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Fotografía de Jean-Philippe Walter.
Algunos aspectos de protección de datos relativos a la utilización de datos biométricos en el sector privado.
La utilización de la biometría no está ya esencialmente reservada a sectores específicos como la persecución o la represión penal. Se generaliza y se extiende a numerosas aplicaciones, tanto en el sector público como en el privado. La biometría no es solamente una técnica, sino, principalmente, una característica propia de todo ser vivo. Hay una tendencia a la banalización de los datos personales procedentes del ser humano. La biometría presenta riesgos en lo que respecta a los derechos y libertades fundamentales y, por tanto, es un tema de gran entidad para la protección de datos. Puede igualmente ser un instrumento de protección de la vida privada (PET).
Jean-Philippe Walter. Doctor en Derecho. Adjunto al Comisario Federal de Protección de Datos de Suiza.

La recogida y el tratamiento de datos biométricos deben realizarse desde el respeto a las exigencias de protección de datos, y en particular de sus principios básicos (especialmente licitud, buena fe, finalidad, proporcionalidad, seguridad y derechos de las personas concernidas). La biometría no es la solución a todos nuestros problemas de securización de sistemas de información o instalaciones delicadas. Es preciso mantener la prudencia en cuanto a los usos que pueden hacerse de la misma. En el sector privado, la utilización de la biometría como medio de autenticación es a menudo suficiente. No se recurrirá a la biometría más que si no hay otros medios menos intrusivos de conseguir el objetivo deseado, o bien si la propia biometría es un instrumento de protección de los datos. En caso de recurrir a la biometría, se dará preferencia a los elementos biométricos que limiten el riesgo de uso abusivo, tal como los que no dejan rastro. Los sistemas de información biométricos deben ser objeto de procedimientos de certificación y auditoría de protección de datos.

1. Generalización y banalización de la biometría.

Durante mucho tiempo la biometría estaba reservada a sectores específicos, y ha sito utilizada casi fundamentalmente en el campo de la Justicia, y en particular de la persecución y represión penal con fines de identificación. Para el común de los portales, la toma de huellas digitales tenía – y todavía tiene – una connotación policial y penal. Para muchos de nosotros, la biometría pertenecía, hace todavía poco, a las novelas de espionaje o de ciencia ficción. Hoy, la utilización de la biometría tiene tendencia – y no sólo a causa de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 – a generalizarse, e incluso a banalizarse.

Los métodos de examen de la identidad de una persona que tenga acceso a campos sensibles en términos de seguridad y confidencialidad son hoy esenciales, especialmente en un entorno abierto como Internet[1]. Las aplicaciones biométricas ya no se limitan al campo de la lucha contra el crimen y el terrorismo o la garantía de la seguridad pública[2]. La utilización de la biometría está cada vez más extendida en el sector de la inmigración y del control de fronteras. Se expande igualmente a toda la sociedad civil, en procedimientos automatizados de autenticación y de identificación que van desde el acceso a un comedor escolar, pasando por el pago de un título de transporte en un ferry, al control de tiempo de trabajo, prueba de presencia o al control de acceso a instalaciones o sistemas informáticos. La biometría podría así reemplazar nuestros códigos de acceso a los ordenadores o cajeros automáticos. Podría permitir realizar transacciones seguras a través de Internet, y hacer superfluas nuestras tarjetas de crédito. Esta banalización, que hace del cuerpo una contraseña, se ve reforzada por el descenso de los costes y el desarrollo de nuevas tecnologías que amenazan con favorecer una proliferación de aplicaciones diversas y de bases de datos biométricas. Está igualmente promovida por la comodidad de algunas de estas aplicaciones. “El campo de aplicación de estas técnicas se extiende sin cesar gracias a los progresos realizados en la calidad y miniaturización de los dispositivos de captura, así como en el incremento de la potencia de los microprocesadores”[3]. Las preocupaciones de seguridad no son así objeto exclusivamente de las autoridades públicas, sino que conciernen igualmente a las empresas, especialmente en conexión con el acceso a informaciones o instalaciones sensibles.

La biometría es en sí la forma más antigua de identificación: todo hombre es reconocible a través de su rostro. Lo que hace atractiva a la biometría es la posibilidad de almacenamiento de las informaciones en bases de datos.

La biometría se basa en el análisis de datos relacionados con el individuo, y puede clasificarse en tres grandes categorías:

- El tratamiento basado en el análisis morfológico, tal como las huellas digitales, la forma de la mano, la red venosa de la retina o el iris;

- El examen de las trazas biológicas, tales como el olor, la saliva, la orina, la sangre o el ADN.

- El tratamiento basado en el análisis de comportamientos, como la dinámica de trazado de una firma o el golpeo sobre el teclado de un ordenador[4].

El proceso de reconocimiento biométrico[5] es como regla general siempre el mismo. Se obtiene inicialmente una muestra de referencia, que se registra en una base de datos (es la fase de alistamiento). A partir del tratamiento de esta muestra, se crea y almacena una huella en relación con una identidad declarada. Esta obtención inicial puede hacerse con conocimiento y participación de la persona concernida. Ésta puede también intervenir sin su conocimiento, especialmente en la toma de huellas digitales a partir de objetos o de captura de imágenes (fotos, vídeo). Para reconocer a una persona, se procede a continuación a una segunda recogida de muestra biométrica cuya huella será comparado con la huella de referencia. En caso de equivalencia, el reconocimiento es positivo.

El recurso a la biometría presenta ventajas para las empresas y las personas concernidas[6], en la medida en que los sistemas ofrecen un alto grado de fiabilidad:

- Identificación positiva, especialmente en el marco de transacciones comerciales;

- Lucha contra el fraude en la utilización de tarjetas de crédito;

- Prevención del robo de identidad;

- Reestablecimiento de la identidad;

- Seguridad de datos (acceso a los datos);

- Autenticación de datos (cifrado de datos mediante una clave biométrica);

- Control de acceso físico;

No debería sin embargo verse en la biometría la solución a todos nuestros problemas de securización de sistemas de información o de instalaciones sensibles. Es preciso continuar siendo prudentes en cuanto a los usos que pueden hacerse. Esta técnica tiene tendencia a crear una falsa sensación de seguridad, derivada especialmente del carácter público y no repudiable del dato biométrico, de la multiplicación de bases de datos biométricos y de las posibilidades relativamente escasas de usurpación de la identidad de una persona[7].

El recurso a la biometría presenta por otra parte riesgos en cuanto al respecto de los derechos y libertades fundamentales, y es por consiguiente un tema de gran entidad para la protección de datos.

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