Clásicos en verano

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HUMBERTO QUAGLIATA

HUMBERTO QUAGLIATA


MINIATURAS PARA PIANO EN EL SIGLO XX ESPAÑOL
Sobre la obra

Intérprete

Humberto Quagliata, piano



Programa*

Manuel de Falla
(1876-1946)

Pour le Tombeau de Claude Debussy

Federico Mompou
(1883-1987)

Muchachas en el jardín

Rodolfo Halffter
(1900-1987)

Naturaleza muerta con teclado

Xavier Montsalvatge
(1912-2002)

Sí, a Mompou

Ramón Barce
(1928-2008)

Preludios en nivel Mi

Carmelo Bernaola
(1929-2002)

Homenaje a Falla

Cristóbal Halffter
(1930)

El ser humano muere solamente cuando lo olvidan

Luis de Pablo
(1930)

Pieza I

Claudio Prieto
(1934)

Juguetes para pianistas

Francisco Cano
(1939-2013)

Fantasía

Tomás Marco
(1942)

Fantasía

Tomás Marco
(1942)

Fetiches

Daniel Stéfani
(1949)

Macumba

José Luis Turina
(1952)

Bocetos

Consuelo Díez
(1958)

Se ha parado el aire

Manuel Balboa
(1958-2004)


* "El fin de toda música buena es conmover el alma" (Claudio Monteverdi). El programa se interpreta sin interrupción

Entreacto y Danza satánica

Notas al programa


La pequeña forma para piano en el siglo XX español.- La música consigue a través de la forma un signo sensible que convierte el proceso sonoro en un objeto individualizado. Sólo a través de la forma la obra musical se hace única y característica y por eso, desde antes del Barroco, todos los compositores han ahondado en el repertorio de formas musicales. Las grandes formas enmarcan los grandes objetos sonoros (sinfonías, sonatas…) pero, desde siempre, los compositores descubrieron que el mundo de la pequeña forma tenía una atractivo especial.

La pequeña forma no es más fácil que la grande, sólo es más breve. A cambio, exige un esfuerzo enorme de concentración y precisión y, al no recurrir a grandes esquemas preestablecidos, necesita más originalidad y, a veces, obtiene más espontaneidad y expresividad. Todos los grandes compositores de todas las épocas han sido tentados por la pequeña forma y nos han dejado en ella auténticas obras maestras.

El presente programa es una completa antología de la pequeña forma en el piano español desde el arranque del siglo XX a la actualidad con una muestra absolutamente paradigmática. Comienza con la aproximación magistral de Falla seguida por un ejemplo poético de Mompou. La Generación del 27 está representada por Rodolfo Halffter, el miembro exiliado de la familia, tan español desde México. Como intergeneracional de la posguerra, un músico tan personal como Montsalvatge. Sigue la Generación del 51, la de la renovación vanguardista, con el mundo abstracto de Ramón Barce, los homenajes de Carmelo Bernaola y Cristóbal Halffter y la experimentación de Luis de Pablo. De los autores posteriores a ésta promoción, pero intermedios con las nuevas, hay ejemplos muy diferentes de Prieto, Cano y Marco mientras la generación que nace en torno al 50, es decir, la de la actual madurez, muestra los perfiles de Stéfani, José Luis Turina, Consuelo Díez y el tempranamente desparecido Balboa.

Un programa de este tipo resulta todo un reto interpretativo. No sólo porque vierte en un solo trazo todo un siglo de música sino porque la sucesión de épocas, estilos, estéticas y técnicas es vertiginosa y diversificada. Cada pieza necesita ser abordada desde sus propias circunstancias creativas y eso exige del intérprete un esfuerzo y una capacidad técnica y expresiva fuera de lo común. Pero al propio tiempo es una ocasión de disfrute para el público para quien estas miniaturas componen una gran forma de recital.


