Las Nuevas
Tecnologías y la Educación
¿Cómo
será la educación en el futuro?, artículo de
Esteban Serrano Marugán ("Aula libre" de El País
Digital)
¿Cómo
será la educación en el futuro ? ( El País
Digital )
(20-03-2000)
Esteban Serrano Marugán
"Vaya pregunta! Somos
capaces de abrir un debate apasionante sobre el futuro de la educación cuando
el presente es bastante preocupante
Ordenadores, Internet, libros
electrónicos, códigos de barras, programas interactivos educativos, pizarras
de cuarzo líquido..., ciencia ficción. Lo que sí son datos reales es que
actualmente el 75% de los españoles no va al teatro nunca, el 92% jamás
asistió a un concierto de música clásica y la mitad nunca lee libros. Y
nosotros, empeñados en informatizar a diestro y siniestro. ¡Cómo somos!
Observando el panorama
actual, un día cualquiera en un instituto del futuro podría transcurrir así:
1ª hora. Asignatura
de desordenar. "El alumno debe conseguir entender que la realidad no es la
pantalla del ordenador".
El profesor se esfuerza para
convencer a sus muchachos de que las montañas tienen tres dimensiones; que
conducir un coche no es jugar al Rally-3000 de la consola; que no hace falta
alimentar a los dinosaurios porque ya no existen. En cambio, sí hay que cuidar
a los linces y a los osos, y lo que se ve en el cielo por la noche, más allá
de las farolas, son estrellas y planetas.
2ª hora. Asignatura
de comunicación con otros seres humanos. "El alumno debe conseguir las
habilidades mínimas para hacerse entender por sus semejantes. Diferenciar
claramente los códigos de habla con máquinas y con seres humanos".
El profesor se esforzará
para que sus alumnos hilvanen frases de más de dos palabras:
"Por favor, ¿puede
moverse, que no veo la pizarra?" en vez de "¡Aparta!".
"¡Ay!, que me
pisas", en vez de "¡Joer!, ¡quita!".
"¿Puede repetir?",
en vez de "¡Quéeeeeeeeee!"
Es muy importante que los
chicos comprendan que el lenguaje empleado en los juegos instalados en sus
ordenadores no es, precisamente, el más idóneo para crear un mínimo clima de
convivencia. También se estudiarán algunos términos en desuso que conviene
recuperar como: por favor, buenos días, gracias, ¿qué tal estás?
3ª y 4ª hora.
Asignaturas de corte clásico. Lenguaje, educación física, matemáticas,
ciencias naturales, informática, geografía e historia, filosofía, música,
dibujo, etcétera.
Entre las horas 3ª y 4ª
habrá un descanso de treinta minutos, en el que permanecerá cerrada la sala de
ordenadores. En este recreo se fomentarán chats reales que consisten en chats
tipo Internet, pero viendo, incluso tocando, al que dialoga contigo.
5ª hora. Asignatura
de estudio. El alumno dedica esta hora a estudiar la asignatura que quiera. En
todo momento habrá profesores de todas las materias a su disposición, además
de ordenadores conectados en red, mesas para trabajar en grupo, amplia
biblioteca y todos los medios a su alcance. En la pared habrá un cartel que
dice: "Aprender requiere esfuerzo". Antes, en épocas pasadas, los
alumnos tenían la costumbre de estudiar en sus casas por la tarde.
6ª hora. Encuentro
padres-alumnos. Los padres, me refiero a la madre y al padre, tienen que estar
una hora hablando con sus hijos sobre lo que han hecho en el instituto. Los
hijos comentarán lo aprendido y los padres deben preguntarles dudas y
animarlos. En todo momento, durante este diálogo familiar, las televisiones,
ordenadores y radios permanecerán obligatoriamente apagados.
¿Será así el futuro de la
educación? ¿Permitirá la sociedad que se continúe esta degradación
permanente de la enseñanza, en especial de la enseñanza pública? ¿Vendrá
algún Gobierno interesado por la educación? Con ganas de redimirla, con ánimo
de prestigiar, aunque sólo sea un poquito, a los profesores. ¿Habrá
políticos preocupados por sus adolescentes? ¿Habrá algún día ofertas
imaginativas para los que no quieren estudiar? La situación es mala, muy mala,
y parece que la panacea está en un ordenador, ¡qué ilusos! La solución
requiere el esfuerzo de todos.
Y en medio de todo este caos
se encuentran los alumnos, los más perjudicados. Ellos reflejan el mal
comportamiento, la agresividad, el desinterés y todo lo que ven en su ambiente,
en sus casas, en su entorno, que muchas veces es del todo inadecuado para tener
un mínimo de estabilidad que les haga venir a la escuela con actitud positiva.
Pero ¡qué poco puede hacer un profesor en estas condiciones! Políticos,
padres y madres, por favor, preocúpense de sus hijos, todos saldremos ganando.
¿Cómo se puede arreglar
esta situación? Lo primero es concienciarnos de que todos somos educadores.
¿Se han fijado cómo educa la televisión con su bombardeo constante? ¿Y
nuestros políticos con su hipocresía? ¿Y los futbolistas con sus actitudes
chulescas? Lo segundo sería mucho más sencillo. Si la sociedad demanda de los
profesores que seamos los únicos responsables de la formación de sus hijos,
necesitamos contar con 15 alumnos por aula, institutos con no más de 30 grupos,
y un poquito de colaboración de los padres. Así de simple. ¿Por qué no se
hace? Misterio. Hoy por hoy nadie ayuda a los profesores, ni las
administraciones, ni los sindicatos, ni los padres, ni los medios de
comunicación, nadie. Estamos solos.
Esteban Serrano Marugán es
profesor de matemáticas del instituto de enseñanza secundaria África, de
Fuenlabrada (Madrid).
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