrade al oído, conmueva el corazón”.

Desde su formación, el conjunto está constituido por un núcleo estable, lo que le confiere una gran homogeneidad. Sus componentes son colaboradores habituales de las mejores agrupaciones corales profesionales de España y han cantado en los más prestigiosos Festivales de Música de nuestro país y del extranjero. Las actuaciones del Ensemble Sancti Jacobi son ampliamente aclamadas por su vitalidad y expresividad, así como por la calidad de sus voces, capaces siempre de hacer vibrar al público.

Los programas que proponen son fruto de una larga reflexión y un minucioso estudio, presentando siempre conciertos extraordinariamente atractivos, basados en un eje temático concreto. Los componentes del Ensemble Sancti Jacobi son todos enamorados de la música y viven el canto como un camino de continua búsqueda y aprendizaje. En sus voces resuena la bendición que se daba a los cantores en el decreto del IV Concilio de Cartago:

“Cuidad de que lo que cantáis con vuestras bocas lo creáis en vuestros corazones, y que lo que creáis en vuestros corazones lo expreséis con vuestras obras”.



GABRIEL DÍAZ


Nacido en Pilas, Sevilla. Inicia sus estudios musicales de piano para más tarde dedicarse de lleno al canto y la interpretación histórica. Inicia su formación vocal dentro del proyecto Coro Barroco de Andalucía donde recibe clases regulares de Carlos Mena, Lambert Climent y Lluis Vilamajo. En 2005 se traslada a Londres donde estudia en el Trinity College of Music con el contratenor Timothy Travers-Brown, Philip Thorby y Stephen Preston.

Trabaja habitualmente con multitud de grupos españoles y europeos como La Capella Real de Cataluña dirigida por el mítico Jordi Savall, embajador musical de la UNESCO, Choeur de Chambre de Namur, La Grande Chapelle, Musica Ficta, Capilla Real de Madrid, Los Músicos de su Alteza, Vox Luminis (grupo ganador del Internacional Classic Award al mejor disco de música clásica de 2012), Musica Saeculorum, entre otros; actuando en los principales auditorios y Festivales, tanto de nuestra geografía como del extranjero.
En el campo de la música escénica ha interpretado el rol de Merlín en la ópera La liberazzione di Rugiero, de Francesca Caccini, en el Teatro Jovellanos de Gijón bajo la dirección de Furio Zanasi y Roberto Gini, ha participado en el estreno en tiempos modernos de la zarzuela barroca Hasta la Insensible Adora, de Antonio Literes, con el grupo Armoniosi Concerti. Asimismo participó en el estreno del auto sacramental La Paz Universal, con texto de Calderón de la Barca y música de Peyró, bajo la dirección de Albert Recasens y Juan Sanz, que se representó en el Auditorio de Cuenca y en el Festival de Teatro Clásico de Almagro.

Desde septiembre de 2014 será el director artístico del Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, al que está ligado desde hace un año en varios cursos, conciertos y talleres.

Ha realizado grabaciones en CD y DVD para los sellos Almaviva, Alia Vox, Enchiriadis, Arsis, Ricercar, Lauda Musica y Alpha, grabaciones que han obtenido multitud de premios, como el Preis der deutschen Schallplattenkritik (Premio de la crítica alemana), Premio Critics Choice de Gramophone, Premio 5 de Diapason, Diapason D'Or y Premio a la mejor grabación de Festclásica. Recientemente ha participado en un CD con música de Alonso Lobo que ha recibido el premio Choc Classica de Francia y ha sido elegido como uno de los 10 discos de música clásica del año por El País.

También ha debutado en el campo de la fusión del jazz y la música barroca de la mano de la Looking Back Orchestra, dirigida por el famoso saxofonista de jazz alemán Andreas Prittwitz.

Sus próximos compromisos incluyen conciertos en Ravenna, Bremen, París, Saintes, Lyon, Utrecht, Viena y la interpretación de la ópera Tamerlano, de Haendel, en la Ópera de Poznan, Polonia, interpretando el rol de Andrónico.