TOMÁS MARCO

Cuando en agosto de 1976 el pianista uruguayo Humberto Quagliata vino a España para asistir en Santiago a los Cursos de Música en Compostela, acababa de cumplir 21 años: había nacido en Montevideo el 16 de julio de 1955. Sin embargo ya podía presentar una trayectoria de varios años de notable carrera juvenil en Sudamérica: a los 18 años había alcanzado la máxima titulación en la especialidad de Piano, un año antes había ganado el primer premio de la especialidad en el Concurso de Juventudes Musicales; había dado conciertos a solo y en formaciones camerísticas, había iniciado su actividad docente y había actuado para emisoras de radio y televisión. Precisamente su debut se había producido en la RTV uruguaya cuando contaba diez años de edad.

Sin embargo un artista joven, cuando aúna ilusiones y ambición, cuando no se conforma con tener como techo aquél bajo el cual se ha formado, está condenado a pasar bastantes años iniciando su carrera. Busca el ámbito físico y artístico para la expansión de su actividad, se busca a sí mismo. Así, iniciando, buscando, buscándose, vino Quagliata a Santiago de Compostela. Su formación en Uruguay había sido sólida. Fue alumno de Delia Martini, Hugo Balzo, Nybia Mariño y Fanny Ingold. Como es característico de los buenos alumnos en cualquier disciplina, tiempo y lugar, Quagliata no se limitó a aprender la manera de mejor dar las notas, sino que buceó en la propia experiencia de sus maestros. Nybia Mariño le transmitía la que había acumulado en su contacto con Claudio Arrau, como éste le hablaría a ella de su maestro Martín Krause, y éste le transmitiera a Arrau su experiencia junto al gran Franz Liszt. Por su parte, Hugo Balzo había conocido personalmente y trabajado con compositores como Khachaturian, Ravel, Stravinsky, Falla y Casella, con el director Erich Kleiber, con maestros del teclado como Wanda Landowska, Robert Casadesus, Alfred Cortot, Marguerite Long y los españoles Ricardo Viñes y José Iturbi. Aquel bagaje impresionaba al joven Quagliata, a la postre músico además y antes que alumno de piano. Maestros de sus maestros, bien en Europa o bien en clases magistrales dadas a sus pasos por Montevideo o Buenos Aires, habían sido también Arthur Rubinstein, Marcel Ciampi, Ives Nat, Lazare Lévy y Edwing Fischer.

Bien aprendida esta lección que sólo llega a los escogidos, Humberto Quagliata no llegó a Música en Compostela solamente para dejarse llevar por lo que contaran en clase, de su música o del piano, los maestros Rodolfo Halffter y Federico Mompou. Se propuso profundizar en la inmensa experiencia musical que albergaban ambos, y muy en especial Mompou, por cuya música sentía y siente nuestro intérprete una especialísima fascinación. Su maestro Balzo, sin estar allí, ayudó a Quagliata a establecer el contacto personal, pues Balzo y Mompou habían mantenido gran amistad cuando coincidieron en París en sus años mozos, por añadidura, Hugo Balzo fue el primer pianista en interpretar la música de Mompou en la América Latina. Tras el contacto, vendría la amistad con la que el viejo maestro catalán enriqueció al joven pianista uruguayo. Ella dará calor a los conciertos que Quagliata tiene comprometidos para 1993, año del centenario de Mompou, y en los que ofrecerá su música en Londres, Berlín, Viena, Tel Aviv, Sidney, Pekín, Tokyo, Buenos Aires y Nueva York.

Entramos así en una de las características más notables que configuran la personalidad de Humberto Quagliata. Si sus interpretaciones son cordiales, entregadas, apasionadas, es porque cordial, entregada y apasionada es su relación con la música y con los músicos. Oír hablar a Quagliata del tema melódico de las Jeunes filles au jardin, de Mompou, o de cómo enseñaba Balzo o de aquel concierto que escuchó a Arrau, es prácticamente un espectáculo de afecto y gratitud desbordados. Recuerdo una ocasión, en Las Palmas, en que me ofrecí a presentarle al hijo del pianista José Cubiles: no cabe imaginar una reacción más cordial si, en lugar de Cubiles, se hubiera tratado de un antepasado suyo, un viejo y querido familiar al que nunca hubiera podido conocer personalmente; el estreno de las Noches en los Jardines de España parecía formar parte de su propia existencia… Es fácil imaginar con qué grado de franca admiración, de casi veneración hacia sus personas, se acercaría Quagliata a artistas, como Mompou, en el último tramo de su gloriosa existencia: Andrés Segovia, Ernesto Halffter, Federico Moreno Torroba…, todos los cuales le han distinguido con su amistad, o a otros en la plenitud de su madurez, como Alicia de Larrocha o Nikita Magaloff.

