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Jorge Robaina

El piano olvidado.

  • Duración aprox: 90'

INTÉRPRETES

Jorge Robaina – piano.

PROGRAMA

PARTE I

Gustavo Pittaluga (1906-1975)
Six danses espagnoles en suite
I, II, III, IV, V, VI

Juan José Mantecón (1895-1964)
Circo
«La serenata del grillo» (rapsodia española)
«El oso triste» (adagio)
«El vals de los mosquitos» (scherzo)

Julián Bautista (1901-1961)
Colores
«Blanco»
«Violeta»
«Negro»
«Amarillo»
«Azul»
« Rojo»

PARTE II

Salvador Bacarisse (1898-1963)
24 Preludios, Op.34



NOTAS AL PROGRAMA

SOBRE COMPOSITORES DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA.

El programa que se presenta hoy ha supuesto para mí un auténtico descubrimiento. Primero, porque el nivel musical de las obras trabajadas es altísimo; segundo, porque al documentarme posteriormente sobre el entorno cultural de la generación a la que pertenecen (el llamado Grupo de los Ocho de Madrid) para escribir estas notas, la admiración que me ha invadido por estos compositores es aún mayor. Su afán de libertad se muestra en el hecho de que adoptaran como credo un «Manifiesto» ―que el propio Pittaluga hizo público en 1930, en este mismo salón en el que hoy nos encontramos― en el que se proponían « hacer música por gusto, por recreo, por diversión, por deporte».

Deseosos de romper las ataduras convencionales, creen en la libertad del individuo y reconocen incluso que las diferencias entre los integrantes del grupo son su atractivo: «ocho músicos que, por casualidad, somos amigos». «Si para nuestro goce son necesarias las séptimas o las segundas, las emplearemos lo más y mejor que podamos, pero si la ocasión llega propicia, allí encontraréis el acorde perfecto, puesto con idéntico entusiasmo que la disonancia...» Sobre la técnica de composición, Pittaluga afirma que ésta debe ser «al propio tiempo férrea y flexible; si no se renueva constantemente no hay lenguaje posible para el músico nuevo. […] El compositor de hoy debe olvidar tanto los viejos tratados como los nuevos, pero después de haberlos aprendido».

El programa que voy a interpretar se limita a cuatro de los miembros del grupo, pero he intentado que todos ellos estén representados con obras interesantes, sobre todo desde el punto de vista pianístico (es decir, obras originales para piano y con un alto interés instrumental). De la misma manera, aunque no es este el espacio en el que cabe complacer del todo mis deseos, la información que me gustaría dar aquí es inmensa. Haré pues un breve análisis sobre cada una de las obras del programa con la esperanza de que, poco a poco, estos autores dispongan de la divulgación necesaria y merecida para que su música no requiera de notas al programa más extensas que las que requeriría la Iberia de Albéniz.

Six danses espagnoles en suite, de G. Pittaluga, escritas en el año 1935, es una obra muy querida por su autor. Pittaluga se las envió a Falla, junto con otra obra para piano (Ricercare), para que éste le diera su opinión e hiciera las correcciones que creyera convenientes. El maestro contestó alabando la «gracia», la «transparencia sonora» y el «firme abolengo» de las danzas, y sugiriéndole la adaptación orquestal de algunas de ellas. Cuando su autor fue enviado a Washington en 1937 y permaneció allí exiliado, realizaba la siguiente valoración de su obra en una carta dirigida a J. Iturbi, en la que le pedía ayuda: «Desde el punto de vista de la evolución de la propia opinión estética, o de la propia personalidad, si se prefiere, creo que las Seis danzas, el Capricio y el Concerto ―y precisamente por ese orden― pudieran tener algún interés», para añadir, quejándose: «Tanto las danzas como el Capricio se han tocado poco ―sólo en París y Barcelona― que yo sepa...». El estreno de la obra corrió a cargo de L. Querol. La obra se enmarca en la corriente neoclásica, siguiendo las líneas marcadas por Stravinsky, pero en el caso de Pittaluga siempre con el nacionalismo como fondo. Escribía: «Mi esfuerzo tiende a crear una música en la cual necesariamente se reconozca la nacionalidad, el estilo de nuestra tradición, una música española, pero con carácter universal. Lo pintoresco, lo popular, nunca forma parte de mi música de una manera directa. No se podría reconocer en mi obra ningún motivo popular». Las danzas relacionadas tonalmente (la I, la III y la VI, en la tonalidad de la menor) están dedicadas a La Argentinita, bailarina de la época. El repique de las castañuelas es hilo conductor de todas ellas. Con una escritura clara y concisa, es en el «fugado» entre las dos manos donde radica sobre todo su dificultad. La primera, alegre y extrovertida, como la cuarta; la segunda y la quinta, más líricas, y la tercera y la sexta, combinando los dos estilos. Recuerdan en complicaciones pianísticas a Scarlati (saltos y cruces de manos rápidos, repetición de notas...). Se trata de una obra que debe recuperarse para el repertorio habitual español.

Circo, de J. J. Mantecón, constituye ―junto con dos sonatinas― la única pieza para piano del autor. Publicada por la editorial Música Española con una divertida portada del ilustrador Daniel, su segundo número, «El oso triste», formó parte del programa del concierto en el que se leyó el manifiesto del grupo. Es la obra más divertida de todas las que componen el programa de hoy. Los giros españolistas del primer número (rasgueo de guitarra, temas castizos), la representación del numero circense del oso (su andar pesado, sus rugidos, la melodía a cuyo son debe bailar) en el segundo, o la ligereza de los mosquitos con su zumbido evanescente dentro de una estructura que no se rige por un patrón tonal, forman parte del «humor» que Mantecón intentó introducir en España por influencia del «Grupo de los Seis» francés. Visualmente, la partitura recuerda a Satie hasta en las indicaciones del tipo «baila la mona» o «con ganas de terminar».