EMILIANO CANO DÍAZ


Nacido en Madrid, participa desde niño en grupos corales y realiza estudios de solfeo y guitarra española, interesándose después por otras disciplinas artísticas que le llevan a obtener la Licenciatura en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, además de una amplia trayectoria como realizador audiovisual. En 2005 es invitado a formar parte de La Capilla Real de Madrid y comienza a estudiar canto con Celia Alcedo y Miguel Bernal, pasando asimismo a colaborar con otros grupos de música antigua como el Coro Antiphonarium, grupo Alfonso X el Sabio, The Labyrinth of Voices o el Ensemble Guerrero. Amplía su formación participando en diversos cursos de especialización: Música en Compostela, Música Barroca de la Comunidad de Madrid, Academia de Músicas Históricas de Pamplona, Curso Internacional de Daroca, o Canto solista del Circulo Bach, recibiendo, entre otros, las enseñanzas de los tenores Andrew King y Gerd Türk. En el año 2013 obtiene una plaza en el Coro Nacional de España.

Como solista ha actuado con la Capilla Real de Madrid en conciertos dedicados a la música renacentista y barroca en España e Hispanoamérica (Abu Gosh, Nápoles, Pamplona, Yuste, Vélez-Blanco) y en la producción Dido y Eneas, de Henry Purcell (Málaga). En su paso por el Coro de la Universidad Complutense de Madrid interpretó lieder de Fanny Schumann, así como obras de Haendel, Purcell o Stanford, e invitado por el Coro de la Sociedad Haendel-Haydn y el Coro de Las Rozas, la Misa de la Coronación, de Mozart.



SANTIAGO MARTÍNEZ ALVIRA


Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid, comienza a dar sus primeros pasos en el mundo de la música en el año 1992, formando parte de la Coral Veterinaria Complutense, dirigida por Mª Pilar Alvira. Allí recibe clases de canto de Elisa Garmendia. Posteriormente, ampliaría su formación vocal bajo la guía de Celia Alcedo.

Su gran pasión por la música antigua y por el canto gregoriano le lleva a aprender e investigar por su cuenta al tiempo que forma parte de grupos de música especializados como la Capilla Renacentista, fundada en 1999 por Pilar Alvira, o el coro Magnificat, con Juan Mª Esteban del Pozo, grupos con los que ha recorrido gran parte de la geografía española y del extranjero, cantando en importantes Festivales de Música.

Invitado por el Centre d'Etudes Superieurs de la Renaissance de la Universidad de Tours ha cantado como solista en conciertos ofrecidos en esta ciudad, obteniendo una muy buena crítica en la prensa local. En el terreno del Oratorio ha cantado como solista, acompañado por la Orquesta de Cámara de la Universidad Complutense de Madrid, en la Colegiata del Palacio de la Granja, en la Capilla del Palacio Real de Aranjuez, invitado por Patrimonio Nacional, y ha colaborado y participado como tenor solista en los cursos de Dirección de Coro y Orquesta organizados por la Universidad Complutense, actuando y ofreciendo conciertos en diversos proyectos con la colaboración del Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Política Social. Ha cantado también con el grupo de música antigua Alfonso X El Sabio, bajo la dirección de Luis Lozano Virumbrales, y con Commentor Vocis, bajo la dirección de Héctor Guerrero, entre otros.

En el año 2009 cumple el sueño de fundar su propio grupo, el Ensemble Sancti Jacobi, que ofreció su primer concierto en febrero de ese mismo año, interpretando la hermosísima pero difícil misa Se la face ay pale, de Guillaume Dufay, con gran éxito.

Recientemente ha publicado el libro titulado Lamentaciones, de Cristóbal de Morales, en el que, además de transcribir la música hasta ahora inédita, realiza un importante estudio en el que reúne todos los conocimientos que se tienen hasta la fecha sobre Las Lamentaciones del genial compositor sevillano.



MIGUEL ÁNGEL VIÑÉ LERMA


Nacido en Madrid, estudia Ciencias Físicas en la Universidad Complutense y música en el Real Conservatorio Superior, especializándose en canto con María Luisa Castellano. Posteriormente, perfecciona su técnica con Ángeles Chamorro.