La otra característica definitoria de Quagliata está indisolublemente ligada a la anterior: es su dedicación a la música contemporánea, muy especialmente a la española. Quagliata, desde su adolescencia, sintió atracción por España y por la música española que desde allí pudo conocer. Una vez aquí, el contacto con partituras y sobre todo, el contacto personal con los músicos fueron perfilando una intensa dedicación profesional. Sin embargo, también para esta operación venía Quagliata de su tierra especialmente preparado. El cuenta, y así es, que durante su carrera de estudiante mantuvo relación permanente con los estudiantes de composición y se prestó con frecuencia a estudiar y presentar lo que aquellos escribían para piano. Una vez más, la enseñanza de Hugo Balzo iba a influir decisivamente, pues no sólo animaba a sus discípulos en esta dirección sino que había predicado con el ejemplo: él fue quien estrenó en París las Tres danzas argentinas que acababa de escribir, a sus 21 años de edad, un joven compositor que, años después, reconocería el papel de aquel concierto en el arranque de su reconocimiento en Europa. El joven compositor se llamaba Alberto Ginastera.

Así se configuró, durante los años ochenta, la línea de actuación del pianista uruguayo. Su carrera internacional le lleva regularmente a importantes escenarios de todo el mundo, a razón de aproximadamente un centenar de conciertos al año. El Carnegie Hall y el Auditorio de la ONU en Nueva York, el Hall de las Américas de Washington, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Teatro Nacional de Brasilia, la Pinacoteca Virreinal de México, el Chuo Kaikan Hall de Tokyo, el Teatro de los Campos Elíseos de París, la Suisse Romande de Ginebra, la Fundación Gulbenkian de Lisboa, las Filarmónicas de Leningrado y de Sofía, la Asociación de Compositores de Moscú, el centro de Arte Contemporánea de Varsovia, la Academa Chigiana de Siena, el Castel Sant’Angelo de Roma, más los españoles, más los centros de enseñanza donde toca e imparte cursos especializados, más emisoras de RTV americanas, europeas y orientales, han conocido actuaciones de Quagliata en las que sistemáticamente se difunde música pianística española, desde la postromántica hasta el mismísimo hoy, pasando por la etapa nacionalista de los primeros lustros de siglo. Quagliata es destinatario de un buen número de partituras que los compositores españoles le han dedicado: desde el veterano Moreno Torroba -quien le dedicó su última composición, un concierto para piano y orquesta titulado Fantasía Castellana, que Quagliata estrenó en el Teatro Real, con la Orquesta Nacional de España dirigida por García Navarro, el 21 de enero de 1983- hasta autores jóvenes de carrera incipiente pasando por Tomás Marco, de cuya obra pianística es Quagliata avezado y frecuente intérprete. Una grabación de Quagliata que reúne obras pianísticas a él dedicadas por Miguel Alonso, Ramón Barce, Francisco Cano, Tomás Marco, Alfredo Aracil, Manuel Balboa y Daniel Stéfani, publicada con el título de “Piano español contemporáneo”, quedará como el primer Compact Disc aparecido con música española contemporánea, esa materia por la cual, según ha escrito Tomás Marco, el uruguayo Humberto Quagliata ha hecho “más que la mayoría de los pianistas españoles juntos”.


JOSÉ LUIS GARCÍA DEL BUSTO
MADRID, AGOSTO DE 1991



HUMBERTO QUAGLIATA


En 1995 S. M. el Rey de España, Don Juan Carlos I lo condecoró por su labor de difusión de la música española contemporánea en conciertos y grabaciones, a lo largo de tantos años y por el mundo entero, otorgándole el Título de Caballero de la Orden del Mérito Civil.

