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En
diciembre de 2000, el
Han
pasado casi seis años y hoy en día disponemos de mucha más información
estadística individualizada sobre los municipios madrileños. Como muestra,
baste citar el esfuerzo realizado dentro del propio
Por
otro lado, el interés sobre la realidad socioeconómica municipal no ha hecho
más que crecer en estos años, tanto como demanda general de información que
realizan los propios ciudadanos, como para servir de apoyo a la toma de
decisiones en el sector público o en el ámbito empresarial. Ya se señalaba en
el estudio anterior que si hay algo que caracteriza el perfil socioeconómico
madrileño es precisamente la falta de homogeneidad de su territorio, las
profundas diferencias existentes que definen una clara especialización
funcional de las distintas zonas de la geografía madrileña, realidad que
continua vigente en el presente.
En
consecuencia, el
La
nueva tipología determina, tanto en el primer como en el segundo nivel, un
esquema indudablemente asentado, en el sentido de que refleja el esquema de
desarrollo que ya se dibujaba en el estudio de 2000. A grandes rasgos es un
modelo coincidente con la zonificación estadística que surgió a raíz de aquel
análisis, aunque indudablemente matiza ciertos aspectos y plantea algunas
líneas de evolución no tan claramente predecibles.
En
primer lugar Madrid se configura con un importante potencial de crecimiento
demográfico y económico que favorece la tendencia al equilibrio territorial;
sea cual sea el modelo de desarrollo que prevalezca a largo plazo, las
diferencias entre zonas cada vez se van acortando en aras a la “mejora”
generalizada de todo el territorio regional.
En
el periodo analizado este desarrollo ha seguido con un movimiento de expansión
centrífugo que modifica y hace menos nítida la línea divisoria centro-periferia
a la vez que convive con una cierta especialización noroeste-sureste.
En
el campo de la demografía urbana algunos autores abogan por dos tesis muy
diferentes; a la teoría del resurgimiento de los grandes centros metropolitanos
se contrapone la del declive de éstos a favor de pequeñas áreas aisladas
ubicadas fuera de su ámbito.
No
resulta fácil apostar por una u otra tesis a partir de los resultados de este
análisis. Por un lado están surgiendo fuera del área delimitada por los
municipios suburbanos, e incluso de su expansión a municipios de la segunda
corona, zonas de asentamientos residenciales que compiten en calidad con los
más tradicionales; es el caso de municipios relativamente alejados del centro
donde se localizan pequeños núcleos urbanos de primera vivienda que atraen a
jóvenes madrileños con altos niveles de formación y renta. Por otro, cada vez
es más frecuente que la continua expansión de los municipios metropolitanos ya
consolidados vaya integrando a estos pequeños asentamientos en su área de
influencia y se termine creando un continuo en el que resulta difícil delimitar
donde empieza y donde acaba una zona.
Tampoco
es claro que se esté produciendo el declive de los núcleos urbanos más
tradicionales. Madrid y las grandes ciudades de la primera corona siguen
mostrando elementos de dinamismo demográfico y económico que no apuntan a la
ralentización de su desarrollo a medio plazo.
Si no se producen bruscos cambios en las tendencias actuales de los movimientos demográficos, económicos y sociales, no parece muy aconsejable pronosticar una sola línea de evolución. Es dentro de ésta hipótesis de continuación del fuerte dinamismo regional en la pueden tener cabida modelos de crecimiento aparentemente contrapuestos pero que conviven en el tiempo tal y como se analiza con detalle en este trabajo.
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