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Pobreza y exclusión social de la Unión Europea


Pobreza y exclusión social en la UE después de Laeken

Indicadores comunes de inclusión social.

En el contexto del Consejo Europeo de Laeken, en diciembre de 2001, se aprobó un primer conjunto de 18 indicadores comunes en el área de la inclusión social que permitirán seguir, de forma comparable, los progresos de los Estados miembros en el cumplimiento de los objetivos comunitarios. Estos indicadores deben considerarse como parte de un conjunto coherente que refleje de manera equilibrada las preocupaciones sociales de la UE. Cubren cuatro dimensiones importantes de la inclusión social (pobreza financiera, empleo, salud y educación) para evidenciar la multidimensionalidad del fenómeno de la exclusión social.

Los 18 indicadores se desglosan en 10 indicadores primarios destinados a abordar los factores de exclusión social identificados como los más importantes y 8 indicadores secundarios que tienen por objeto describir otras dimensiones del problema. Los Estados miembros están igualmente llamados a elaborar, al lado de estos indicadores comunes, en sus planes de acción nacionales para la inclusión social, un tercer nivel de indicadores (no armonizados a nivel europeo), a fin de reflejar las particularidades nacionales y de facilitar la interpretación de los indicadores primarios y secundarios.

Los indicadores monetarios adoptados se calculan sobre los datos del Panel Comunitario de Hogares (PCM). Los indicadores no monetarios provienen de la Encuesta Comunitaria sobre las Fuerzas de Trabajo (EFT) principalmente.

A continuación se esbozan algunos de los resultados obtenidos en los primeros datos presentados.

El 15% de los europeos están expuestos al riesgo de pobreza según datos de 1999

Este porcentaje incluye a las personas que vivían en hogares en los que la renta disponible equivalente era inferior al 69% de la renta mediana equivalente de su país de residencia. Esta cifra, sin embargo, enmascara considerables diferencias entre Estados miembros, ya que varía desde el 9% en Suecia al 21% en Grecia o Portugal.

El riesgo de pobreza es un concepto relativo

El umbral de riesgo de pobreza lo fija cada país en el 60% de la renta nacional mediana equivalente, es decir, que está definido en relación al nivel general de prosperidad de cada país y se mide sobre la base de un valor central de la distribución de las rentas (mediana), de forma que no está influenciada por los valores extremos de renta.

Los umbrales nacionales son calculados para la población en su conjunto y se definen en términos de renta equivalente con el fin de tener en cuenta el número y composición de los hogares. Para ilustrar la dimensión relativa de este umbral no hay más que observar los valores monetarios en standares de poder de compra para cada país. Portugal, por ejemplo, sitúa su umbral en el 61% de la media comunitaria, mientras que Luxemburgo alcanza del 173% de ese umbral. La elección del 60% de la renta mediana equivalente es convencional. Tomando otros umbrales (el 40%, 50% y 70%) se observa una gran sensibilidad en los resultados. En el marco de la UE, la probabilidad de exponerse a la pobreza variaba en 1999 entre un 5% y un 23% utilizando los umbrales del 40% y 70% respectivamente.

Distancia mediana sobre el riesgo de pobreza

En 1999 la diferencia ente la renta mediana equivalente de los pobres y el umbral del 60% considerada en % sobre el umbral era del 22% en el conjunto de la UE. Es decir, la mitad de los individuos expuestos al riesgo de pobreza tenía una renta mediana equivalente inferior al 78% del umbral de riesgo. La mayor diferencia estaba en Grecia, España e Italia y la menor en Luxemburgo y Finlandia.

Riesgo persistente de pobreza

La parte de población viviendo con una renta baja durante un período prolongado es muy preocupante, ello explica que esta situación figure entre las medidas aceptadas en Laeken. En 1999 el 9% de la población de la UE estaba en riesgo persistente de pobreza, habiendo percibido una renta equivalente inferior al umbral del 60% en ese año y, al menos, durante dos de los tres años precedentes. Esta media esconde, de nuevo diferencias considerables entre los Estados miembros pues varía desde el 5% en Dinamarca, Finlandia y Países Bajos hasta el 14% en Portugal. En ese año más de la mitad del número total de personas amenazadas de pobreza lo estaban de forma persistente; la proporción era aun más elevada en Irlanda y Portugal.

