


Las Rozas es uno de las ciudades residenciales más importantes de nuestra Comunidad y uno de los lugares más deseados por los madrileños para vivir. Y no es de extrañar, gracias a su privilegiada situación geográfica, al pie de la autovía que une la capital con la sierra noroeste, y a las notables infraestructuras de las que está dotada, entre las que destacan sus cinco estaciones ferroviarias.
Las raíces históricas de Las Rozas pueden rastrearse documentalmente ha 1376, aunque no se descarta que el municipio madrileño fuera el Miacum romano, una localidad que el Imperio levantó en el siglo III de nuestra era, al pie de una las principales calzadas que llegaban a la Lusitana.
Lo cierto es que una pequeña aldea con el nombre de Las Rozas existía en los últimos años del primer rey Trastámara de Castilla, Enrique II, cuando precisamente el reino todavía se estaba reponiendo de la terrible guerra civil por el trono. Se trataba, lógicamente, de un asentamiento modesto, de unas decenas de habitantes dedicados a labores agrícolas y ganaderas.
Esta humilde condición de Las Rozas no variaría demasiado en los siglos siguientes, aunque sí se beneficiaría del traslado casi definitivo de la Corte a Madrid en tiempos de Felipe II. Sin embargo, sería casi doscientos años después, en tiempos de Carlos III, cuando la localidad viviría otro de sus hitos históricos, al verse afectado su término municipal por el proyecto del Rey Alcalde de construir un canal navegable entre el río Guadarrama, el Tajo y el Atlántico.
El sueño de Carlos III pronto se abandonó, pero no sin antes haberse construido una presa en Las Matas, como parte del futuro canal real. Todavía perduran hoy los restos de la presa, como testimonio de la voluntad de un rey y un pueblo por realizar grandes empresas de progreso.
Y precisamente en estos años aparecía el asentamiento de Matas Altas, luego conocido por las Matas, y que se formó con los obreros que construían la nueva carretera a Segovia.
Con la llegada del siglo XX, Las Rozas mantenía esa condición de pueblo agrícola y tranquilo, sin que nada presagiara que se iba a convertir en escenario de algunos de los combates más duros de la Guerra Civil. Uno de los resultados de la batalla por Madrid en invierno de 1936 fue la práctica destrucción del Las Rozas, cuya población tuvo que abandonar sus hogares y refugiarse en la cercana sierra.
Sin embargo, tras la guerra Las Rozas fue reconstruido y a partir de los años sesenta experimento un notable desarrollo análogo al que disfrutaron otras localidades de la región. Su población pasó de los apenas tres mil habitantes que tenía en 1960 a los más de sesenta mil que viven hoy.