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Según el responsable del programa de inmigración de Nueva Zelanda, a nadie que entre en el país se le tomarán las huellas dactilares, sino que la medida va dirigida, inicialmente, a aquellas personas que soliciten el status de refugiado, en especial aquéllas sin documento de identidad o sin pasaporte. Este país tiene almacenadas cerca de 4.700 huellas de gente que ha intentado entrar en el país de forma ilegal durante varios años.
El sistema ayudará a combatir el fraude y reforzará la seguridad en la frontera mediante la identificación temprana de personas con historial delictivo o que usan identidad falsa. Unas 130 identidades falsas son detectadas en la frontera de Nueva Zelanda cada año.
El programa se extenderá para incluir chequeos con el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, bajo el paraguas de la “Conferencia de los Cinco Países”, la cual desarrolló un sistema para asegurar la correspondencia entre huellas dactilares de personas de interés.
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