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Domingo, 27 de mayo de 2018

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Logo AELC Se entiende por suelo la capa superior de la corteza terrestre, situada entre el lecho rocoso y la superficie, compuesta de partículas minerales, materia orgánica, agua, aire y organismos vivos. Constituye la interfaz entre la tierra, el aire y el agua, lo que le confiere la capacidad de desempeñar funciones naturales y de uso.


La importancia del suelo radica en las numerosas funciones que desempeña, tanto ambientales como económicas, sociales y culturales. El documento de la Comisión Europea “Hacia una estrategia temática para la protección del suelo” (COM (2002), 179) define las principales funciones del mismo, que se resumen en:
  • Es fuente de alimentos y producción de biomasa.
  • Constituye uno de los principales factores para la protección del agua y de intercambio de gases con la atmósfera.
  • Constituye el hábitat de numerosos organismos, desempeñando funciones ecológicas esenciales.
  • Sirve de base a las actividades humanas y constituye un elemento del paisaje y del patrimonio cultural de la humanidad.
  • Es fuente de materias primas.

Algunas de las características que diferencian el suelo de otros recursos son las siguientes:

  • Es un recurso prácticamente no renovable, con una cinética de degradación relativamente rápida y tasas de formación y regeneración extremadamente lentas.
  • Tiene una gran capacidad de almacenaje y amortiguación, debida en gran parte a su contenido en materia orgánica. Dicha capacidad está relacionada tanto con el agua, los minerales y los gases como con un gran número de contaminantes químicos. Cuando se superan los umbrales de irreversibilidad de almacenaje y amortiguación de éstos en el suelo, se produce su liberación y distribución en otros medios.
  • Es un medio vivo con gran biodiversidad. La actividad biológica contribuye a determinar la estructura y fertilidad del suelo y resulta fundamental para que pueda realizar algunas de sus funciones.
  • A diferencia del aire y el agua, el suelo es un recurso que está generalmente sujeto a derechos de propiedad.

En el ámbito de la Unión Europea, la degradación del suelo (entendida como la pérdida de la capacidad de realizar las funciones que le son propias) tiene actualmente las siguientes causas principales: la erosión, la pérdida de materia orgánica, la contaminación, el sellado, la compactación, la reducción de la biodiversidad, la salinización y ciertas catástrofes naturales (inundaciones y deslizamientos de tierras).

Dado que muchas de estas causas se dan simultáneamente en numerosos suelos, la consecución de una política en pro de la sostenibilidad del suelo exige la adopción de una estrategia integrada para su protección.

En particular, la incorporación al suelo de agentes contaminantes por encima de su capacidad de amortiguación supone la contaminación del mismo y la posible contaminación de las aguas subterráneas, lo cual puede dar lugar a una limitación de algunas de las funciones de aquél (en especial, su uso).

La presencia en el suelo de elementos tóxicos para la salud humana y/o los ecosistemas supone un riesgo que, de ser inaceptable, exige la implantación de medidas correctoras acordes con las características del caso. La acumulación de sustancias tóxicas en el suelo tiene con frecuencia un origen antrópico, pero también puede ocurrir de manera natural.

La protección del suelo en el ámbito internacional

La preocupación explícita por su degradación y conservación por parte de organismos internacionales se remonta a unos 30 años atrás.

La Carta Europea de los Suelos, aprobada por el Consejo de Europa en 1972, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano (1ª Conferencia del PNUMA, Estocolmo 1972) empiezan a poner de manifiesto la preocupación por la degradación y contaminación del suelo como consecuencia del desarrollo humano.

La Carta Mundial de los Suelos de la FAO (1981) y la Política Mundial del Suelo del PNUMA (1982) persiguen el fomento de la cooperación internacional para el uso racional del recurso suelo y reflejan la preocupación por su degradación. En ellas se establecen los principios de actuación para la explotación de los suelos de forma sostenible y las directrices para la formulación de políticas nacionales.

Por otro lado, la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 ha marcado un hito histórico en cuanto al compromiso internacional en el ámbito de la protección del medio ambiente. En el marco de la misma se desarrolló el Convenio sobre la Diversidad Biológica, estableciendo un compromiso de conservación de la diversidad biológica y de la utilización sostenible de sus componentes (entre los que se encuentra el suelo) y de los recursos genéticos.