Modificación del umbral de riesgo de pobreza a través del tiempo

Es interesante calcular las tasas de riesgo de pobreza para un umbral que permanezca estable en términos reales para el período considerado (1996-1999). A estos efectos, se utiliza en ese período el umbral de 1996, ajustado únicamente con la inflación anual. Los resultados de estas tasas señalan que este enfoque no conduce a resultados muy diferentes del de las tasas standarizadas, para la UE en su conjunto, aun cuando la diferencia en algunos países es considerable (Irlanda, Portugal), lo cual sugiere que sobre el período de cuatro años considerado, la renta mediana ha progresado más rápidamente que la inflación en estos países.

El reparto de rentas es más equitativo en algunos países que en otros

Resulta interesante estudiar la posición relativa del grupo de personas con la renta más baja en relación al grupo de personas con la renta más alta. El ratio S80/S20, permite ver esta situación. En cada país esta proporción compara la renta total equivalente percibida por el 20% de la población de mayor renta con la percibida por el 20% de población con renta más baja. En 1999 la media de la UE se establece en 4,6, es decir que la renta del 20% de población de mayor renta es 4,6 veces superior al 20% de población con menor renta.

Por otra parte el coeficiente de Gini permite tener en cuenta el conjunto de la distribución de las rentas. Si hubiese una igualdad perfecta en la distribución el coeficiente sería cero % y si la renta nacional se encontrase en manos de una sola persona sería 100%. En 1999 el coeficiente calculado para la UE alcanzaba el 29%. Los coeficientes de Gini nacionales variaban entre el 23% en Dinamarca y Suecia y el 36% en Portugal.

Efectos redistributivos de las transferencias sociales

Después de abordar el fenómeno del riesgo de pobreza financiera y el reparto de las rentas, es importante evaluar la forma en la que las políticas puestas en práctica contribuyen a apartar a los individuos del riesgo de pobreza. Los datos del PCM permiten estudiar el efecto redistributivo de las transferencias sociales (pensiones de vejez y supervivencia, prestaciones de paro, indemnizaciones por invalidez, subsidios familiares...) y su influencia en la reducción del riesgo de pobreza. En ausencia de todas las transferencias sociales el riesgo de pobreza para la población de la UE en su conjunto, sería mucho más elevado (40% en lugar de 15%). Si de las transferencias se eliminan las pensiones de vejez y supervivencia, considerando que más que una transferencia es una renta a repartir a lo largo del ciclo vital de un individuo, la tasa excluidas las demás transferencias, sería de 24%.

La incidencia de las transferencias sociales, excluyendo las pensiones, sobre las tasas de riesgo de pobreza antes de transferencias en 1999 queda patente en el descenso que se puede observar en las mismas en términos %. Este descenso es muy reducido en países como Italia, España o Portugal y muy pronunciado en Dinamarca o Suecia, lo que sugiere un efecto redistributivo elevado de las transferencias en estos últimos países.

Empleo e inclusión social

La participación en el mercado de trabajo está aceptada generalmente como un importante factor de inclusión social. Además de tener consecuencias en el aspecto financiero, el empleo puede constituir un medio muy importante de participación social y de desarrollo personal, de ahí que cuatro de los dieciocho indicadores traten sobre el empleo.

Paro de larga duración en la Unión Europea

Dado que el empleo es un mecanismo clave para la inclusión social, el paro provoca problemas particulares, sobretodo si persiste durante un período prolongado. La tasa de paro de larga duración (proporción de parados durante 12 meses como mínimo sobre la población activa) en la UE, en 2001 se elevaba al 3%. Esta tasa iba desde el 1% en Austria, Dinamarca, Países Bajos o Luxemburgo hasta el 6% en Italia. Por otra parte existen diferencias muy importantes por sexo, especialmente en Grecia, España e Italia.

La proporción de parados de larga duración sobre el total de parados se elevaba al 41% en la UE (20% en Dinamarca y más del 60% en Italia)

Larga duración significa a menudo "muy larga duración"

El riesgo de exclusión social es mayor cuanto más se prolonga el período de paro, de ahí que se considere importante conocer la tasa de paro de muy larga duración. En 2001, este indicador ha tomado un valor de 2% para la UE en su conjunto; esto quiere decir que el 2% de la población activa llevaba en paro 24 meses como mínimo. Cerca de los dos tercios de la población parada estaba en paro de muy larga duración . Esta situación era prácticamente dos veces más grave para las mujeres que para los hombres en Grecia, España e Italia.

