Casos resueltos
    Telefonía móvil, tintorerías, vivienda, transporte, lápidas, ordenadores..., el sistema arbitral de consumo resuelve cada año miles de casos de todos los ámbitos. Los tribunales de arbitraje estudian las reclamaciones de los consumidores y las alegaciones de las empresas reclamadas dando la razón a uno, a otro o a los dos. Las decisiones del tribunal (laudos) son de obligado cumplimiento. En esta página se exponen casos reales de arbitrajes celebrados en la Comunidad de Madrid.

    Además, también puede consultar los laudos emitidos y registrados en años anteriores: 

    Mascotas

     
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    Un perro no es un producto cualquiera
    Mascotas
    Perro
    El consumidor El consumidor adquirió en una tienda un cachorro de perro raza pomerania, que manifestó síntomas de enfermedad desde la misma fecha de la compra, con diarrea, garrapatas, etc. La tienda mantuvo el animal dos días en observación, sin detectar problemas. Un mes después, el cliente llevó el cachorro a otro veterinario, que comprobó que padecía una lesión grave y “soplo holosistólico evidente a la auscultación cardiaca”, según el informe veterinario.
    La empresa La empresa le ofreció sustituir el animal por otro de la misma raza, pero el cliente no lo aceptó por no tratarse de un producto sino de un ser vivo. Este solicitó la devolución del coste de adquisición del perro o que la tienda asumiera los gastos veterinarios que pudieran derivarse de la enfermedad durante la vida del animal.
    El colegio arbitral El tribunal arbitral estimó parcialmente la pretensión del reclamante: se quedaría con el perro y la tienda le devolvería la mitad de lo pagado en la compra. Rechazó el pago del tratamiento de por vida por no ser jurídicamente viable.
    El perro que no tenía pedigrí
    Mascotas
    perro
    El consumidor En este caso, el reclamante compró un perro con pedigrí y solicitó el certificado correspondiente. La empresa, sin embargo, tardó semanas en responder y lo hizo entregando al cliente un documento que el reclamante no aceptó por considerar que no cumplía las exigencias legales de este tipo de certificado.
    La empresa La empresa reclamada alegó que había tardado en entregar el certificado porque era un duplicado del original, que había extraviado. También argumentó que, de no estar conforme con la acreditación, debería ser el cliente quien demostrara que el can no tenía el pedigrí solicitado.
    El colegio arbitral El colegio arbitral estimó que la empresa había vendido un animal como si fuera de pedigrí sin cumplir las exigencias vigentes (inscripción del perro en el libro de orígenes español, entrega al cliente de un certificado del veterinario del país de origen donde constara el número de tatuaje o microchip, etc.). Por ello, determinó que el perro quedara en poder del cliente y que la empresa le devolviera 240 de los 360 euros que había pagado.
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