Colores, de Julián Bautista, es una obra absolutamente impresionista. Compuesta entre 1921 y 1922, su lenguaje es el de los modelos franceses (Debussy y Ravel). El recurso a las escalas pentatónicas y a los giros orientalistas la convierte en una obra bellísima, en la que el autor consigue representar los distintos colores musicalmente.

El «Blanco», como primer número, lienzo donde pintar, recuerda en su inicio, inmediatamente, a la promenade de Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. El «Violeta» es un color de misterio, con una dualidad entre sus partes brillantes y sus partes oscuras. El «Negro», triste y sombrío, con acordes dolorosamente pesados. La luminosidad predomina en el «Amarillo», con un juego pentatónico en las teclas negras del teclado (¿recordando a la China, quizás?) y gran brillantez, con compases de cinco por ocho... cinco notas, cinco partes. El «Azul», obra que representó a su autor en el famoso concierto que acogió la lectura del «Manifiesto» del Grupo de los Ocho en esta misma Residencia de Estudiantes, es de nuevo un color tranquilo, evocador del mar ―para mí, del Mar Mediterráneo―, en el que se usan de nuevo las escalas de cinco notas que nos transportan a las playas griegas... Para finalizar, la pasión y la sensualidad del «Rojo», brillante colofón de una obra asombrosa por su capacidad evocadora. Escrita con una inteligencia pianística deslumbrante, es probablemente la menos «española» de las obras del programa de hoy, y algunos de sus números, quizás, los más interpretados hasta ahora.

Los «24 preludios» de Salvador Bacarisse, compuestos en París en 1941, durante la ocupación alemana, y dedicados a Óscar Esplá, constituyen una de las obras más interesantes de su autor y, desde el punto de vista pianístico, un auténtico compendio de dificultades. Fueron estrenados por L. Querol en Barcelona, en 1953. A pesar de algún detalle impresionista, la obra se enmarca dentro de una estética neoclasicista (al estilo de Stravinsky, a quien se le hace un guiño en el primer preludio con una secuencia que parece sacada de Petruschka). Siguiendo los modelos de Bach, primero, y de Chopin, después, recorre en esta obra todas las tonalidades, empezando por do mayor, luego do menor, sol mayor, sol menor, y continúa así hasta acabar con el numero veinticuatro, en fa menor, y una coda, repetición del numero uno en do mayor.

El conocimiento que muestra del instrumento es excepcional. Algunos de los preludios son auténticos estudios centrados en una dificultad concreta (octavas en el XI, melodía con el dedo cuarto y quinto de la mano derecha en el VI, pase del pulgar en el XVIII, polifonía en el IX, saltos de acordes en el VIII o el mismo I, con acordes repetidos para la relajación de la muñeca). Además, se aprecian guiños a compositores del pasado en muchos de ellos, sobre todo a Chopin (IV, XII, XX, XXII), a Scriabin (IX), a Mendelsohn (XVI)… En algunos incluye las dificultades rítmicas que luego usará Ligetti, como en el VII, en el que introduce ritmos diferentes para las dos manos, o en el X, con ligeras escalas descompasadas. Aparece el humor con la melodía del Big Ben en el XIII, o la sorprendente inmovilidad de la nota si bemol en el XXI. No hay auténticos rasgos españoles en ninguno de ellos, exceptuando el ritmo de habanera del número V, o el ritmo ternario del número XV, lo que da muestra de esa voluntad universalista del autor y de su gusto por la experimentación. Su estudio me ha reportado, sin embargo, no pocos quebraderos de cabeza (y de dedos).

Jorge Robaina.


JORGE ROBAINA

El pianista canario J. Robaina completó su formación musical en Viena con las máximas calificaciones. Después de ganar varios concursos nacionales e internacionales su carrera la ha llevado a actuar en los más prestigiosos Festivales de música de nuestro país y en salas tan relevantes como la Festspielhaus de Salzburgo, Musikverein de Viena o Philarmonie de Colonia, así como en el Carnegie Hall de Nueva York.

Como solista ha colaborado con la Orquesta Sinfónica de Asturias Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Orquesta Sinfónica de Tenerife, Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo, Orquesta de Córdoba, Orquesta Nacional de España, Orquesta de RTVE, Orquesta de la RTV Polaca, Orquesta de la Región de Murcia, Orquesta de Cámara Sinfónica Húngara y Mozart Orchester de Viena entre otras. Ha trabajado con directores como Charles Dutoit, Victor P.Pérez, A.Witt, Odón Alonso, M.H.Silva, A.Ramírez Iborra , Max Valdés , Ros Marbá y A.Leaper entre otros.

Premio de la revista “Ritmo” por su disco de música para piano de Guridi y el Padre Donostia en 1986. Ha realizado las primeras grabaciones mundiales del Concierto para piano y orquesta de J.J. Falcón Sanabria con la Hungarian Chamber Symphony Orchester, Nostálgico de C. Bernaola y el Concierto para dos pianos y gran orquesta de A. Martín Pompey junto a la orquesta de la RTVE.

Trabaja como Catedrático de Repertorio Vocal en la Escuela Superior de Canto de Madrid e imparte cursos en esta especialidad regularmente en España y Estados Unidos.


Información práctica

  • Arganda del Rey
  • Iglesia San Juan Bautista
  • Sábado, 23 de julio
  • 21:00 h
  • Entrada libre hasta completar aforo
  • Brunete
  • Atrio de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Asunción.
  • Domingo, 24 de julio
  • 21:30 h
  • Entrada libre hasta completar aforo