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En 1946, Picasso establece relación
con el taller de alfarería
Madoura en Vallauris,
cuyos propietarios, Georges
y Suzanne Ramié,
se habían propuesto revitalizar las antiguas tradiciones ceramistas.
A partir de 1947, mientras reside en el Sur de Francia, Picasso acude
regularmente a trabajar en el taller
Madoura, realizando innumerables piezas de cerámica, un medio
que alcanza una auténtica renovación y una inusitada calidad
artística en sus manos, elevando lo que había sido tradicionalmente
una forma de artesanía al rango de auténtica obra de arte.
En su aniversario Picasso le regaló a Arias dos
bacías de barbero, que constituyen un homenaje tanto a la profesión,
a través de la cual se fraguó la amistad entre ambos, como
a su país natal: la fiesta nacional y el Quijote.
Otras piezas de cerámica pintada modelada o impresa con diversas
formas representan escenas taurinas o motivos muy esquematizados. |