Con motivo de esta condecoración la célebre pianista Alicia de Larrocha le envió a Humberto Quagliata el siguiente mensaje: “Humberto: si hay alguien que debe estar reconocido y admirado, ese, ¡eres tú! Ricardo Viñes en su tiempo fue el que dio a conocer las obras para piano de Debussy, Ravel, Falla, etc., y tú, con el entusiasmo y talento que te caracterizan, has hecho y haces lo mismo llevando por el mundo la música de nuestros compatriotas! Todos tus colegas estamos (especialmente yo) orgullosísimos de la distinción que te han otorgado”.

Humberto Quagliata se ha presentado en las más importantes salas de conciertos de los cinco continentes, en recitales y como solista de orquestas, habiendo realizado ya más de 2.000 conciertos, algunos de los más importantes son: Teatro Alla Scala (Milán), Carnegie Hall (New York), Théâtre des Champes - Elysèes (Paris), Teatro Colón (Buenos Aires), Mozarteum (Salzburgo), St. Martin-in-the-Fields (Londres), Chuo Kaikan Hall (Tokio), Hochschule für Musik (Viena), Fundación Gaudeamus (Amsterdam), Conservatorio Chaikovski (Moscú), Filarmónica de San Petersburgo, Teatro Real y Auditorio Nacional de Música (Madrid), Sala Ernest Ansermet (Ginebra), Musikinstrumenten - Museum (Berlín), Accademia Musical Chigiana (Siena), Beijing Concert Hall (Pekín), Sala Cecilia Meireles (Río de Janeiro), Old Mutual Hall Unisa (Pretoria 1996), The Opera House (Sydney), India International Centre Auditorium (Nueva Delhi)...

La crítica internacional lo considera uno de los máximos exponentes del pianismo hispanoamericano de su generación, heredero de los grandes nombres que Sudamérica ha dado, desde el genial Claudio Arrau pasando por Martha Argerich, Daniel Barenboim, Bruno Leonardo Gelber, Nelson Freire y Roberto Szidon.

El pianista Humberto Quagliata nació en Montevideo (Uruguay) el 16 de julio de 1955.

Ha sido alumno de Delia Martini, Nybia Mariño, Hugo Balzo, Fanny Ingold profesores que a su vez han trabajado junto a celebridades universales como Ravel, Stravinsky, Falla, Kachaturian, Rubinstein, Cortot, Arrau...

Debutó a los 10 años de edad en la RTV Uruguaya provocando la admiración y asombro de la crítica y el público, siendo este el inicio de su brillante carrera internacional. A la edad de 17 años obtiene el Primer Premio del Concurso de Juventudes Musicales y con solo 18 años obtiene el título de Magisterio de Piano.

También Quagliata ha estudiado la obra de Alberto Ginastera y Federico Mompou con los propios compositores.

Ha grabado varios discos, solo y con orquesta, que son difundidos por las más importantes cadenas de Radio del mundo.

Frecuentemente compositores escriben especialmente para Quagliata dedicándole sus obras.

Es constantemente invitado a impartir “master-class” y cursos en conservatorios, universidades y centros docentes, como por ejemplo: Academia Federico Chopin de Varsovia, Universidad de Los Ángeles (Estados Unidos), Universidad de Nueva York, Universidad Federal de Rio de Janeiro, Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos), Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Complutense de Madrid, Cursos Etruria de Roma, Conservatorio Nacional de Buenos Aires, Academia de Música de la Universidad del Zagreb, Instituto Cubano de la Música, Universidad Metropolitana de Santiago de Chile, etc. www.humbertoquagliata.com



Información de entradas
MADRID
Escuela Técnica Superior de
Ingenieros de Telecomunicación de la
Universidad Politécnica de Madrid
9 de julio - 19:30 horas
Entrada libre hasta completar aforo
wai-aa
Madrid Ciudad Digital
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