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En Aragón "no se denuncian muchos" casos, pero "existe lo que se denomina policialmente cifra negra, que es la cantidad de delitos que no se denuncian", como el acoso escolar o sexual por las redes sociales, explica el jefe del Grupo de Delitos Tecnológicos (GDT) de la Policía Nacional, cuya identidad prefiere mantener en el anonimato.
"Hay una gran cifra negra porque mucha gente no lo denuncia, fundamentalmente, por miedo, respeto o pudor de (los menores) contárselo a sus padres", agrega el jefe del GDT, unidad encuadrada en la brigada provincial de la Policía Judicial.
El pasado 4 de noviembre un joven de 25 años fue detenido en Huesca por la Guardia Civil, acusado de un delito de amenazas y coacciones a una menor a través de Internet y del teléfono móvil.
En Zaragoza, diez días después, la Policía Nacional detuvo a otro joven de 21 años como supuesto autor de amenazas "muy graves" a la vida, integridad y libertad sexual de una joven zaragozana de su misma edad y de su familia.
En ambos casos la Policía y la Guardia Civil los resolvieron utilizando las mismas armas que los delincuentes: la propia web, rastreando pacientemente las "huellas" cibernéticas hasta dar con los dos sospechosos.
A diferencia de otros delitos en los que los agentes disponen de pruebas de ADN o huellas dactilares, en la web se rastrea la dirección IP de un ordenador, una huella que no es anónima, como se piensan los delincuentes, y que "tarde o temprano" permite dar con el autor de las amenazas, dice a Efe Antonio González, portavoz de la Comandancia de la Guardia Civil de Aragón.
El jefe del GDT corrobora que "los delitos informáticos siempre dejan rastros" y solo es cuestión de tiempo y un trabajo riguroso de expertos informáticos para dar con los delincuentes cibernéticos en estos casos y en general.
El Grupo de Delitos Telemáticos (GDT) de la Guardia Civil se pasa las 24 horas del día rastreando Internet a la búsqueda y captura de delincuentes cibernéticos y lo mismo hace su par de la Policía Nacional.
En el caso de las amenazas a menores, se parten de las denuncias de los acosados o "de oficio" si se detectan que son graves.
En el Código Penal español "no figuran los delitos cibernéticos, pero sí otra serie de delitos semejantes a los que se pueden cometer en Internet", como las coacciones, amenazas o suplantación de un estado civil, que son también "perseguibles de oficio" y se aplica para ellos el Código Penal, afirma González.
González también dice que muchos menores son reacios a denunciar las amenazas por sentir "vergüenza" ante la posibilidad de verse expuestos en la red o en su entorno, pero al final acaban haciéndolo cuando "se dan cuenta" de que tienen padres, profesores y otros medios por los que pueden comunicar esas "incidencias", afirma.
Entre estas últimas cita la página web de la Guardia Civil o del GDT, que son públicas, y a través de las cuales se pueden formular denuncias vía Internet.
La Guardia Civil ha difundido una serie de consejos básicos para evitar el acoso como descargar actualizaciones de seguridad aunque ralenticen el equipo informático, control parental y no dar detalles a los desconocidos.
"No podemos dar cualquier tipo de información", dice González. "Internet no nos garantiza un anonimato completo. Al final todo se sabe y esa es otra de las cosas que tenemos que concienciar" a los menores, agrega.
Para ser aún más claro, González aplica el refranero español: "Al que mucho quiere saber dile poco, mal y al revés".
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