En su repertorio incluye los más diversos géneros: canto llano, polifonía y música barroca, oratorio, lied, ópera, zarzuela y música contemporánea con obras como Dido y Eneas, El Mesías, Oratorio de Navidad, Pasión según San Juan, Misa de la Coronación, Réquiem, de Mozart, La viuda alegre, Carmina Burana, La del manojo de rosas y un largo etc., con grupos como Alfonso X el Sabio, Capilla Real de Madrid, Sebastián Durón, Grupo Ruymonte, Coro Brahms, Compañía Lírica Española, Orquesta Martín i Soler, Coro Nacional de España y Coro de RTVE, al que pertenece en la actualidad.



TEXTOS


Pange Lingua. Canto llano (Intonarium Toletanum, 1515)


Pange, lingua,
gloriosi Corporis mysterium
Sanguinisque pretiosi,
Quem in mundi pretium
Fructus ventris generosi
Rex effudit gentium.

Nobis datus, nobis natus
Ex intacta Virgine,
Et in mundo conversatus,
Sparso verbi semine,
Sui moras incolatus
Miro clausit ordine.

In supremæ nocte coenæ
Recumbens cum fratribus,
Observata lege plene
Cibis in legalibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat suis manibus.

Verbum caro, panem verum
Verbo carnem efficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus deficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides sufficit.

Tantum ergo Sacramentum,
Veneremur cernui:
Et antiquum documentum
Novo cedat ritui;
Præstet fides supplementum
Sensuum defectui.

Genitori Genitoque,
Laus et jubilatio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedictio;
Procedenti ab utroque
Compar sit laudatio.

Amen.

 


Canta, lengua mía,
el misterio del Cuerpo glorioso
y de la sangre preciosa
que, como rescate del mundo,
fruto de un vientre generoso,
derramó el Rey de las naciones.

A nosotros se dio y para nosotros nació
de una Virgen sin mancilla;
y después de pasar su vida en el mundo,
esparciendo la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
por una admirable institución.

En la noche de la Última Cena,
sentado a la mesa con sus hermanos,
después de observar plenamente la ley
acerca del convite legal,
como alimento para los doce,
se dio a sí mismo con sus propias manos.

El Verbo encarnado, verdadero pan
por su palabra hace de su carne,
y el vino se convierte en la sangre de Cristo.
Y si los sentidos no lo perciben,
al corazón puro para confirmarlo
le basta la sola fe.

Tan grande Sacramento,
Veneremos, pues, inclinados
y el Antiguo Testamento
ceda el puesto al Nuevo Rito;
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.

Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y júbilo,
salud, honor, poder,
acción de gracias y bendición;
Y al que de uno y de otro procede
una gloria igual sea dada.

Amén.


Mirabile Mysterium, de Adrian Willaert (c. 1490-1562)


Mirabile mysterium
declaratur hodie,
innovantur naturae
Deus homo factus est.
Id quod fuit permansit,
et quod non erat assumpsit,
non commixtionem passus,
neque divisionem.

 


Maravilloso misterio
se reveló hoy,
la propia naturaleza se transforma
Dios hizo al hombre.
Lo que era sigue siendo,
y lo que no era lo asumió,
sin sufrir mezcla,
ni división.


Veni sponsa Christi, de Andrea Gabrieli (c. 1510-1586)


Veni sponsa Christi
accipe coronam,
quam tibi Dominus
praeparavit in aeternum.

 


Ven, de Cristo prometida,
toma la corona
que para ti el Señor
ha preparado por siempre.


Maria Magdalene (Lc. 24, 1, 5, 6, 10), de Andrea Gabrieli (c. 1510-1586)



Maria Magdalene et altera Maria
ibant diliculo ad monumentum:
Jesum quem quaeritis non est hic:
Surrexit sicut locutus est,
precedet vos in Galilaeam,
ibi eum videbitis.
Alleluia.

 


María Magdalena y la otra María
salieron al amanecer hacia el sepulcro:
Jesús al que buscáis, no está aquí;
Resucitó, como lo había dicho,
va por delante de vosotros a Galilea,
allí lo veréis.
Aleluya.


