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Cuidar, cuidarse y ser cuidado constituyen un conjunto
de actos inherentes a la condición humana y se encuentran directamente
ligados con el mantenimiento y el desarrollo de la vida.
La manera en que sean ejercidas las prácticas de cuidado, impacta
poderosamente no solamente en nosotros y nosotras mismas, sino también
en nuestra práctica profesional siendo en definitiva uno de los
indicadores de salud y seguridad de la sociedad en la que vivimos.
Las personas que desarrollan su labor en el amplio campo de la
intervención social cuidan y trabajan “con otros y para otros”, siendo
esto una gran responsabilidad que en ocasiones se convierte en una carga
que genera situaciones que vivimos con disgusto e incluso con displacer.
Pero el primer círculo que es el del auto cuidado personal en nuestras
actividades cotidianas se relega, e incluso muchas veces, se le despoja
de la importancia que tiene.
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