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Miércoles, 23 de agosto de 2017

...debes asegurarte de que tus gafas de sol cumplen con la normativa comunitaria

gafas de sol
El uso de unas gafas de sol sin la debida protección pueda causar problemas oculares irreversibles por una exposición prolongada al sol.
Los beneficios terapéuticos del sol son reconocidos por los estudios científicos, ya que estimula la producción de vitamina D y mejora la circulación de la sangre. Sin embargo los ojos pueden sufrir daños irreversibles por una exposición prolongada al sol sin la adecuada protección.


La legislación europea regula los requisitos que deben cumplir las gafas de sol mediante normativas sobre protección para uso general, para ámbito laboral (profesionales cuya actividad requiera el uso de láseres, arcos voltaicos, etc.) y para deportes de alta montaña. Según los expertos, las gafas deben absorber un espectro luminoso que permita ver bien sin daño o con un daño mínimo para el ojo. Utilizar unas gafas sin los debidos controles sanitarios puede provocar conjuntivitis e incluso quemaduras en los ojos.

Las conjuntivitis llamadas actínicas son las provocadas por un exceso de sol; reciben el nombre de "surumpe", un término acuñado en Perú para referirse a las inflamaciones oculares que sufrían las personas que atravesaban los Andes nevados, donde la luz está poco filtrada por la atmósfera y tiene fuerte intensidad ya que el reflejo de la nieve incrementa la luz.

Una larga exposición mirando al sol concentra la luz en el centro de la retina y puede provocar un punto de quemadura, que si es ligero retrocede en unos días, pero cuando es intenso puede provocar una quemadura permanente en el punto de fijación. La radiación luminosa es acumulativa, es decir, el exceso de luz recibido en la infancia y juventud se traduce en lesiones cutáneas y oculares en la edad adulta y la vejez.

Los rayos de sol más agresivos son los ultravioletas. Las gafas de sol adecuadas tienen cristales protectores que absorben estas iluminaciones, y suelen ser de color rosado y amarillento. Además, deben carecer de irregularidades que incrementen la distorsión de la luz y disminuyan la agudeza visual.  Uno de los errores más frecuentes es la creencia de que una lente oscura dilata más la pupila y forzosamente deja penetrar en el ojo más luz ultravioleta de la necesaria, y por lo tanto obliga a una mayor protección. Realmente, no hay una relación paralela entre la luz visible que dejan pasar unas gafas (que está en función de su oscuridad y de sus colores), y la cantidad de luz ultravioleta que deja pasar.

Cuando compres tus gafas de sol debes comprobar el etiquetado antes de adquirirlas, de forma que se adecuen a la legislación vigente. Las gafas de sol están consideradas como equipos de protección individual (EPI), y cuentan con una normativa nacional (Real Decreto 1407/1992, modificado por R.D 159/95) que incorpora la Directiva Comunitaria 89/686/ CEE.

Las gafas de sol deben incorporar el marcado "CE" sobre el propio artículo, y si no fuera posible por razón de dimensiones, en el folleto informativo. Éste acredita la conformidad del artículo con las exigencias de sanidad y seguridad. En el folleto informativo de las gafas de sol debe constar el nombre y dirección del fabricante y/o su mandatario en la Unión Europea, así como las instrucciones de uso, limpieza, almacenamiento, mantenimiento, revisión y desinfección.

Asimismo, se debe informar sobre las clases de protección adecuadas a los diferentes niveles de riesgo y límites de uso correspondientes, indicando el número de categoría del filtro (puede ser 1, 2, 3, y 4) y limitaciones de uso. Para los de categoría 4 se deberá indicar la advertencia "no conveniente para la conducción de automóviles y usuarios de la carretera", con todas sus letras o mediante pictograma normalizado. El folleto informativo también contemplará información que permita orientar al consumidor sobre la elección de las gafas que más se ajuste al uso que se les vaya a dar.
 

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