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Jueves, 19 de octubre de 2017

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NUEVE DÉCADAS DE TOREO EN LAS VENTAS


El primer festejo taurino celebrado en la plaza de toros de Las Ventas tuvo lugar el 17 de junio de 1931, fecha en que quedó inaugurada la plaza. Fue una corrida de toros, organizada por el entonces alcalde de Madrid, Don Pedro Rico, con el fin de recaudar fondos destinados a paliar las dificultades por las que atravesaban los muchos desempleados que habitaban en la ciudad. Los diestros que tomaron parte fueron Diego Mazquiarán “Fortuna”, Marcial Lalanda, Nicanor Villalta, Fausto Barajas, Luís Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa “Armillita” y Manuel Mejías “Bienvenida”, siendo el primer toro que saltó a la arena “Hortelano”, de la ganadería del Duque de Veragua.

Fue una inauguración de la plaza prematura, ya que los accesos al recinto presentaban muchas dificultades para los aficionados y hubo que adecuarlos apresuradamente. Por ello, la inauguración oficial de la plaza se retrasó hasta el 21 de octubre de 1934, con una corrida de toros en la que con toros de Doña Carmen de Federico, antes Murube, intervienen las principales figuras de aquel entones: Juan Belmonte, Marcial Lalanda y Joaquín Rodríguez “Cagancho”.

Esta primera temporada formal de la plaza de toros la integraron tres festejos: dos corridas de toros y una novillada. Ya en 1935 se organizó una temporada continuada, compuesta continuado, compuesto por 47 festejos, de los cuales 23 fueron corridas de toros y 24 novilladas.

Precisamente en 1935, en el segundo de los festejos celebrados, se registra el primer herido en el coso, concretamente el novillero Félix Almagro, quien, desgraciadamente sería herido mortalmente el 13 de julio de 1939, en uno de los primeros festejos celebrados en el ruedo de Las Ventas, al término de la Guerra Civil.

El 22 de septiembre de 1935, se vistió de luces por última vez en este ruedo Juan Belmonte, apodado el “Pasmo de Triana”, dejando constancia de su innegable arte, al cortar las dos orejas y el rabo a un toro de la ganadería de Coquilla. Una semana más tarde se despedía del toreo, aunque reaparecería años más tarde como rejoneador.

Se crea la Feria de San Isidro

La actividad taurina en la plaza de toros de Las Ventas queda momentáneamente suspendida tras una novillada celebrada el 22 de julio de 1936. Cuatro días antes, el 18 de julio, había estallado la guerra civil. Durante tres años, la plaza de toros de Madrid se convirtió en una inmensa huerta, destrozándose su mobiliario interior. Acabada la contienda, el 1 de abril de 1939, en apenas dos meses se rehabilitó el edificio y el ruedo y los toros vuelven a la Monumental el 24 de mayo con una corrida de toros llamada “de la Victoria”, en la que hicieron el paseíllo Marcial Lalanda, Vicente Barrera, “El Estudiante”, Pepe Amorós, Domingo Ortega, Pepe Bienvenida y Antonio Cañero.

El inicio de la nueva década de los años cuarenta se caracteriza por celebrarse más novilladas que corridas de toros, debido, principalmente, a la delicada situación en que había quedado la cabaña brava española como consecuencia de la contienda bélica referida.

A lo largo de los años sucesivos se producen una serie de hechos que van a marcar de forma definida la vida de la plaza. Así, por ejemplo, se produce el relevo de las generaciones toreras marcadas por Marcial Lalanda que se despide del toreo y surgen con gran fuerza diestros como Manuel Rodríguez “Manolete”, Pepe Luís Vázquez y Luis Miguel “Dominguín”.

Manuel Rodríguez “Manolete” tuvo destacadas actuaciones en el ruedo de Las Ventas, destacando por encima de todas la faena realizada el 6 de julio de 1944 a un sobrero de la ganadería portuguesa de Pinto Barreiros, por nombre “Ratón”.

Pero quizás, en 1947 tuvo lugar un hecho de relevancia para la vida de la plaza, cuando Don Livinio Stuyck crea la Feria de San Isidro, un ciclo continuado de corridas de toros, lo que supuso el espaldarazo definitivo al prestigio de la Monumental de Las Ventas, que la convirtió en la plaza de toros más importante del mundo.

Brillantes años 50 y 60

En la década de los años cincuenta y sesenta surgen diestros de gran trascendencia histórica como Julio Aparicio, Rafael Ortega, Miguel Báez “Litri”, César Girón, Manolo Vázquez, y por supuesto Antonio Ordóñez, cuyos éxitos continúan en los años sesenta. Los tendidos de Las Ventas se van a llenar como nunca. En verdad algunos escritores la llaman la segunda edad de oro del toreo, porque a los nombres ya citados se añaden toreros de gran valor y calidad como Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, Antonio Chenel “Antoñete”, Diego Puerta, Paco Camino, Santiago Martín “El Viti”, Curro Romero y Manuel Benítez “El Cordobés”, a los que sucederán otros que también tendrán mucho que decir en la década siguiente: Francisco Rivera “Paquirri” y Sebastián Palomo Linares.

Los años setenta son años de incertidumbre política, de agitación social y ello se traduce en un mayor carácter reivindicativo de los públicos, alentados por una nueva crítica taurina. Es una década polémica, pero en la que también ocurren hechos claves como fue la aparición de un gran ganadero que se convierte en el referente del toro bravo, fiero y al mismo tiempo capaz de embestir muy humillado y con nobleza: Victorino Martín.

En el capítulo personal, aparte de los ya citados, hay que destacar otros nombres que serán decisivos e históricos como Francisco Ruiz Miguel, Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”, Julio Robles, Ortega Cano y José María Manzanares.

Jóvenes que dan continuidad

En la década de los años ochenta se produce el retorno a los ruedos de grandes toreros clásicos cuyas maneras contrastan con las de los nuevos valores. Pero los primeros años ochenta son los de la aparición de la primera generación de toreros surgidos de las escuelas de tauromaquia, como José Cubero “Yiyo”, tan prematuramente desaparecido, y José Miguel Arroyo “Joselito”, y también de los éxitos de Paco Ojeda y la confirmación de los ya citados Ortega Cano y “Niño de la Capea”, como toreros del gusto y aprecio de Madrid, junto con otros como Roberto Domínguez, José Antonio Campuzano y Juan Antonio Ruiz “Espartaco”.

No podemos olvidar al hacer este repaso de los años ochenta, la posición privilegiada que alcanza Victorino Martín, culminada con el indulto del toro “Belador” en la corrida de la Prensa de 1982 y en los grandes éxitos en las corridas de San Isidro y, especialmente, en la recordada “la corrida del siglo” celebrada el 1 de junio de 1982 en la que salieron a hombros junto al propio ganadero los diestros Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar, después de que al cuarto toro se le premiara con la vuelta al ruedo.

La recta final del pasado siglo (años 90), estuvo marcada, sin duda alguna, por el equilibrio entre las novedades, representadas por el torero colombiano César Rincón, Enrique Ponce, José Tomás, “Morante de la Puebla” y la joven veteranía de “Joselito”. Ya a finales de esta época surge la figura de Julián López “El Juli”.

Es ya el panorama del toreo en el nuevo siglo en el que la plaza de Las Ventas cumplió su primer 75 aniversario, consolidada como el gran ruedo soñado del toreo para los éxitos de toreros y ganaderos. Y con el siglo XXI ya han surgido otras figuras que mantienen vivo el interés por nuestra Fiesta como, por ejemplo, el francés Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera o Alejandro Talavante, por citar algunos diestros.







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