Nuestro gusto por estar bronceados, puede, si no se adoptan las medidas de precaución y seguridad precisas, desencadenar un problema importante de salud. El bronceado artificial presenta unas características que le hacen más peligroso que el bronceado natural, aunque este no está tampoco exento de peligro.
Se trata de aparatos que llevan emisores para la exposición de la piel a las radiaciones ultravioletas. Estos emisores son lámparas que emiten fundamentalmente radiaciones UVA y en menor proporción radiaciones UVB. Si bien en general predominan las emisiones UVA, que son las más inofensivas, últimamente estas lámparas han sido diseñadas para producir mayores niveles de UVB, con el objeto de asemejarse a las radiaciones solares y así acelerar el proceso de bronceado. Según las normativas de aplicación:
Es importante considerar que si estas lámparas no pasan los controles pertinentes, no se regulan de una manera adecuada o simplemente con el paso del tiempo, pueden empezar a emitir cantidades excesivas de radiación UVB. Incluso si sufren averías o su mantenimiento no es correcto, pueden emitir radiaciones UVC, radiaciones mucho más peligrosas para la salud.
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