Sub tuum praesidium, de Costanzo Festa (c. 1485-1545)



Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris:
sed a periculis cunctis libera nos,
Virgo semper gloriosa et benedicta.

 


Bajo tu amparo
nos acogemos,
Santa Madre de Dios.
No desprecies nuestras súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

Adoramus te, Christe, de Orlando di Lasso (c. 1532-1594)



Adoramus te, Christe
et benedicimus tibi:
quia per tuam sanctam Crucem
edemisti mundum.
Domine, miserere nobis.

 


Te adoramos, oh Cristo
y te bendecimos;
porque por tu santa cruz
redimiste al mundo.
Señor, ten piedad.


Sicut cervus (Sal. 41, 2-4), de Giovanni Pierluigi da Palestrina (c. 1525-1594)



Sicut cervus desiderat
ad fontes aquarum,
ita desiderat anima mea ad te, Deus.
Sitivit anima mea
ad Deum fortem vivum:
quando veniam
et apparebo ante faciem Dei?
Fuerunt mihi lacrymae meae
panes die ac nocte,
dum dicitur mihi quotidie:
Ubi est Deus tuus?

 


Como el ciervo desea
las corrientes de agua,
así te desea mi alma, ¡oh Dios!
Sedienta está mi alma
del Dios vivo.
¡Ay! ¿Cuándo tornaré
y veré de Dios la cara?
Mis lágrimas se han hecho ya
pan mío noche y día,
mientras diariamente me repiten:
¿Dónde está ese Dios tuyo?


Aleph. Quomodo sedet (Lam. 1. 1-3), Cristóbal de Morales (c. 1500-1553)



Et factum est
postquam in captivitatem ductus est Israel et Hierusalem destructa est:
sedit Hieremias flens
et planxit lamentationem hanc in Hierusalem et dixit:

Aleph.
Quomodo sedet sola civitas plena populo:
facta est quasi vidua
domina gentium,
princeps provinciarum facta est sub tributo.

Beth.
Plorans ploravit in nocte
et lacrimae eius in maxillis eius.
Non est qui consoletur eam
ex omnibus charis eius.
Omnes amici eius spreverunt eam,
et facti sunt ei inimici.

Gimel.
Migravit Judas propter afflictionem,
et multitudinem servitutis.
Havitavit inter gentes,
nec invenit requiem.
Omnes persecutores eius
apprehenderunt eam inter angustias.
Hierusalem, Hierusalem,
convertere ad Dominum Deum tuum.

 


Y sucedió que
después que Israel fue llevado cautivo
y quedó Jerusalén destruida,
estaba sentado el profeta Jeremías
llorando y lamentándose por Jerusalén
y dijo:

Aleph.
¡Qué sola ha quedado la ciudad antes populosa!
Ha quedado como viuda desamparada
la señora de las naciones,
la soberana de las provincias es ahora tributaria.

Beth.
Inconsolable llora toda la noche
y corren lágrimas por sus mejillas.
No hay quien la consuele
entre todos sus amantes.
Todos sus amigos la han despreciado
y se han vuelto enemigos suyos.

Gimel.
Emigró y se dispersó Judá por verse oprimida con muchas maneras de esclavitud.
Fijó su habitación entre las naciones,
mas no halló reposo.
Todos sus perseguidores
la estrecharon por todas partes.
Jerusalén, Jerusalén,
vuélvete hacia el Señor tu Dios.


Concinat plebs fidelium, de Andrés de Torrentes (c. 1510-1580)


Concinat plebs fidelium
virginale praeconium
matris Christi vestigium
et novitatis gaudium.

Pauperum primogenita
dono caelesti praedicta
obtinet supra merita
praemia vitae reddicta.

Novum sidus emicuit
candor lucis apparuit
nam lux quae lucem influit
Claram clarere voluit.

Virginis huius merito
laus patri sit ingenito
gloria unigénito
virtus summa paraclito. Amen.

 


Canten las personas fieles
alabanzas al virginal
rastro de la madre de Cristo
con alegría y frescura.