Muchas personas viven en hogares sin empleo

El bienestar de los individuos depende no solamente de su propia situación en el mercado de trabajo, sino también del grado de contacto de su hogar con el mundo del trabajo. Entre otros indicadores que tienen en cuenta la dimensión de empleo para la exclusión social, figura la proporción de personas viviendo en hogares sin empleo y con algún miembro en edad activa (al menos uno de los miembros del hogar no tiene estas características: menos de 18 años, o teniendo entre 18 y24 años está estudiando y es inactivo o es mayor de 65 y no trabaja).

En la UE el 12% de las personas viven en hogares en esta situación en 2001. Las cifras nacionales se inscriben en una orquilla entre el 5% (caso de Portugal) y el 16% (caso de Bélgica).

Cohesión regional

El coeficiente de variación subraya la dispersión de las tasas de empleo a nivel de NUTS2. Para 2001 la cohesión regional más baja está en Italia y España y la más alta en los Países Bajos y Austria.

El 19% de los jóvenes dejan el colegio con un bajo nivel de cualificación

Si el nivel de estudios constituye un factor explicativo decisivo que determina la inserción y la posición en el mercado de trabajo, juega también un papel mayor en la participación social y en el desarrollo personal.

La proporción de personas con bajo nivel de estudios entre el grupo de edad de 18-24 que han salido del sistema educativo es un importante indicador de la eficacia de este sistema, pero también un predictor de la capacidad futura de la sociedad para luchar contra la pobreza y para reforzar la cohesión social. Los datos de la Encuesta sobre las fuerzas de trabajo de 2001 revelan que el 19% de las personas entre 18 y 24 años en la UE no tenían más que un nivel de estudios igual o inferior al 1º ciclo de la enseñanza secundaria (correspondiente a nuestra ESO) y no estaban cursando estudios. Los valores de los Estados miembros oscilaban entre el 10% de Austria y el 45% de Portugal.

Incremento del nivel de estudios

A fin de completar el indicador precedente, se aprobó un importante indicador de stoks sobre el nivel de estudios de la población en edad de trabajar. Se trata del % de personas entre 25 y 64 años teniendo únicamente un nivel de estudios igual o inferior al 1º ciclo de la enseñanza secundaria. Un desglose por tramos de edad de 10 años muestra en qué medida los niveles de estudios generales evolucionan en el tiempo. A nivel de la UE, la proporción de personas formando parte de esta categoría, en 2001 es casi dos veces más elevada para la generación de más edad (55 a 64) que para la generación más joven (25 a 34), lo que hace suponer un incremento neto al cabo del tiempo.

Fuertes variaciones del estado de salud en función de la renta

En 2001 la esperanza de vida de los europeos si situaba, como media, alrededor de los 78 años, variando desde 76 años en Irlanda hasta 80 en Italia y Suecia.

Frecuentemente se admite que la salud y la inclusión social están estrechamente ligadas. La línea entre mala salud y pobreza puede ser interpretada de dos maneras: una mala salud puede conducir a la exclusión del mercado de trabajo y conducir a la pobreza; la pobreza puede engendrar una mala salud, debido a condiciones de vida y de alojamiento precarios o a dificultades de acceso a la atención sanitaria. En ausencia de datos sanitarios objetivos y comparables para las diferentes categorías socioeconómicas, la auto-evaluación del estado de salud permite proceder a un primer examen de este aspecto. Se ha adoptado provisionalmente un indicador de desigualdad sanitaria en función de la renta en el Consejo Europeo de Laeken; se calcula como la proporción de los quintiles de renta inferior y superior de las personas de 16 y más años que se consideran con mala o muy mala salud. Como está en debate la fiabilidad y pertinencia de este indicador no se presentan las cifras en este informe.

Para mayor información consultar en:

Eurostat. Statistiques en bref. Population et Conditions Sociales. Theme 3-8/2003

Eurostat. Statistiques en bref. Population et Conditions Sociales. Theme 3-9/2003



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