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Me llena de entusiasmo presentar una edición más del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid. Celebro el privilegio de compartir con su extraordinario público mi visión sobre la necesidad e importancia de la creación y las artes como motor de diálogo y encuentro entre mundos aparentemente diferentes, pero que en el fondo comparten las mismas ilusiones. Asumo con agradecimiento la responsabilidad de crear espacios de reflexión en medio del festejo de vida que representa un festival, espacios que serían imposibles sin todas las personas que año con año se entregan para lograrlo.
El arte es el puente perfecto para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos y cómo se unen nuestras historias y nuestros anhelos.
En esta edición del Festival, obviando las fronteras geopolíticas, nos unimos a una celebración histórica: los 250 años de la independencia de Estados Unidos. Un acontecimiento que resuena profundamente en toda América, ya que fue el primer territorio colonial del continente en romper lazos con su metrópoli europea. El año 1776 no solo marcó el nacimiento de una nación, sino el inicio de una era de revoluciones e ideales compartidos de libertad y esperanza que transformaron por completo nuestro mundo.
En esos 250 años, la huella de los creadores estadounidenses en el arte universal es innegable y este año el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid rinde homenaje a esas mentes brillantes que han desafiado lo establecido y que, amalgamando las diferentes raíces de la población de ese extenso territorio, han influenciado las expresiones artísticas y culturales de tantos países. No con una sola cultura norteamericana, sino con las expresiones de cada región y cada ciudad, con sus características muy propias.
¿Quién puede negar la importancia de sus artistas plásticos, de su cine y por supuesto de las artes escénicas o la música, cuya marcada influencia de la cultura afroamericana y latina subyace actualmente en una gran parte de nuestro universo cotidiano?
Así, inauguramos el festival con Since I´ve Been Me, homenaje al poeta portugués Pessoa de Bob Wilson, el genio que revolucionó el teatro contemporáneo al transformar la luz, el espacio y el tiempo en poesía visual. En esta edición rendimos tributo póstumo al pionero en la interdisciplinariedad, que ha permeado en el quehacer de las artes escénicas del mundo, como podremos constatar en muchas de las obras presentadas en esta edición.
Así mismo, es imposible pensar en la juventud actual o en la música global sin reconocer la enorme influencia de los ritmos norteamericanos. Desde las raíces del jazz y el blues hasta la energía del rock, el pop y el hip-hop, la música estadounidense ha moldeado la identidad, las rebeldías y los sueños de generaciones enteras de jóvenes en todo el mundo. Su impacto no se queda solo en los grandes escenarios de vanguardia, vibra también en las calles y en nuestros auriculares. En el Festival vendrá de la mano de artistas y compañías como La Mezcla, Sorvina e Izo FitzRoy. La programación de danza rinde homenaje a esos coreógrafos icónicos que rompieron las reglas del ballet clásico dando vida a la danza contemporánea, representados por sus herederos, los innovadores coreógrafos Faye Driscoll, de California, con el Ballet Cullberg y Trajal Harrell, de Georgia, EEUU, con su compañía, el Zürich Dance Ensemble.
Más allá del foco especial en Estados Unidos, seguiremos mirando hacia todo el continente americano, África y Europa. Países como Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Cabo Verde, Chile, España, Francia, Italia, México, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza y Uruguay dialogarán durante el mes de noviembre en Madrid.
Nos enorgullecemos de presentar producciones que incluyen talento de más de un origen o país, como por ejemplo Deserto, una sensible puesta en escena del director brasileño Luiz Felipe Reis, que nos acerca al chileno Bolaño, uno de los autores más influyentes en lengua española que con su obra y su vida unió su tierra natal, México, España y toda Iberoamérica. O La ira de Narciso, basada en la obra del uruguayo Sergio Blanco y dirigida por Xavier Albertí. Y, por supuesto, seguimos mirando hacia el teatro testimonial, tan importante en Hispanoamérica.
En suma, la 44 edición del Festival de Otoño una vez más promueve el descubrimiento, la inclusión, la reflexión y el diálogo en una invitación abierta a encontrarnos, a emocionarnos y a reconocer los hilos invisibles que nos conectan a través de la cultura.
¡Te esperamos para vivir juntos esta fiesta del espíritu humano!
La imagen del cartel de esta edición es gracias a la generosidad del artista internacional Manel Pujol Baladas, cuya trayectoria y creatividad enriquecen profundamente el panorama del arte contemporáneo.
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