Primogénita de los pobres,
prometido don celestial,
obtienes por tus méritos
la recompensa de la vida.

Una nueva estrella brilló,
claridad de luz aparecida,
porque la luz fluye ligera:
Clara quería brillar.

Virgen de los méritos,
¡Alabado sea el Padre nacido!
¡Gloria al unigénito!
¡Poder al Paráclito! Amén.


Iesu corona virginum (Is. 28. 5), Alonso de Tejeda (c. 1540-1628)



Iesu corona virginum,
quem mater illa concipit,
quae sola virgo parturit,
haec vota Clemens accipe.

Quia pascis inter lilia,
septus choreis virginum,
sponsas decorus gloria,
sponsisque reddens praemia.

Gloria tibi Domine,
qui surrexisti a mortuis,
cum Patre et Sancto Spiritu
in sempiterna saecula. Amen.

 


Jesús, corona de las vírgenes,
concebido por esa madre,
que es la única de nacimiento virginal,
acepta clemente nuestras oraciones.

Porque paces entre los lirios,
entre coros de vírgenes,
adornada de gloria como las novias,
bríndanos el regalo de tu amor.

Gloria a ti, Señor,
que resucitaste de entre los muertos,
con el Padre y el Espíritu Santo
por siempre y para siempre. Amén.


Asperges me (Sal. 50. 9,3), de Ginés de Boluda (c. 1550-1592)



Asperges me:
Domine hyssop et mundabor.
Lavabis me et super nivem dealbabor.

Ps/. Miserere mei Deus: secundum magnam misericordiam tuam.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto:
sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula saeculorum. Amen.

 


Rocíame,
Señor con el hisopo y quedaré limpio.
Lávame y quedaré más blanco que la nieve.

Ps/. Ten piedad de mi, oh Dios,
según tu gran misericordia.
Gloria al Padre y el Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre,
y por los siglos de los siglos.
Amén.


Vivo ego dicit Dominus, Alonso Lobo (c. 1555-1617)



Vivo ego dicit Dominus
nolo mortem peccatoris,
sed ut magis convertatur et vivat.

 


Yo vivo, dice el Señor,
y no deseo la muerte del pecador,
sino que se convierta y viva.


Vivo ego dicit Dominus, de Alonso Lobo (c. 1555-1617)



Vivo ego dicit Dominus
nolo mortem peccatoris,
sed ut magis convertatur et vivat.

 


Yo vivo, dice el Señor,
y no deseo la muerte del pecador,
sino que se convierta y viva.


Dulcissima Maria, de Francisco Guerrero (c. 1528-1599)



Dulcissima Maria,
amore tuo langueo,
quia suavis et benigna es.
Vultum tuum deprecabuntur
omnes divites plebis.
Pulchra es virgo Maria,
et macula non est in te.
Audi nos sanctissima,
et intercede pro nobis
ad Dominum Iesum Filium tuum
Dominum nostrum.

 


Dulcísima María,
languidezco por tu amor,
porque eres dulce y amable.
Implorarán tu favor
todos los ricos del pueblo.
Hermosa eres, oh virgen María,
y no hay mancha en ti.
Escúchanos, santísima,
e intercede por nosotros
al Señor Jesús, tu Hijo,
nuestro Señor.


Quam pulchri sunt (Cant. 7. 2, 5 y Cant. 4. 1, 4), de Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611)



Quam pulchri sunt gressus tui,
filia principis!
Collum tuum sicut turris eburnea,
oculi tui divini,
et comae capitis tui
sicut purpura regis,
quam pulchra es,
et quam decora, carissima.
Alleluia.

 


¡Qué hermosos son tus pies,
hija del príncipe!
Tu cuello como torre de marfil,
divinos tus ojos,
y la cabellera de tu cabeza
como púrpura de reyes.
¡Qué hermosa eres
y qué encantadora, amadísima!
¡Aleluya!

Información de entradas
SAN LORENZO DE EL ESCORIAL
Capilla de Nuestra Señora Santa María de Abantos
12 de agosto - 20:00 horas
Entrada libre hasta completar aforo
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