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Alberto Cortés, director de escena y performer malagueño, ha sido definido por parte de la crítica especializada como “enigma escénico” y “torero queer”. Algo que casa a la perfección con declaraciones del propio Cortés sobre su relación con la escena. “En cierto modo la detesto y en esa guerra encuentro mi lugar”. En esta edición del Festival de Otoño esa lucha de la que habla Cortés tendrá presencia con dos obras diferentes: Analphabet y El corazón de Ester.
El corazón de Ester,obra más reciente de Cortés, sigue la estela de sus últimos trabajos en los que la palabra y lo poético funcionan como motor. En esta ocasión, se vale de un relato situado en el siglo XIX que cuenta el descubrimiento de un manuscrito firmado por una tal Ester, joven misteriosa de marcado fervor religioso. El escrito recoge, a través de una serie de diarios y poemas de amor, cómo Ester se desgasta por entregarse a sus amantes y seres queridos hasta que un día acaba desapareciendo sin dejar rastro.
La pieza escénica, generada a la sombra de la historia del manuscrito de Ester, funciona con el formato de confesión abierta ante los espectadores en una especie de ritual y redención. Cuestiona los peligros de la entrega emocional y los del cuerpo del propio Cortés, que reflexiona bajo la presión de la mirada externa sobre eso de ser “vendido” una y otra vez por el mercado capitalista.
El resultado es un cuerpo que, como el de Ester, se va consumiendo por amor, en un ejercicio de desaparición progresiva. La obra, más allá de la tragedia que supone morir de amor, es también una entrega a la audiencia con influencias de Simone Weil, Emily Dickinson, las hermanas Brönte, María Zambrano o Anne Carson. El artista está acompañado por la guitarra de Adriano Galante y de la agrupación vocal proyectoeLe.
Alberto Cortés ya visitó en 2018 el Festival de Otoño con la obra Masacre en Nebraska.