- La creación de una empresa propia.
- Una franquicia.
- Trabajar como autónomo y free lance
Cada una de estas alternativas sigue desarrollos distintos y se ajusta mejor a unas personas que a otras, ya que depende de la idea de negocio, de las inquietudes que tenga el emprendedor y de los objetivos que se persigan.
Empresa propia
Crear una empresa y ser empresario permite tener la libertad de elegir cómo será la empresa, qué producto se va a ofrecer, cómo se va vender, a quién se va a vender, quienes van a ser los colaboradores, etc.
Sin embargo, la mayoría de las personas siguen pensando en emplearse por cuenta ajena porque consideran que hay dificultades infranqueables a la hora de crear una empresa. Las razones más citadas para no plantearse esta alternativa son no tener una idea de negocio y la falta de recursos financieros.
Efectivamente, para poner en marcha una empresa uno tiene que ser capaz de detectar una oportunidad de negocio. En general, la mayoría de las empresas que se crean no se deben a grandes inventos ni a desarrollos científicos muy avanzados, sino que intentan cubrir de manera sencilla necesidades que existen en el mercado. En este sentido, las fuentes para encontrar posibles ideas son muy diversas, desde las páginas de los periódicos, pasando por las aficiones particulares de uno, hasta conversaciones con amigos.
Todos aquellos que están dispuestos a crear una empresa deben investigar las necesidades insatisfechas de las personas, detectándolas y tratando de ponerlas remedio con la creación de su empresa. La mayor parte de las empresas que han tenido éxito en los últimos años se basan en ideas que están al alcance del común de las personas. Lo que diferencia a estos emprendedores de los que no lo son es la voluntad de poner en marcha una empresa que cubra determinadas necesidades.
La otra gran dificultad que encuentran las personas que quieren crear una empresa es la inversión que requiere. Es cierto que para crear una empresa es necesario disponer de recursos económicos, pero hay alternativas empresariales que no requieren grandes cantidades de dinero y que se pueden convertir en negocios de éxito. Así ocurre con un gran número de empresas que se dedican a prestar servicios a particulares o a otras empresas y que nacen con una inversión relativamente pequeña.
Franquicia
La Franquicia es un sistema de colaboración entre una empresa matriz (franquiciador) y otras muchas futuras empresas (franquiciados). La colaboración consiste en la cesión por parte del franquiciador al franquiciado de una marca, producto o servicio, donde el franquiciado es responsable de la inversión inicial y de la gestión del negocio. Dicha colaboración no significa una relación laboral, sino que las dos partes, aun siendo jurídicamente independientes, contraen una relación empresarial bajo la forma del contrato de franquicia.
Una de las ventajas más importantes del sistema de franquicia es la oportunidad que ofrece de acceder al mundo empresarial sin correr demasiados riesgos. El sistema de franquicia supone una salida al desempleo, siendo uno mismo el propio gerente del negocio, pero con el apoyo de toda una red que protege la inversión con el aval de la experiencia vivida, un “saber hacer” adecuado y una imagen de marca probada de antemano.
No todo negocio es franquiciable ni cualquier persona puede ser franquiciador ni franquiciado. Para que un negocio sea franquiciable tiene que ser duradero, no de moda y fácilmente reproducible y transmisible. Con este fin debe probarse en experiencias piloto que demuestren su rentabilidad, además de crearse una imagen de marca con cierto peso y notoriedad entre los consumidores. Sólo de esta manera el franquiciador puede juzgar la seguridad del negocio y trazar objetivos a medio plazo.
Estas experiencias piloto contribuyen a formar lo que podría ser la carta de presentación de la franquicia. A este respecto, se debe concretar la fórmula exacta del negocio mediante planes de financiación, estudios de mercado y rentabilidad, sistema de gestión, know how y estudio del producto. Sólo bajo esta fórmula será posible convertirse en franquiciador y ofrecer al futuro franquiciado seguridad, rentabilidad y garantía del negocio.
El franquiciado, aunque será dueño de su propio negocio, tendrá que someterse a decisiones empresariales que influyen por completo a toda la red. Ello no restará su actitud emprendedora, ya que deberá dedicar buena parte del día a la gestión de su negocio.
La franquicia, como proyecto empresarial, tiene más ventajas que inconvenientes. Para el franquiciador la expansión de su idea de negocio a través de una red de franquicias supone revestirse de una mayor fuerza para competir en un mercado que, en el caso de actuar solo, le supondría invertir más tiempo y dinero. Para el franquiciado es emprender un negocio con un mínimo riesgo, ya que su viabilidad está probada, además de contar con la experiencia y el saber hacer adecuado. Como inconveniente está la limitación en la toma de decisiones, renunciando al perfil del empresario innovador y aventurero.
Trabajo autónomo o free lance
La idea tradicional del trabajo presupone el pertenecer a una empresa, tener un contrato que respalde una serie de garantías sociales y recibir al término de cada mes una compensación económica previamente estipulada.
El hecho es que el mercado de trabajo no puede absorber al número total de demandantes de empleo.
Con un poco de habilidad e ingenio uno puede decidir trabajar para los demás de manera individual. Si estamos seguros de nuestros conocimientos y de lo que queremos hacer, se debe intentar la opción de ofrecer nuestros servicios como trabajador autónomo o free lance.
El trabajador autónomo, en sentido restringido, es aquella persona que se convierte en su propio jefe, que no depende de nadie y que, por lo general, no tiene empleados a su cargo. Es una persona que ejerce la actividad profesional de manera esporádica, ocasional o de forma permanente para empresas o, excepcionalmente, para particulares. En sentido amplio, trabajador autónomo es aquella persona que crea su propio negocio y que está sometido a un régimen específico de Seguridad Social.
Los trabajadores autónomos y los free lance son personas que ejercen su actividad profesional por libre, que tienen que buscar clientes y convencerlos de que ellos pueden cubrir una parte de sus necesidades de producción.
Algunas profesiones que se ajustan a este perfil son: periodistas, médicos, psicólogos o abogados que montan su propia consulta o despacho; diseñadores o maquetadores que trabajan para quien les encargue un trabajo acorde con sus conocimientos profesionales; fotógrafos de prensa o de eventos (bodas, bautizos, etc.); traductores; intérpretes; correctores de textos; etc.
Cada día es mayor la tendencia empresarial a la contratación de servicios externos o a la subcontratación, ya que en muchas ocasiones es más rentable que incorporar personal a la plantilla.