La importancia de los ecosistemas terrestres queda recogida en la Convención Marco sobre el Cambio Climático de 1992, en la que se reconoce su papel como sumideros de gases de efecto invernadero y se señala que la degradación del suelo y sus cambios de uso inciden negativamente en el aumento global de las emisiones de gases de efecto invernadero. En esa misma línea, el Protocolo de Kioto (1997) promueve el desarrollo sostenible e invita a todas las partes a aplicar políticas y medidas de protección y aumento de los sumideros de gases de efecto invernadero.

En cuanto a las problemáticas específicas de la erosión de los suelos y de la pérdida de suelo agrícola a nivel mundial, la Convención de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (1994) marcó como objetivo prevenir y reducir la degradación del suelo, rehabilitar las zonas que están parcialmente degradadas y recuperar las que se hayan desertificado.

La conciencia de la comunidad internacional respecto a la necesidad de proteger el suelo es cada vez más evidente, como lo ponen de manifiesto las iniciativas y compromisos políticos y legales para la protección de los recursos y del medio ambiente (Nairobi 1997, Malmö 2000, Johannesburgo 2002).

En el ámbito de la Unión Europea (UE), aunque muchas de sus políticas afectan al suelo y algunas de ellas velan por su protección (aún no siendo éste su objetivo principal), todavía no existe legislación europea específica para la protección del mismo. A este respecto las políticas más importantes son, entre otras, las de medio ambiente, agricultura, desarrollo regional, transporte, investigación y desarrollo. Por su relevancia cabe mencionar las Comunicaciones de la Comisión COM (1998) 42, sobre una estrategia comunitaria en materia de biodiversidad, y COM (2002) 88, sobre políticas y medidas de la UE para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: hacia un Programa Europeo sobre el Cambio Climático (PECC).

También cabe resaltar que el Sexto Programa de Acción Comunitario en Materia de Medio Ambiente (Decisión 1600/2002/CEE), dada la importancia de los suelos y la necesidad de frenar su degradación, instó a la elaboración de una estrategia temática sobre la protección de los suelos («la estrategia»), la cual hace especial hincapié en prevenir la contaminación, la erosión, la desertización, la degradación del suelo, la ocupación de terrenos y los riesgos hidrogeológicos.

La Comunicación de la Comisión Europea COM (2002) 179, “Hacia una estrategia temática para la protección del suelo”, es la primera que aborda de forma específica esta cuestión. La Comisión señalaba las ocho amenazas principales que afectan a los suelos de la Unión Europea: la erosión, la pérdida de materia orgánica, la contaminación, la salinización, la compactación, la pérdida de la biodiversidad del suelo, el sellado, los deslizamientos de tierras y las inundaciones.

La Directiva 2004/35/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de abril de 2004, sobre responsabilidad medioambiental en relación con la prevención y reparación de daños medioambientales, establece un marco de responsabilidad medioambiental basado en el principio de «quien contamina paga» para la prevención y la reparación de los daños medioambientales, especificando los daños al suelo, es decir, cualquier contaminación del suelo que suponga un riesgo significativo de que se produzcan efectos adversos para la salud humana debidos a la introducción directa o indirecta de sustancias, preparados, organismos o microorganismos en el suelo o el subsuelo. En este sentido obliga a realizar una acción preventiva y una acción reparadora de los daños al suelo.

Con respecto a “la estrategia” que el Sexto Programa de Acción Comunitario en Materia de Medio Ambiente (Decisión 1600/2002/CEE) instó a elaborar, la Comunicación de la Comisión Europea COM (2006) 231, “Estrategia temática para la protección del suelo” , desarrolla la misma con el objetivo de la protección y la utilización sostenible de los suelos, en función de los siguientes principios rectores: Prevención de la degradación del suelo, conservación de sus funciones y restauración del suelo degradado para devolverle un nivel de funcionalidad que corresponda al menos a su utilización actual y prevista, considerando asimismo las repercusiones financieras de la restauración del suelo. En lo que se refiere a la gestión de la contaminación, se prevé un enfoque basado en el esquema que se puede ver en la galería de imágenes.

Esta estrategia se plasma en la Propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo, COM (2006) 232, por la que se establece un marco para la protección del suelo y se modifica la Directiva 2004/35/CE. En el Consejo de Ministros de medio ambiente de la Unión Europea celebrado el 20 de diciembre de 2007 no se llegó a un acuerdo sobre la nueva directiva, posponiéndose los debates con futuras presidencias.

Por último resaltar que el Séptimo Programa Marco de Investigación y Desarrollo Tecnológico (2007-2013) (Decisión 1982/2006/CE) incluye un capítulo que permite apoyar las actuaciones de investigación sobre la protección y las funciones del suelo.






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